miércoles, 30 de julio de 2008

100 Hojas



Tenía años buscando un ejemplar del libro 100 Hojas de Arquitectura que ocupara el sitio del mío desaparecido. Todos los esfuerzos eran en vano. Pero hace unos días, hablando con Cuquito (Moré), salió a relucir el tema -como el gusano- y me sorprendió con la noticia de que tenía dos ejemplares. Me envió uno a título de “préstamo permanente” y a condición de que si desaparecía el suyo tendría que devolverlo. Acepté.

Aunque tengo una colección casi completa de recortes de la Hoja (hasta el no. 126), tener el libro se había convertido en una obsesión. Así que en cuanto lo recibí me pasé dos días releyéndolo minuciosamente. Lo disfruté. Recordé, otra vez, cómo nos mantenía en vilo cada semana sin mancar.

100 Hojas es el registro cotidiano más importante que existe de la práctica y el debate de la arquitectura dominicana de principios de los 80. Una prueba documental valiosa y referencia obligada para cualquier estudio del período. Tiene ese frescor, esa pasión y fuerza arrolladoras, que visto ahora conmueve a cualquiera. Así que cuando se habla, casi siempre en pareja, de Omar Rancier y Emilio Brea y de Nuevarquitecura y su manifiesto de sueños, confieso, hay que quitarse el sombrero. Admiro esa dedicación y persistencia.

Me emocionó volver a leer el prólogo que hice para el libro. Y lo suscribo. Lo comparto aquí como mi único prólogo en la vida. Y también para conservarlo en el blog, por si acaso Cuquito se aparece y me quita el libro.



PROLOGO

Cuando salió la primera Hoja de Arquitectura pensé que el proyecto moriría muy pronto. Estaba casi seguro de que a lo sumo publicarían unas diez hojas... luego se cansarían. Ese presupuesto de fundamentaba en el hecho de que me resultaba difícil detectar en el Grupo Nueva Arquitectura -su patrocinador y editor- una ideología arquitectónica que diera sostén conceptual a las ideas de una arquitectura que significara su propia propuesta.

Al examinar las 100 Hoja de Arquitectura me doy cuenta de lo lejos que estaba en mis dos supuestos. El proyecto se sostiene con firmeza y entusiasmo y, lo mas importante, su propuesta ha sido otra muy diferente a mis expectativas.

La Hoja de Arquitectura tiene tres pilares coherentes con la propia naturaleza y espíritu de quienes la producen. Se basa en la difusión, la polémica y el estudio de las arquitecturas. Si se analizan estas hojas desde esa perspectiva, se advierte que su existencia está ligada a aspiraciones colectivas vigentes en los arquitectos dominicanos.

La temática de la Hoja es tan amplia que mantiene en vilo al lector de arquitectura que espera su salida cada semana.

Su recopilación en este volumen es un esfuerzo editorial reconocible y memorable. Es una colección de acontecimientos -reseñas y debates- destinada a formar parte de la bibliografía arquitectónica dominicana. Revela, ademas, el grado cultural e intelectual en que se desarrolló la práctica arquitectónica en ese período de dos años.

Admito sin pudor mi regocijo cuando salió la Hoja de Arquitectura número cien; me había equivocado. La Hoja de Arquitectura tiene todavía por delante un largo tiempo y el Grupo Nueva Arquitectura mucho que decir.

Es sólo el inicio de la historia. Falta la historia.

