lunes, 25 de agosto de 2008

El invento de la Row House de Johnny

Debe ser en 1961 cuando en Santo Domingo se hizo un desarrollo moderno de casa en hilera -row house- para familias de altos ingresos. Si eso es así, debió ser el de Juan -Johnny- Pujadas (Santo Domingo, 1932) frente a “la universidad” (José Dolores Alfonseca No. 9). A finales de los 50 era un privilegio vivir alrededor de la universidad. Siempre que paso por ahí, en bici con Felipe, imagino su impacto en una sociedad que recién estrenaba democracia y en un tiempo en el que casi nadie había salido del país.

Supe que Johnny Pujadas estudió, al menos el bachillerato, en Estados Unidos y presumía de ser un joven arquitecto al estilo de vida americana. Tenía muy “buena mano”, en el sentido de facilidad para el dibujo. Junto al ingeniero Guillermo Armenteros se aventuró a construir algo nuevo, una row house, y tuvo la ocurrencia de subirle la oficina de la joven firma Pujadas y Armenteros.

Como efecto de demostración, o como aspiración moderna, el mismo Johnny vivió en una de las unidades. Las otras familias eran de jóvenes profesionales que también habían tenido experiencia norteamericana. Jóvenes innovadores y modernos, maravillados por el espacio interior y la ligereza de la escalera flotante. Todavía hay quien recuerda con una sonrisa de niño sus años de socialización y ha regresado a ver si sobreviven los pajaritos que pintó su madre en el patio de la casa. Pero ya nada es igual.

Pujadas y Armenteros extrapoló el concepto a varios desarrollos masivos, en una ciudad que empezaba a expandirse y nuevas capas de la clase media se constituían en mercado con la introducción de las hipotecas aseguradas (FHA). Construyeron casa en hilera en El Portal, Miramar, La Agustina y otros sitios, con un éxito económico explosivo. Sin embargo, nada se acerca, ni en pintura, al encanto o al estilo de este proyecto precursor.

La casa en hilera -row house, terraced house, townhouse o brownstone- se basa en el principio de la repetición. El uso más extendido de la tipología, como se conoce hoy, se remonta a las barriadas de trabajadores en los albores del periodo industrial. Aunque no tenía una connotación positiva, se hizo popular en otros estamentos por sus ventajas económicas y su bondad para promover un sistema de valores en una compleja red de interdependencia; mezclando vivienda con trabajo en planta baja.

El proyecto de Johnny Pujadas, con sus relieves de escala pública, recoge lo mejor de la tipología, y probablemente se convirtió, en los años 60, en un producto que colmaba aspiraciones genuinas de calidad de vida moderna. Aunque se lo trague la tierra, eso tiene un valor entrañable, a pesar de encaramarle su propia oficina. Una idea completamente alocada o inusual, pero que funcionó muy bien. Sin aspaviento.

jueves, 21 de agosto de 2008

Aqua Village, Juan Dolio

Cuando el Grupo Aqua planificó el desarrollo de Aqua Tower (Juan Dolio, 2007) la densidad admitía la construcción de seis unidades adicionales, pero el límite de altura y los linderos establecidos impedía incluirlas en el mismo edificio. El encargo requería completar el total de la densidad que las normas establecían y que disfrutaran, como un sólo condominio, de todas las facilidades de playa, alberca y gimnasio, así como el mismo estacionamiento y controles de seguridad. La propuesta fue construir, al otro lado de la calle, Aqua Village (Juan Dolio, 2008), un proyecto complementario, pero con su propia personalidad.

Aqua Village son seis unidades duplex agrupadas en dos bloques alrededor de una plaza de playa o atrio, en la tipología de cluster, análogo a un poblado -village-. Un modelo de agrupación que se había desarrollado antes en María Fernanda (Santo Domingo, 1985). Las viviendas tienen su propio patio privado y en el techo una terraza jardín, con pérgolas, para fomentar actividades al aire libre. El conjunto se completa con una facilidad comercial en la esquina que actúa como pivote de referencia, y estimula la vida comercial y la socialización de la calle.

