martes, 22 de julio de 2008

El Arnau de la casa de Vatutin

Desde que Joaquín Mendoza (Vatutin), con su mujer, decidió regresar a Santo Domingo con su especialidad en cardiología infantil, llamó a su amigo de infancia, Arnau Bros (Puerto Plata, 1943), para que le hiciera su casa en Los Cacicazgos (calle Hatuey no. 47). De modo que cuando llegó en 1974 fue a su casa nueva en su VW blanco y automático.

A principios de los años 70 todavía prevalecía una línea docente apoyada en la relación maestro aprendiz, y eso a pesar de que el Movimiento Renovador impulsó la enseñanza de la arquitectura en una conexión de ciencia y arte con las humanidades. Desde Gai Vega (1924-1999) al mismo Rafael Calventi (La Vega, 1932) se enseñó bajo esa herencia que venía desde el medioevo. Y tuvo sus resultados. Ahora las cosas son distintas. Con razón.

La arquitectura dominicana de los 70 es, desde luego, un reflejo de esos modos en que los profesores transmitían sus experiencias, conocimientos e ideologías. Gai dejó toda una generación de aprendices notables y Rafael una arquitectura residencial de inspiración mediterránea hecha hasta por quienes ni siquiera fueron sus discípulos. En ambos casos el material y el oficio eran esenciales.

En ese tiempo Tavares Industrial publicó un folleto instructivo con dimensiones modulares para edificar usando bloques de cemento. Un estímulo para que Arnau Bros se propusiera, y lograra, hacer la casa de Vatutin sin romper un sólo bloque y que quedaran a vista. Ya antes lo había hecho Cuqui Batista (Santiago, 1925) con Domingo Liz (Santo Domingo, 1931) en la casa del artista (Calle 25 no.30, Molinuevo), pero de otro modo. Como canto al río Ozama.

Arnau se apropió de un paradigma de Gai que buscaba la limpieza, honestidad y claridad en la estructura y desarrolló la casa a la manera de vigas y columnas, pero en otra dirección. Su objetivo era hacer una verdadera casa caribeña, sensible, apoyada en la humildad de los materiales, en la artesanía, en la economía mas absoluta y un estilo de vida soportado por lo vernáculo, el espacio libre y las ventilaciones naturales. Y joder!, de que lo consiguió, lo consiguió.

Desde entonces tenía una fijación, casi enfermiza, por el ahorro de medios y recursos y una relación de armonía con la naturaleza que la lleva en su piel. Debe haber sido uno de los primeros verdes, aún antes de que los verdes existieran. Al menos aquí.

Unos 12 años después, Arnau le completó unas mejoras con el mismo rigor del proyecto original. Ahora la viven unos franceses que la compraron maravillados de que en Santo Domingo pudieran encontrar una casa como esa. Con esa poesía.

La casa de Vatutin viene a cuento porque el domingo pasado, cuando montaba bici con Felipe por Los Cacicazgos, la localicé y aquello fue como una aparición reveladora al verla perfecta (a pesar de la verja y la vegetación) digna y noble, con su mismo color amarillo original, sus salomónicas de aluminio pintado de verde, pero sin su número 47 gigante, a lo supergráfico. Comprendí mi admiración.

Quizás esta pequeña casa, por su propia humildad y modestia, nunca aparezca en ninguna de las historias o guías de la arquitectura dominicana, pero es un ejemplo modélico de una práctica imaginativa y honesta que debería servir de enseñanza.

Así se hizo mucha obra en los 70, con el conocimiento que los maestros transmitían a sus aprendices. Y así lo hizo Arnau Bros. En completa armonía con su vida.

4 comentarios:

Cesar Francisco dijo...

Placido, sin que esto te elimine la inspiración creo que debes ir pensando en la edición de un libro "arquitctura en bici", la manera en que transmite la arquitectura es apasionante.

Leer tu comentarios de la casa de Vatutin es revelador tal como señalas sencilla y modesta. No es malo recordar de vez en cuando esa parte de hacer arquitectura.
La arquitectura es diversidad, desde obras valiosisimas de Zaha o Gehry que son geométricamente complejas, a otras más “simples” en términos geométricos, como las obras de Cuqui (Supermercado Oliva) o Teofilito(Deligne 14-16), o como es incluso esta casa. No creo que la exploración, o la capacidad de conmover que tiene la Arquitectura dependan de la complejidad formal de la obra. "El Arnau de la casa Vatutin

César Curiel

Anónimo dijo...

Tio Pla,

No se quien es Vatutin, ni Arnau, ni conozco la casa, pero estoy de acuerdo con Cesar, es erizante solo el leer el dominio y el nivel de entendimiento que manejas sobre la arquitectura dominicana y ademas la forma de transmitir esas emociones y conocimientos es un verdadero lujo para el lector!

Hace un rato le comentaba a Chilito lo interesante que me parece mantenerme al tanto con el Blog, porque al menos para mi generacion seria casi imposible hacer contacto con edificaciones como esta casa o el Oliva, que tienen cierta importancia a pesar de los años que llevan en pie.

Felicidades una vez mas! el blog es todo un exito!... y por supuesto... un lujo.


Andres E.

Anónimo dijo...

Pla:
Este es uno de los trabajos que más me ha gustado.
Partiendo de la influencia de los maestros dominicanos: Gai Vega, Cuqui Batista, Calventi... no sólo reseñas sus secuelas en los arquitectos posteriores, sino que insertas esa dosis de humanidad,que aporta la relación de casi hermanos (Vatutin-Arnau, Arnau-Pla) lo que convierte tu artículo en atractivo y sumamente didáctico. La alusión la casa de Liz diseñada por Batista es un poema.
jmiller

Antonio M. Diaz dijo...

Excelente trabajo, me enorgullece haber sido compañero de ambos y por supuesto admirador de sus ideas.