P. Piña

Universidad Central del Este (UCE). Vol. LII.
100 Hojas de Arquitectura.
Editadas Semanalmente por el Grupo Nueva Arquitectura. Prólogo de Plácido Piña
Reproducción fascimilar de las aparecidas en el Nuevo Diario del 3 de Mayo de 1982 al 3 de Abril de 1984.
1984, Ediciones Universidad Central del Este. Impreso Editora Taller. Santo Domingo, República Dominicana.

lunes, 28 de julio de 2008

El Roxy, el Conde y Cuqui


Cada vez que pienso en el Roxy pienso en el Conde. El Conde, Condecito, o como el del cuento inédito “Hombrecito” (J. Miller), hizo del Roxy su cuartel general, su centro diletante y de conspiraciones. Si no era quien lo abría, al menos era el primero en iniciar la mañana con una ginebra. Tal vez lo conocí allí, o en otro sitio, pero sí me consta que medió nuestra mutua devoción a Wagner. El Conde era un erudito, renacentista y maoísta, por separado y a la vez. Debe ser allí, a inicio de los 70, cuando me introdujo a la música dodecafónica y era la única persona que he conocido capaz de tararear a Schoenberg. Por eso le cuestionaba en su cara, cómo un rebelde e irreverente pasó de pintor revolucionario a “clasicón” como Colson. Me sonreía. Fue el Conde el que me dijo allí mismo, como un chisme, que el Roxy era de Cuqui Batista (Santiago, 1925). Se lo creí. Con el Conde conocí el zaguán del Roxy.

Entre el Roxy y el Copello, sólo media un edificio “republicano” y menos de 20 años de historia. Dos de las innovaciones que introdujo Guillermo González (1900-1970) en el Copello (1939), un hito de la modernidad en Santo Domingo, fue la eliminación de la vivienda en los pisos superiores y la del gran zaguán. Lo primero pudo ser en detrimento a la habitabilidad de la ciudad, pero lo del zaguán es de una brillantez excepcional. Una tradición reformulada. El mismo Conde penetra al zaguán y ya dentro, en ese vestíbulo lleno de luz, la escalera se asoma y de repente desaparece para luego reinventarse flotando en el espacio. Genial.

El Roxy de Cuqui es de un talante más modesto, pero recupera la habitabilidad de la calle con la mezcla de comercio, oficinas y viviendas. Ese sólo hecho lo hace notable para la ciudad. El mismo Cuqui cuenta sus dificultades en una nota reciente: “La del Roxy en el Conde la fabriqué para Mario Penzo y era de Palamara que vendía casimires en el Conde (esq. Santomé), algo heterogéneo, 3 viviendas con idénticas áreas en 3er nivel, oficinas en segundo y local comercial abajo. Las 3 viviendas parecían imposibles de cuadrar a igual área. Creo que nunca he vuelto a enfrentar una exigencia similar. Eso me valió la amistad de Nani Reyes, quien siempre quiso llevarme a dibujar con él.”

Otra anécdota suya ilustra muy bien la época y la bohemia del Conde “...era un tiempo confuso de mucha actividad y largos tragos, una era concelebrada, como ejemplo, me encontraba en una barra del edificio Copello del Conde y Sánchez, con Alfredo González, hermano de Guillermo, celebrando 6 meses de mareo, algo que no podía igualar en razón a exigencias de clientes. Alfredo y Guillermo tenían su oficina en el segundo piso, que en ese tiempo vendieron a Frank Hatton Curiel...”

El Conde, por más de un siglo fue el lugar al que aspiraron los arquitectos de estirpe para dejar su impronta. Cuqui lo hizo con el Roxy dentro del esquema de ciudad tradicional. Lo recordé cuando leí en estos días un comentario sobre París de Thierry Paquot, filósofo y editor de la revista Urbanisme, "La calidad de vida parisina la hacen su sistema de calles, sus comercios de planta baja, sus cafés con sus terrazas, sus vidrieras... toda una organización que es incompatible con el modo de vida de las torres". Esa calidad de vida la tenía el Conde, el Roxy y también el Copello. Contrario a lo que se cree ahora, vivir bien no es sinónimo de torres.

En el Roxy la acera entra a ras, como perro por su casa, a un zaguán que termina en nada y allí, en el centro, de repente, como el que llega al final para entonces descubrir la vida, aparece una escalinata casi monumental que culmina en el piso de oficinas. Y cuando ya uno imagina que no hay mas pisos, vuelve y aparece otra escalera que lleva a las viviendas después de un recorrido apropiado para recuperar calma y aliento. Una experiencia sensorial inesperada. Y del edificio mismo, ni hablar. Pero que nadie vaya a pensar que es un edificio pretencioso. De eso nada.