La propuesta usa los mismos elementos arquitectónicos de Aqua Tower y Aqua Loft (Juan Dolio, 2008) como un distintivo de su estilo “vivir en la playa”, en armonía con su vecino de enfrente, pero a una escala apropiada a la acera norte de la calle principal del poblado de Juan Dolio. La entrada refuerza la condición de esquina y conecta directamente con la playa, en alusión y reforzamiento al sentido de propiedad de todo el conjunto.
Grupo Aqua.
Aqua Village, Juan Dolio, República Dominicana, 2008 (en construcción)

PROYECTO
Sánchez y Curiel, Arquitectos.
Andrés J. Sánchez y César Curiel, arquitectos
Plácido Piña, asociado al proyecto
Laura De La Mota, colaboradora asociada


CONSTRUCCION
Sánchez y Curiel, Construcciones

lunes, 18 de agosto de 2008

Arquitectos iberoamericanos Siglo XXI


El Banco Nacional de México a través de Fomento Cultural Banamex, A.C. auspició “Arquitectos iberoamericanos Siglo XXI” en el que “la historiadora del arte Louise Noelle ha coordinado una cuidadosa selección de exponentes iberoamericanos que reflejan las tendencias constructivas practicadas por éstos durante los últimos 50 años”. Una edición de verdadero lujo, pero con contenido.

Omar Rancier fue el responsable de los ensayos sobre los arquitectos del Caribe, que también incluyen de Puerto Rico a Segundo Cardona  y Andrés Mignucci. Roberto Segre, en cambio, escribió el texto sobre Gustavo Moré.

Para poner este trabajo en su contexto y significado personal, incluyo dos mensajes que intercambiamos Omar y yo el mismo 11 de abril del 2007, cuando recibí el libro y leí el ensayo. Eso explica el deseo de conservarlo en el blog y divulgar una obra que no ha circulado en el país. También en reconocimiento a Omar.

Omar,
Acabo de recibir el libro vía el Cuco. Me apresuro a contártelo porque he leído el primer párrafo de tu texto y... se me salieron las lágrimas. Todavía estoy así, en ese estado de emoción que sólo las lagrimas pueden expresarlo de manera genuina.
Lo justo es compartir contigo esa emoción ahora, aún antes de seguir adelante.
Estoy impresionao.
Gracias,
Pla
..................
Gracias, Pla, es el mejor elogio que he recibido por decir lo que siento de la obra de un gran arquitecto que me ha brindado, además, el tesoro de su amistad.
Abrazos,
Omar

Ya terminé, Omar. Has escrito el artículo que siempre hubiera querido que alguien, alguna vez, escribiera sobre mi. Y me gusta porque reflejas un conocimiento y admiración íntima con una honestidad aplastante, y la cultura que hacía falta. Que suerte la mía! Y que fortuna leerlo ahora... en blanco y negro.
Como siempre falta algo, solo faltó la foto que te pedí que me hicieras y que nunca salió. Pero está nuestro paseo en Ponce, eso lo compensa.
Estoy realmente feliz. Y quiero que lo sepas.
Pla
...............
Yo también estoy feliz, gracias .
Lo de la foto es una de las anécdotas que atesoro, como el mismo viaje a Ponce.
Abrazos
Omar



La arquitectura a través del conocimiento.


Plácido Piña nació en 1945 en La Vega, un pequeño pueblo capital de la provincia del mismo nombre, al norte de Santo Domingo, preciado por su aporte a la cultura y al deporte dominicano; dos de las pasiones que abrazará el futuro arquitecto al transcurrir del tiempo. Es posible afirmar que su obra se referirá, en ocasiones, a la arquitectura “vegana” que conoció desde niño, aunque él se reconozca mas urbano por haber viajado a los once años de edad a Santo Domingo para estudiar la secundaria, lejos de la vigilancia que el régimen de Leonidas Trujillo sometiera a la familia Piña en su ciudad natal por haber sido su padre parte de un movimiento opositor al tirano. En la capital cultiva un amor por la ciudad como expresión de vida caminando por las calles de Gazcue, un barrio de principios de siglo XX, con casas solariegas, grandes jardines y un arbolado urbano excepcional, y por las calles de la Ciudad Colonial, con sus fachadas urbanas corridas y sus monumentos.