El Roxy mantiene las alineaciones colindantes y sus celdas, como en el Oliva, son bien proporcionadas. Los balcones anuncian las viviendas. Hace un giro de esquina con discreta elegancia acentuada por unos relieves que, apuesto con cualquiera, debe ser obra de Domingo Liz. Toda esa dignidad la logra a pesar de que el encargo de Palamara a Mario Penzo era para un edificio modesto y especulativo. Pero para Cuqui no. Para Cuqui era una oportunidad para “inventar”.

En los recorridos en bici que hice con Felipe (Branagan) por la zona colonial (centro histórico), como parte de las “investigaciones de campo” para Santomé 258, de todos los zaguanes que vimos y exploramos, ninguno tiene ese misterio y poética que tiene el del Roxy de Cuqui Batista. Ese zaguán era el del Conde cuando ya no podía mas. Y si pienso en el Conde, también pienso en el Roxy. Como ahora pienso.
Bar Restaurante El Panamericano. El Conde esq. Sánchez.
foto Francis Stopelman suministrada por Omar Rancier

Roxy, relieve. Foto Lowell Whipple

sábado, 26 de julio de 2008

Casa en El Vedado (1)


El Vedado es un desarrollo de clase media alta, bastante consolidado, parte de esa expansión urbana de La Vega que ha urbanizado mucha tierra agrícola de la periferia. El lote es uno de esas raras “cinco esquinas” con vistas culminantes. El programa exigía una integración máxima al terreno, protección y sombras, y espacios y terrazas que fomenten la vida informal expansiva.

El exceso incontrolado y desmedido en el vecindario de una arquitectura figurativa inocua con evidente muestras de superficialidad, alentó a dar un toque de control, mesura y orden que sirva como llamado de atención. Se propone retomar la disciplina y la profesión. Un respiro ante la abrumadora información del entorno.

Se optó por una propuesta abstracta, simple y cuidadosa, que apunte a una complejidad conceptual de ocupación del territorio acentuada por un leve giro. Los espacios, con sus patios privados, se expanden hasta el límite del lote. Se retoma la tradición espacial y social de provincia. Un belvedere acerca las montañas colindantes a la casa y registra el lugar en conexión a una referencia natural y cultural.

La Casa de los Juanes.
El Vedado, La Vega, República Dominicana, 2008


Reseña en Arquitexto No. 71

PROYECTO
P. Piña y Asociados, S.A.
Joel Martínez y Pablo De La Mota, asociados al proyecto
Judith Reynoso y Rocío Marchena, colaboradoras
Pitágoras Saldívar, maqueta


CONSTRUCCION
Julio César Peña y Joel Martínez

Ver

martes, 22 de julio de 2008

El Arnau de la casa de Vatutin

Desde que Joaquín Mendoza (Vatutin), con su mujer, decidió regresar a Santo Domingo con su especialidad en cardiología infantil, llamó a su amigo de infancia, Arnau Bros (Puerto Plata, 1943), para que le hiciera su casa en Los Cacicazgos (calle Hatuey no. 47). De modo que cuando llegó en 1974 fue a su casa nueva en su VW blanco y automático.

A principios de los años 70 todavía prevalecía una línea docente apoyada en la relación maestro aprendiz, y eso a pesar de que el Movimiento Renovador impulsó la enseñanza de la arquitectura en una conexión de ciencia y arte con las humanidades. Desde Gai Vega (1924-1999) al mismo Rafael Calventi (La Vega, 1932) se enseñó bajo esa herencia que venía desde el medioevo. Y tuvo sus resultados. Ahora las cosas son distintas. Con razón.

La arquitectura dominicana de los 70 es, desde luego, un reflejo de esos modos en que los profesores transmitían sus experiencias, conocimientos e ideologías. Gai dejó toda una generación de aprendices notables y Rafael una arquitectura residencial de inspiración mediterránea hecha hasta por quienes ni siquiera fueron sus discípulos. En ambos casos el material y el oficio eran esenciales.

En ese tiempo Tavares Industrial publicó un folleto instructivo con dimensiones modulares para edificar usando bloques de cemento. Un estímulo para que Arnau Bros se propusiera, y lograra, hacer la casa de Vatutin sin romper un sólo bloque y que quedaran a vista. Ya antes lo había hecho Cuqui Batista (Santiago, 1925) con Domingo Liz (Santo Domingo, 1931) en la casa del artista (Calle 25 no.30, Molinuevo), pero de otro modo. Como canto al río Ozama.

Arnau se apropió de un paradigma de Gai que buscaba la limpieza, honestidad y claridad en la estructura y desarrolló la casa a la manera de vigas y columnas, pero en otra dirección. Su objetivo era hacer una verdadera casa caribeña, sensible, apoyada en la humildad de los materiales, en la artesanía, en la economía mas absoluta y un estilo de vida soportado por lo vernáculo, el espacio libre y las ventilaciones naturales. Y joder!, de que lo consiguió, lo consiguió.

Desde entonces tenía una fijación, casi enfermiza, por el ahorro de medios y recursos y una relación de armonía con la naturaleza que la lleva en su piel. Debe haber sido uno de los primeros verdes, aún antes de que los verdes existieran. Al menos aquí.

Unos 12 años después, Arnau le completó unas mejoras con el mismo rigor del proyecto original. Ahora la viven unos franceses que la compraron maravillados de que en Santo Domingo pudieran encontrar una casa como esa. Con esa poesía.

La casa de Vatutin viene a cuento porque el domingo pasado, cuando montaba bici con Felipe por Los Cacicazgos, la localicé y aquello fue como una aparición reveladora al verla perfecta (a pesar de la verja y la vegetación) digna y noble, con su mismo color amarillo original, sus salomónicas de aluminio pintado de verde, pero sin su número 47 gigante, a lo supergráfico. Comprendí mi admiración.

Quizás esta pequeña casa, por su propia humildad y modestia, nunca aparezca en ninguna de las historias o guías de la arquitectura dominicana, pero es un ejemplo modélico de una práctica imaginativa y honesta que debería servir de enseñanza.

Así se hizo mucha obra en los 70, con el conocimiento que los maestros transmitían a sus aprendices. Y así lo hizo Arnau Bros. En completa armonía con su vida.

viernes, 18 de julio de 2008

Viva Santiago!

Hace ya mucho desde cuando hacía paseos en bici por Santiago con los Gomas Anchas. Aunque voy allí cada cierto tiempo (en auto, no en coche) ya ni recuerdo cuándo estuve de noche. Tengo que ir ya. Quiero ver Viva Santiago (2008). Cualquiera sabe que prefiero ver, sentir, disfrutar y comentar la arquitectura en persona, pero esta vez, al menos esta vez, pido indulgencia para hacerlo por fotos. 

Me emocioné cuando vi estas imágenes de Viva en Santiago. La iluminación exterior, por Luminar, es una colaboración de Gina Calventi y su compañero de maestría Alejandro Bulaevski. He visto otros proyectos de Gina, aquí y en el extranjero, y estoy persuadido del alto nivel creativo de sus propuestas. Es, además, un indicativo de que los jóvenes arquitectos y arquitectas están buscando nuevos espacios y especialidades en maestrías bien diversas y nunca antes imaginadas. Eso es hoy un fuerte estímulo para la arquitectura dominicana. El Viva de Santiago es un buen ejemplo.