Entra a la carrera de arquitectura de la entonces Universidad de Santo Domingo no por vocación sino por solidaridad con sus amigos que entraban a la Escuela de Arquitectura y se graduó en 1970, luego de un año de trabajar con algunos de los principales arquitectos del pais. Es galardonado con el Premio del Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (Codia) otorgado al mejor estudiante de arquitectura de su generación.

En su formación profesional ha identificado dos grupos de profesores que le dejaron esa pasión por la arquitectura, la historia, las artes y la técnica: un primer grupo, el “Eje Italia”, compuesto por Rafael Calventi, Víctor Bisonó, Manuel Salvador Doi Gautier, de formación italiana, que le trasmiten la noción de la historia y el humanismo como instrumentos de diseño; el segundo, de formación norteamericana, especialmente Fred Goico, de la Universidad de Pennsylvania -la escuela de Louis Kahn-, con quien trabaja entre 1970 y 1971, Él le enseñó el oficio de la arquitectura y la relación del conocimiento técnico con el diseño del espacio arquitectónico, como un sistema integral que hace posible que el edificio funcione. Además, la formación “kahniana” de Goico le proporcionó otra sensibilidad diferente a la clásica europea, una estética trabajada desde el espacio y sus relaciones operativas y técnicas, y la poesía -el espacio y la luz de Kahn- que se desprende de esto.

Esas dos visiones la sintetiza en el periodo de trabajo en la oficina de Rafael Calventi (1972-1977) , quien a pesar de ser el miembro más prominente del “Eje Italia”, había colaborado en las oficinas de Ieoh Ming Pei en los Estados Unidos y por lo tanto compendia las dos aproximaciones. Con Calventi participó en los mas importantes concursos de diseño de la época, en un medio poco dado a los concursos, y ganando el de la sede principal del Banco Central de la República Dominicana, donde colaboró en el diseño del auditorio, uno de los edificios paradigmáticos de la arquitectura de la segunda generación arquitectos modernos dominicanos.

Hacia 1977 fundó su propia firma: P. Piña y Asociados. Ese mismo año ganó el concurso de diseño para el edificio sede del Banco Hipotecario Dominicano (BHD), junto con Harry Carbonell, el que finalmente no se construye porque el banco cambió el sitio original por uno más urbano. No obstante, Piña rediseña el proyecto, el cual responde certeramente al emplazamiento y en el que logra manejar, hacia el interior, la fría escala corporativa con unas vigas que cruzan el gran espacio del lobby, reduciéndolo a dimensiones mas humanas.

Una de las cualidades de Plácido Piña es ser capaz de integrar un pensamiento lúcido y contemporáneo a sus propuestas de diseño. Siempre informado de las vanguardias, su arquitectura ha sido influenciada por estas, sobre todo en el pabellón deportivo del Santo Domingo Country Club (1980), con Harry Carbonell, que enfrenta por primera vez la arquitectura dominicana con la postmodernidad. A pesar de que ha declarado no ser postmodernista “es mejor hablar de actitudes que de estilo”(1) , es quizás el mejor representante de lo postmoderno en su país. Sin embargo, su búsqueda expresada en una serie de obras de excelente factura y apoyada en un pensamiento conceptual muy sólido, ha transitado no sólo por la posmodernidad, sino también por el neoracionalismo en el Edificio BHD y el regionalismo crítico casa de campo La Cuaba,(2)  diseñada con Andrés Yuyo Sánchez y César Curiel, dos miembros de su estudio. Justamente, otra cualidad de este arquitecto es que ha hecho escuela desde el taller de diseño y, en muchas ocasiones, su estudio se ha convertido en un espacio de formación de jóvenes profesionales, en momentos en que las academias de arquitectura dominicanas estaban en retirada conceptual.

Su trabajo ha buscado un ideal caribeño, que se expresa desde una visión de puertas abiertas al conocimiento; es la búsqueda de una arquitectura propia, aunque gusta decir que “la arquitectura dominicana es la que se hace en la República Dominicana”. El conocimiento de la realidad del Caribe Español,(3)  le ha permitido convertirse en el eje de un grupo de arquitectos del Caribe (Fernando Salinas y José Antonio Choy de Cuba, Luis Flores de Puerto Rico, Gustavo Torres en Martinica, entre otros) que han consolidado una arquitectura regional caribeña que supera cualquier posible dependencia a las tendencias primer mundistas.