Las tiendas Viva de Santo Domingo y Santiago son parte de la imagen corporativa que el estudio boliviano Roca+Paz (Oscar Roca y Claudia Paz) ha realizado para Trilogy International y su marca Viva Dominicana. De los dos realizados hasta ahora me quedo con el de Santiago, al menos por su iluminación creativa.

La secuencia de imágenes lo explica mejor. Tendré que ir a Santiago de noche. Aunque sea por Viva Santiago. Es un compromiso.

jueves, 17 de julio de 2008

Moble - Luminar

Lowell.
Con tu permiso, lo publico en el blog. Espero por tu foto que incluya a Luminar e ilustre mejor tu análisis.
Gracias,
Pla

Sobre Moble estaba escribiéndote ayer. Me parece un trabajo interesante de diálogo arquitectónico y comercial, donde conviven dos locales manteniendo su independencia. Trabajo en colaboración de Carlos Jorge y Mariví Bonilla (Moble) y Christian Ricart (Luminar). El antepecho, como pasa en el caso de Boss, se convierte en un marco que trabaja en L para ambos lado y enmarca la vitrina que se comportan como un vuelo sobre el area verde. Las dos pantallas en madera sirven de fondo para el letrero. El lobby o pasarela de la entrada se convierte en elemento integrador. En esa esquina tenemos un espacio que sin muchas pretensiones crea un retiro a la calle manteniendo una franja de area verde y preservando las tabebuias rosadas (Tabebuia heterophylla) existentes en la zona.

El interior de ambos locales de intervención mínima se convierte en un espacio muy agradable y de buen gusto. El otro día revisaba un comentario de Carlos Jorge en tu blog que comentaba como estabas recordando esos pequeños proyectos que formaban parte de nuestra memoria.


P.S. La foto no es mía, la bajé de un blog de bau, cuando vuelva a pasar por Santo Domingo haré unas fotos informales


martes, 15 de julio de 2008

La elegancia de BOSS

Desde principio de año, ya casi listo, pasé varias veces en bici frente a BOSS, Hugo Boss, recorriendo con Felipe diferentes zonas del permisible Polígono Central. Me inquietaba que los interiores no estuvieran listos para conocer el proyecto acabado. Ya lo está.

Finalmente lo visité hice el amaraco de que iba para elegir de cara al próximo día del padre, que aquí se celebra en un disparatado y caluroso final de julio. Entré y me gustó mucho. Es bueno que lo sepa todo el mundo.

La tienda Hugo Boss de Santo Domingo tiene la elegancia y el rigor de corte del que la marca hace gala. Es de un refinamiento contemporáneo, sin estridencia, como nunca antes había visto en los trabajos de Antonio Segundo (Imbert) (Puerto Plata, 1966) y su estudio. Este pequeño edificio es la mejor remodelación que he visitado en mucho tiempo y, aunque nadie lo crea, está hecho sin imbereo ni yuyeo. Todo un logro.

La idea es simple (de Simples), si se piensa que se trata de un box, una caja cerrada a la que se adiciona una super vitrina habitable, como foyer, que le da la escala correcta hacia la Lincoln y el giro adecuado a su condicion de esquina. Aquí la vitrina es para el peatón y para el auto. Y eso si que me gusta.

El gran espacio interior es noble, axial como si fuera un patio, una galería o una nave central, o todo a la vez. Sus grandes lucernarios con vidrios frosty introducen una luz natural suave, casi mística. Estos habrían de convertirse de noche en una linterna magnífica, pero los tubos fluorescentes visibles son contraproducentes al logro espacial.  Reconozco que hubiera preferido una mas estudiada y cuidadosa iluminación nocturna.

Lo que si está cool es el muro verde que le da un toque de sofisticación inesperado a un paisajismo, al fin, contemporáneo. Este Hugo Boss es excelente. Tiene esa elegancia que uno siempre supone a BOSS. Tiene contenido y control.