Las últimas obras de Piña recorren otros caminos y se entroncan con una visión más racional de una arquitectura corporativa que siempre trata de humanizar y un trópico caribeño que pretende interpretar desde la contemporaneidad. Haciendo uso de su erudición, las referencias van desde una versión caribeña de la arquitectura moderna en la Tienda Domus, un prisma puro horadado, hasta el racionalismo de Giuseppe Terragni en la Casa del Fascio en Como, Italia, presente en el Centro Tecnológico del Banco de Reservas. Sus trabajos de acompañamiento a las exploraciones caribeñas de las casas de campo, desarrollados con Sánchez y Curiel, son una muestra de exquisitez arquitectónica que reconocen nuestra cultura, nuestro clima y sus espacios, al mismo tiempo que incorporan unas secuencias espaciales totalmente contemporáneas a la concepción de la arquitectura antillana. Su aproximación a lo urbano se lee en sus emplazamientos, que reconocen el sitio y aportan un valor agregado a la ciudad, como la plaza-jardín de la Tienda Domus, la reafirmación de la esquina en el BHD o la fachada urbana que compone en el Centro Tecnológico Banreservas.



Centro Tecnológico del Banco De Reservas


La propuesta del Centro Tecnológico del Banco de Reservas parte de transformar un antiguo edificio de oficinas estatales emplazado en la avenida Jiménez Moya. El inmueble se localiza al norte del Centro de los Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo, antigua Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, y uno de los centros históricos modernos más importantes del Caribe que aloja algunas de las piezas paradigmáticas de la arquitectura dominicana diseñadas por Guillermo González Sánchez, el arquitecto de la modernidad dominicana. El concepto de esta edificación fue tejer una relación entre La Feria y el antiguo edificio de la CDA, una magnífica pieza neoracionalista diseñada por William Vega y Fernando Ottenwalder en los años ochenta.

La estrategia fue mantener la modulación evidente del edificio de Vega y Ottenwalder y rescatar la continuidad con La Feria en términos de escala, materiales (abandonado por restricciones en el presupuesto) y sobre todo en la visión del racionalismo italiano expresado en las referencias a la Casa del Fascio de Terragni que aparecen desdibujadas en el edificio de la Secretaria de Trabajo, en la Feria. Piña asume esa influencia y la trabaja sensiblemente en la fachada de su edificio; la atempera entonces con el gesto de unir la nueva edificación con el edificio de Vega y Ottenwalder, trabajado por el equipo técnico el Banco de Reservas, con un pórtico que proporciona escala humana al primer plano entre las dos edificaciones; allí sorprende con una alusión al cine, incorporando una serie de monolitos negros que se asocian con el monolito de la cinta de Stanley Kubrick, 2001: Odisea del Espacio y que representa la actitud del hombre frente al conocimiento, quizás el principal tema su arquitectura.

La intención de relacionar este proyecto con La Feria se expresa además con una de las decisiones más controversiales del proyecto: cambiar la arborización existente de por una serie de palmas reales, que no dan sombra en una ciudad donde el sol del trópico golpea fuertemente. La idea subyacente fue la de marcar una transformación en el paisaje que indicara el inicio de la avenida Jiménez Moya, para diferenciarla de la evenida Winston Churchill, su continuación, y de esa manera asociarla con la arborización del Centro de los Héroes.

El proyecto se completa con un edifico de estacionamientos en la parte posterior y con un elemento que contiene todos los equipos técnicos de la institución bancaria; este no es percibido en el diseño, como un ejemplo de la no-expresión de los servicios tecnológicos contemporáneos, digitales y electrónicos, frente a la expresión tradicional moderna de la función propia de la época de la maquina.



La Catalina


El método de trabajo de P. Piña y Asociados se basa en lo que el propio Piña llama un “estudio horizontal”, que permite la participación de todos al mismo nivel y propicia un proceso dual crítico-formativo; esto ha favorecido ese accionar paralelo a las academias en determinados momentos, y admite un ejercicio crítico continuado que se expresa en un enriquecimiento de la producción de los proyectos del estudio. Un ejemplo de este método de trabajo es La Catalina, una hermosa casa de campo situada en una colina que domina una plantación de naranjas en el sitio llamado La Cumbre, sobre la Autopista Duarte que comunica Santo Domingo con la zona del Cibao.