Nota: Q conste (en la colaboración) 97% la sierva, 2% los mellizos... y un dudoso 1% chilito. A2 (17.07.08)

miércoles, 9 de julio de 2008

El Oliva de Cuqui aún perdura


Gai Vega (1924-1999) creía, y lo decía, que sólo había dos formas de hacer arquitectura. Una, con planos libres como Mies van der Rohe y su Pabellón Barcelona (1929)  y otra con una masa perforada como Le Corbusier y su Villa Savoye (1928). Es posible que esa idea estuviera muy difundida en la práctica dominicana de los años 50. La sentencia de Gai me vino a la cabeza cuando en estos dias, paseando por Gazcue en bici (con Felipe), revisité el Supermercado Oliva de Cuqui Batista (Santiago, 1925).

Suponía que el Oliva era del 1953, y es posible, pero Cuqui lo recuerda en otra fecha, aunque no está seguro. En una nota que le envió a Emilio Olivo hace unos dias, Cuqui narra algunas anécdotas que ilustran su experiencia y dice que “la fecha no la preciso pero la creo entre 1951-1952”. En todo caso es una obra temprana, llena de ideales. Comenta así el proyecto: “Esa casa colmado, tapiado el vidrio frontal y una vivienda encima, nunca he vuelto a verla pero recuerdo su extrema sencillez compositiva en búsqueda dinámica y terminada en el blanco que el clima exige.”. Es probable, incluso, que nunca haya sido blanco, pero tampoco del color actual. Lo recuerdo desde cuando de estudiante acompañé muchas veces a doña Consuelo en sus visitas de compra y tertulia.

El Oliva fue un encargo de vivienda sobre comercio que Edelmiro Velázquez, representante del wisky White Horse, le hizo a M+B, manzano + batista, el estudio que Cuqui tenía para entonces con Alfredo Manzano (1927-1983), quizás el ingeniero calculista mas brillante y un fuerte ideólogo revolucionario. Por mucho tiempo, Cuqui desafió a Alfredo con retos que éste siempre resolvía con sencillez. Como en el Oliva.

Siguiendo la idea de Gai, el Oliva está solucionado a lo Mies. Se trata de una sucesión de planos libres paralelos a las calles sobre un podio a ras de acera a los que superpone una pieza simplemente apoyada, compuesta por unas celdas modulares que contienen la vivienda. Una composicón abstracta y desnuda, como las que se hacían antes con los juegos de pequeños bloques de madera. Desde que se construyó, el Oliva fue una referencia urbana incluso para los carros de concho, que cuando se prolongó el servicio doblaban por la Cayetano. Había que decir "bajando por el Oliva".

El Oliva de hoy está muy alterado en el segundo piso, pero quien lo recuerde seguro que todavía admira sus proporciones, sus balcones y su soluciones sin vigas, con puertas y ventanas hasta el techo. Desde los 50 Cuqui se aferraba a la idea de eliminar dinteles para impedir la acumulación de aire caliente y reducir altura. Y lo consiguió a plenitud en el Oliva.

En Santo Domingo Cuqui Batista construyó mucho y buenas obras. Pero si hay una memorable e imbatible, es esa del añorado Supermercado Oliva que aún perdura. Por donde quiera que se le mire. Y lo hizo al modo de planos libres, con “extrema sencillez compositiva”.

Nota aclaratoria de Cuqui Batista: Creo que el Oliva nunca fue blanco sino gris perla. No recordaba el Oliva los pisos ras techo (sin dintel), creía hasta ahora que la primera era la casita de Francia y Galván, entonces es posible que el Oliva tenga la fecha que tienes. (12.07.08)

martes, 8 de julio de 2008

Deligne 14-16, o la pasión de Teofilito por el dibujo y el detalle

En los años 40 y 50 era frecuente que los arquitectos constructores, casi siempre después de una obra importante, invirtieran en edificios propios que dedicaban a la renta. Así lo hizo Guillermo González (1900-1970) con “El Jaraguita” (1944) y Caro Alvarez (1910-1978) en la calle Los Pinos. Para entonces el objetivo venía apareado de un profundo deseo de manifiesto arquitectónico con un efecto de demostración o credencial que les permitiera posicionarse como buenos arquitectos o hábiles constructores. Aunque la práctiva ha continuado, nunca ha sido tan relevante como entonces.