En este proyecto, en el cual participaron los jóvenes arquitectos Yuyo Sánchez y César Curiel, se explora una serie de temas que son recurrentes en Piña: el de la casa de plantación, como generador de una tipología caribeña, y el del claustro cisterciense, como propuesta de ordenación espacial, referido a su desarrollo histórico y tipología conventual, como a su reinterpretación moderna en el Convento de la Tourette de Le Corbusier.

Dentro de una rigurosa cuadrícula de 3 x 3 metros se resuelven todas las relaciones espaciales que articula un patio o claustro conventual dominado por una alberca y donde se comunican todas las dependencias de la casa. Organizadas en una estricta secuencia funcional, se inicia con una entrada de gesto minimalista, dominada por un alto pergolado de madera que nos recuerda alguna de las obras de Luis Flores en Puerto Rico -evidencia de esa conexión caribeña-, que se conecta a uno de los lados del claustro y termina en una dramática perspectiva que se vuelca sobre una impresionante vista de la plantación de naranjas y las montañas en lontananza.

Los detalles la completan: la estructura de madera rigurosamente modulada; la utilización de piedras del sitio que conforman una base que dan continuidad al emplazamiento, el tratamiento de los cuartos de baños, sobre todo el de la habitación principal, que trasciende su utilidad higiénica para convertirse en un mirador privilegiado; y las puertas de pivote central que de nuevo llevan al Puerto Rico de Henry Klumb.

En suma, Plácido Piña ha encontrado su arquitectura a través de una búsqueda en el conocimiento, demostrando la relación entre el intelecto y el accionar de diseño.

Notas.
  1. Omar Rancier, Historia de un Edificio: BHD. Hoja 15 de Arquitectura, El Nuevo Diario. 9 de agosto de 1982; y “100 Hojas de Arquitectura” Grupo Nuevarquitectura Editora Taller, 1984.
  2. Roberto Segre entiende que la Cuaba es la mejor muestra de regionalismo critico en el Caribe.
  3. Ha recorrido en bicicleta, una de sus pasiones deportivas -actualmente es el velerismo- que reivindica el pasado deportivo de su ciudad natal, casi la totalidad de la ciudad de La Habana. Tuve la experiencia de recorrer las calle de Ponce en Puerto Rico con un Plácido ávido de conocer esa arquitectura que se repite, en la ciudad dominicana de San Pedro de Macorís, como Antonio Benítez Rojo en La Isla que se repite, 1998.
Pags. 402-413, tomo II
Arquitectos iberoamericanos Siglo XXI. Introducción Louise Noelle, editora.
2006. Fomento Cultural Banamex, A.C. México.
ISBN 968-5234-52-2 Obra general

miércoles, 13 de agosto de 2008

La Zig Zag

Pla,
Esta es la casa de Maribel y mía. Que te parece?. Queríamos compartirla contigo. Nos quedamos confundidos entre Richard Neutra y Adolf Loos. Pero creemos que es mas bien una casa infill de martillo en Isabel Villas... aunque suene extraño. 
A ver si nos visita un día.
Marcos
................
Marcos,
Quiero ir mañana jueves temprano a tomar un café... a las 7:48am, les parece bien?
Pla

Y así mismo fue. Al día siguiente, rayando, llegué a la Zig Zag (2008) de Maribel (Villalona) y Marcos (Barinas). Una experiencia memorable que deseo contar.

En Isabel Villas (Santo Domingo) casi siempre me pierdo y esta vez no fue diferente. Por suerte tomé una ruta extraña y la divisé a lo lejos, bellísima. La primera impresión con frecuencia es la que perdura. Como pasó. Desde que traspasé el pequeño porche y entré al salón... se me puso la carne de gallina. Si eso ocurre es porque estoy absolutamente cautivado. Y tengo testigos.

La Zig Zag tiene una secuencia espacial preparatoria como sólo la he visto en la obra puertorriqueña de Luis Flores (Cayey, 1940). Se pasa junto a un pabellón para autos, que también será para juegos y celebraciones frente a la calle, con techo ligero, separado por un futuro muro de enredaderas que permitirá intuir el atrio frontal privado (al que se sale desde el salón) y que se disfruta desde el pórtico. Pura magia.

El salón lo es todo. Un gran espacio de esos que crean un estado de emoción y sorpresa. Es el gesto público. Como una plaza que atraviesa al lote. Forma una Z abierta con los dos patios, uno, desde el estar, que vuelve a llevar al frente y otro, desde el comedor, el patio trasero familiar. La otra Z, la cerrada, está completada por la barra de habitaciones a un lado y la de servicios al otro. Y eso es todo.

Maribel y Marcos me contaron las cosas que tienen en mente. También acogieron sugerencias. La alberca la harán al fondo, elevada, con el frente transparente y complementará a la terraza con pérgolas sobre las habitaciones de la niñas. Será el toque final. Aún sin eso, y sin el cenador que habrá al frente sobre el techo del servicio, la Zig Zag es una pieza notable de arquitectura contemporánea en el Caribe.

Casi siempre hay aprensión a las casas propias, sobre todo si son de jóvenes (under 40). Tienden a hacer manifiestos o a ponerlo todo en una sola canasta. La Zig Zag tiene mas de exploración que de manifiesto y está diseñada con absoluto control y madurez. Sin desperdicios. Es para vivir con calma, sin sobresaltos.

Al final de la visita creí que se habían olvidado del café, pero se aparecieron con uno, que desde que sentí la intensidad del aroma, y después lo probé, se me notó ese placer que sólo alcanzan las cosas bien logradas. Con razón, era Blue Mountain. Un verdadero lujo a tono con la Zig Zag de Maribel y Marcos.

Más de una hora después aún tenía el café en el paladar y la Zig Zag en la memoria. Una casa de revista. Pero real.

lunes, 11 de agosto de 2008

Casa Velázquez


Decir aquí Rafael Calventi (La Vega, 1932) es sinónimo de Banco Central. Y no es para menos. El Banco Central (Gazcue, 1978) es su obra cumbre y emblemática. Sin discusión. Lo refresqué hace días cuando busqué, finalmente, el ejemplar que me dedicó del libro “Banco Central: 60 años de historia, arquitectura y arte” (G. Moré, O. Rancier, M. de Tolentino, R. Segre. 2007). Magnífico.

De la obra residencial de Rafael se habla menos y casi siempre se limita a la Residencia Mastrolilli (La Julia, 1977). Pero cuando pasé con Felipe (Branagan) frente a la Casa Velázquez (Calle Bacuí No. 8, Los Cacicazgos. 1978) frenamos la bici en seco. Me costó explicarle, y que aceptara, que esa residencia no era reciente como se empecinaba y porfiaba. Está impecable, perfecta y noble. Hasta el césped se ve bien cuidado.

La arquitectura doméstica de Rafael Calventi merece una monografía propia. Desde su primer trabajo, la casa de los De Castro Goico (Santo Domingo, 1963), un programa para dos familias que luego se convirtió en la residencia oficial del Embajador de Francia, Rafael ha hecho una brillante arquitectura residencial. La Embajada de Francia es una obra en deuda con F. L. Wright y su casa de la cascada Fallingwater (1935) y con el período plano de Le Corbusier. Fue la primera y la única que hizo así. Después serían mayormente mediterráneas.

Esas casas mediterráneas las hizo al mismo tiempo que Piero Sartogo (Roma, 1934), su compañero de estudios, las hacía en Italia con notable reconocimiento editorial. Rafael las construyó en Santo Domingo en un apropiado ajuste y adaptación al trópico y mucha repercusión. Cuando enseñaba Teoría de la Arquitectura hacía hincapié en ese potencial.

Estuve cerca de Rafael en algunas de esas casas y me quedaba boquiabierto con su talento para el detalle, su refinamiento y la persistencia en aquellos aspectos que ni siquiera se veían bien en el rigor de los planos, pero que en obra deslumbraban o daban ese toque humano y sensible imprescindible para que llegue a cautivar. Son casas con un sentido especial de la vida social.