Cuando Teófilo Carbonell (1925-2001) decidió incursionar en el campo inmobiliario tenía sólo 33 años y dejó en ello su piel y su mejor legado. Lo confirmé el domingo pasado mientras Felipe (Branagan) y yo peinabamos Gazcue en bici. Sus apartamentos de Deligne 14-16 (1958) debería ser, por mucho, su obra mas significativa.

Acabo de ver los planos, en dos “planchas”, de la licencia (4589) del Deligne 14 y me quedé de una pieza cuando observé lo básico del proyecto, y sus dibujos, frente a la riqueza de la obra. Es evidente que esos planos sólo tenían la intención de obtener el permiso de construcción y que la verdadera obra vendría después, cuando realmente se divirtiera dibujando las fachadas, una y otra vez, mientras construía. Ya desde entonces esa fue su característica.

Teofilito tenía una fascinación por el dibujo y, por lo menos hasta mediados los 60, no permitía que nadie, absolutamente nadie, le dibujara los planos. Su arquitectura estaba en el dibujo mismo, en el acto de dibujar-pensar. Sus dibujos son un deleite. Todo era proporciones y luz y sombra. Dibujar era su pasión, así como mantener el filo de sus pantalones fue su obsesión.

Deligne 14-16 es de una tropicalidad moderna pocas veces alcanzada en Santo Domingo y un canto al detalle via el dibujo y la artesanía de la construcción. Lo es también al uso ingenioso de los materiales y a la mas sorpendente aplicación del color como expresión tropical. Cualquiera diría que allí Teofilito lo puso todo, pero lo cierto es que sólo practicó y se entrenó con algunas ideas. Las pérgolas mas sutiles hechas en los 50 están en esos apartamentos. La entrada, una losa roja, delicada, plegadita como una hoja de papel, posada sobre unas pérgolas apenas apoyadas en un tubito colocado libremente, es un detalle de antolología. Un refinamiento y virtuosismo nunca superado. Un lujo.

A Guillermo González se le recuerda por el Hotel Jaragua (1942). A Teófilo Carbonell parece que se le recordará por su Teatro Nacional (1973) o por construir El Faro (1992). Ambos son verdaderos esfuerzos de un constructor entregado de sol a sol y que cuidaba todos los aspectos. Pero sus verdaderas obras de arquitectura, sus aportes más valiosos, son otras muy distintas. Deligne 14-16 es su manifiesto arquitectónico. Su obra emblemática. Un hito.

jueves, 3 de julio de 2008

El Caribe: romper los límites del medio ambiente


Por Andrés Eduardo Sánchez.

La arquitectura, y sus procesos, tiene un notable auge en el mundo digital y se mantiene a la vanguardia junto a las nuevas tecnologías. Los nuevos programas de computación, además deservir como herramienta para hacer un proceso mas rápido, también contribuyen en el desarrollo de ideas que jamás habrían sido concebidas sin la ayuda de una serie de programas que se complementan entre sí para obtener un resultado único.

El tema de tésis de maestría para Pratt Institute, NY, Caribbean-Breaking Environmental Limitations (Caribe-Rompiendo los límites del medio ambiente), está propuesto en Punta Cana e interpretado vía un centro de investigación marina. Para su desarrollo se utilizó un programa de diseño paramétrico, que consiste en diseñar un elemento que dentro de una serie repetitiva tiene la habilidad de cambiar sus parámetros (alto, ancho, largo, etc.) para desarrollar espacios que respondan a distintas condiciones. El elemento diseñado responde, además, a las condiciones climáticas, tal es luz, viento y agua. El programa es el GC - Generative Components

Este tipo de software de diseño paramétrico es sólo un ejemplo entre la amplia variedad de nuevos programas que se utilizan como herramientas de diseño para desarrollar ideas acorde a los cambios ideológicos y tecnologícos en el mundo de hoy.