La Casa Velázquez, con sus volúmenes rotundos, marquesina y terrazas en redwood, pequeños patios de filtro y sus gruesos muros en blanco de acabado tirolés, es una obra excepcional. A esta casa el tiempo le ha dado mayor dignidad y elegancia. Y no tiene nada que ver con el Banco Central, salvo su tremenda calidad.

Una monografía de la arquitectura residencial de Rafael Calventi es materia pendiente y sería un valioso registro para aprender de un ciclo de mas de cuarenta años de arquitectura doméstica dominicana. Sería uno de mis libros favoritos, si me lo llegara a dedicar.

lunes, 4 de agosto de 2008

Málaga IV (1)

El proyecto ocupa un lote colindante a otros tres edificios de oficinas del mismo consorcio. El programa requería suplir el máximo de área rentable de oficina, en pisos pequeños, con una cantidad de estacionamientos que sitúen al inmueble entre los mejor servidos de esta zona del polígono central. Además, había que proveer parqueos adicionales a las propiedades existentes independiente del nuevo inmueble. Un relleno urbano (infill) que consolide las propiedades y mantenga las huellas de las regulaciones.

La complejidad de los requerimientos y el ensamblaje de lotes ofreció la oportunidad de plantear “la araña”. El estacionamiento del sótano dará servicio, con un acceso directo, sólo a los edificios 1, 2 y 3, aumentando la capacidad actual. La torre de parqueo de seis niveles, en la parte posterior del lote, tendrá accesos desde el nuevo edificio 4 y conexión complementaria con 2 y 3. Se adoptó una estructura metálica de alma llena para los estacionamientos de modo que permita una construcción independiente sin afectar el uso de los existentes.

El nuevo inmueble retoma el vocabulario de los edificios 2 y 3 para consolidar la imagen de marca Málaga y unifica a los cuatro inmuebles en un conjunto de oficinas independientes, en tres calles distintas, que consolida los servicios comunes, pero separados, de administración, estacionamientos, seguridad, mantenimiento y otros.

La solución propuesta, con una arquitectura honesta, satisface los objetivos del consorcio y preserva la escala urbana apropiada para cada una de las calles sin mostrar sus peculiaridades operativas internas. Trasluce una cierta institucionalidad corporativa.
Ver


Málaga IV. Consorcio Málaga.
Manuel de Js. Troncoso No. 29. Santo Domingo, República Dominicana, 2008 (en construcción)

PROYECTO
P. Piña y Asociados, S.A.
Pablo De La Mota, asociado al proyecto
Judith Reynoso y Rocío Marchena, colaboradoras



CONSTRUCCION
Constructora Heco CxA
Metalúrgica CxA

viernes, 1 de agosto de 2008

Arcoiris Sur en el WAF

A Roberto Rijo (Montecristi, 1963) le tengo profunda admiración. Desde que empezó a ser arquitecto y hacer arquitectura, Rob mostró una pasión y dedicación sorprendentes que junto a su bondad provocan respeto y estima.

En el último paseo en bici por Los Cacicazgos (Santo Domingo), Felipe (Branagan) y yo estuvimos buen rato analizando y estudiando el Ginaka 18, (Caonabo esq. Onaney) que construye al lado de su poético conjunto Villas del Mirador. Incluso hicimos sugerencias entre nosotros.

Desde hace tiempo Rob ha explorado la vivienda colectiva con destreza y consistencia, y con un éxito comercial y de crítica inigualable. Cada vez que visita el taller, con esa sonrisa que no le cabe en la boca, deja el ambiente lleno de entusiasmo. El mismo con el que siempre vive sus proyectos.

Hace unas dos semanas me contó de algunas exploraciones tan fascinantes que tengo los dedos cruzados para que cuajen. Pero hace apenas tres días me envió un e-mail con dos palabras y un paréntesis: estamos contentos (la competencia es fuerte) y desde ese momento abrigo una ilusión adicional.

Su conjunto de viviendas Arcoiris Sur (Av. Colombia, Santo Domingo. 2008) fue seleccionado finalista (shortlist) en el WAF (World Architecture Festival. Barcelona 22-24 Octubre 2008), en categoría vivienda, junto a otras quince propuestas. Ese sólo hecho llena de satisfacción.