El concepto para desarrollar la envoltura del centro de investigación marina, es apropiar un elemento de la piel o escamas del tiburón. Su capacidad de mantener una baja fricción con el agua es un tema de estudio e investigación permante. Esta relación tiburón-agua es el punto de interés para desarrollar la relación edificio-aire. A partir de esta idea se genera el elemento y a obtener las reacciones deseadas al cambiar y modificar las diferentes variables. El resultado es la propuesta de un edificio sostenible en el trópico con la capacidad de manipular las condiciones climáticas a su favor para crear espacios habitables memorables y sin necesidad de consumir energía eléctrica.


Caribbean-Breaking Environmental Limitations.
Andrés Eduardo Sánchez (Santo Domingo, 1982)
Tesis para optar al grado de Maestría en Arquitectura. Pratt Institute, NY

ARQUITEXTO
No. 62. julio 2008, p. 22

miércoles, 2 de julio de 2008

Aqua Loft, Juan Dolio (1)


Con el éxito y la experiencia que el Grupo Aqua había obtenido en Aqua Tower (Juan Dolio, 2007) el programa de requerimientos para su nueva inversión, a unos 200 metros al este, se redujo a unos pocos temas básicos y fundamentales. El nuevo proyecto debía tener el máximo permitido de apartamentos de dos dormitorios entre 90 y 125 M2, la mayoría con frente al mar y, de ser posible, mas unidades tipo loft que en Aqua Tower.

El resultado es una propuesta con 42 unidades (entre 89 y 128 M2), el máximo permitido, todos con frente al mar y todos dentro del modelo loft. De ahí Aqua Loft y su impresionante ritmo de adquirientes, aún antes de iniciar la construcción.

En la fase de proyecto, Juan Dolio tenía una normativa de menor densidad y una limitación en altura a seis pisos. El proyecto recurre a una tipología "Slabs" (Sherwood, Roger. Modern Housing Prototypes, 1978) de corredores públicos, muy usada por el Movimiento Moderno desde la L´unité d´Habitation de Marseille (Souilac - Mulhouse, 1950). Este modelo dió lugar a entrepisos de altura y media al mar (siempre manteniendo los seis pisos) y doble altura al norte, en la que se podía insertar una mezzanine o entresuelo (tipo loft).

La unidad tipo “split level”, para los apartamentos mas grandes, tiene doble módulo de fachada y el apartamento mas pequeño, el tipo“duplex” es de un módulo. Las áreas sociales están al sur con terrazas hacia el mar y las habitaciones al norte, frente al boulevard. La sección del edificio es un ensamblaje de ambos tipos de apartamentos alrededor de cada uno de los tres corredores públicos.

Aqua Loft debía tener una lectura distinta, pero asociada a la arquitectura y estilo de vida propuesto por Aqua Tower y el Grupo Aqua. El proyecto se reduce a un bloque simple que exprese su naturaleza y conecte con el lugar y su emplazamiento. Al sur, hacia el mar, todo es vidrio con amplias terrazas de celosías de madera y espacios a la sombra; al norte, desde el boulevard de Juan Dolio, es una pieza abstracta y sólida, casi espartana, de lectura rápida y sin reconocer las unidades o los entrepisos.

Aqua Loft apuesta a una arquitectura tipológica tropical, enraizada en el lugar y con absoluta economía de medios.


Grupo Aqua.
Aqua Loft, Juan Dolio, República Dominicana, 2008 (en construcción)

PROYECTO
Sánchez y Curiel, Arquitectos.
Andrés J. Sánchez y César Curiel, arquitectos
Plácido Piña, asociado al proyecto
Pablo De La Mota y Emilio Olivo, colaboradores asociados

CONSTRUCCION
Sánchez y Curiel, Construcciones