Comparto la noticia con alegría y también para balancear mi emoción. Toda mi fe está puesta en Rob y su equipo (Roberto Rijo+arquitectos asociados). Espero su próxima visita por el taller. Su amplia sonrisa.



miércoles, 30 de julio de 2008

100 Hojas



Tenía años buscando un ejemplar del libro 100 Hojas de Arquitectura que ocupara el sitio del mío desaparecido. Todos los esfuerzos eran en vano. Pero hace unos días, hablando con Cuquito (Moré), salió a relucir el tema -como el gusano- y me sorprendió con la noticia de que tenía dos ejemplares. Me envió uno a título de “préstamo permanente” y a condición de que si desaparecía el suyo tendría que devolverlo. Acepté.

Aunque tengo una colección casi completa de recortes de la Hoja (hasta el no. 126), tener el libro se había convertido en una obsesión. Así que en cuanto lo recibí me pasé dos días releyéndolo minuciosamente. Lo disfruté. Recordé, otra vez, cómo nos mantenía en vilo cada semana sin mancar.

100 Hojas es el registro cotidiano más importante que existe de la práctica y el debate de la arquitectura dominicana de principios de los 80. Una prueba documental valiosa y referencia obligada para cualquier estudio del período. Tiene ese frescor, esa pasión y fuerza arrolladoras, que visto ahora conmueve a cualquiera. Así que cuando se habla, casi siempre en pareja, de Omar Rancier y Emilio Brea y de Nuevarquitecura y su manifiesto de sueños, confieso, hay que quitarse el sombrero. Admiro esa dedicación y persistencia.

Me emocionó volver a leer el prólogo que hice para el libro. Y lo suscribo. Lo comparto aquí como mi único prólogo en la vida. Y también para conservarlo en el blog, por si acaso Cuquito se aparece y me quita el libro.



PROLOGO

Cuando salió la primera Hoja de Arquitectura pensé que el proyecto moriría muy pronto. Estaba casi seguro de que a lo sumo publicarían unas diez hojas... luego se cansarían. Ese presupuesto de fundamentaba en el hecho de que me resultaba difícil detectar en el Grupo Nueva Arquitectura -su patrocinador y editor- una ideología arquitectónica que diera sostén conceptual a las ideas de una arquitectura que significara su propia propuesta.

Al examinar las 100 Hoja de Arquitectura me doy cuenta de lo lejos que estaba en mis dos supuestos. El proyecto se sostiene con firmeza y entusiasmo y, lo mas importante, su propuesta ha sido otra muy diferente a mis expectativas.

La Hoja de Arquitectura tiene tres pilares coherentes con la propia naturaleza y espíritu de quienes la producen. Se basa en la difusión, la polémica y el estudio de las arquitecturas. Si se analizan estas hojas desde esa perspectiva, se advierte que su existencia está ligada a aspiraciones colectivas vigentes en los arquitectos dominicanos.

La temática de la Hoja es tan amplia que mantiene en vilo al lector de arquitectura que espera su salida cada semana.

Su recopilación en este volumen es un esfuerzo editorial reconocible y memorable. Es una colección de acontecimientos -reseñas y debates- destinada a formar parte de la bibliografía arquitectónica dominicana. Revela, ademas, el grado cultural e intelectual en que se desarrolló la práctica arquitectónica en ese período de dos años.

Admito sin pudor mi regocijo cuando salió la Hoja de Arquitectura número cien; me había equivocado. La Hoja de Arquitectura tiene todavía por delante un largo tiempo y el Grupo Nueva Arquitectura mucho que decir.

Es sólo el inicio de la historia. Falta la historia.

P. Piña

Universidad Central del Este (UCE). Vol. LII.
100 Hojas de Arquitectura.
Editadas Semanalmente por el Grupo Nueva Arquitectura. Prólogo de Plácido Piña
Reproducción fascimilar de las aparecidas en el Nuevo Diario del 3 de Mayo de 1982 al 3 de Abril de 1984.
1984, Ediciones Universidad Central del Este. Impreso Editora Taller. Santo Domingo, República Dominicana.

lunes, 28 de julio de 2008

El Roxy, el Conde y Cuqui


Cada vez que pienso en el Roxy pienso en el Conde. El Conde, Condecito, o como el del cuento inédito “Hombrecito” (J. Miller), hizo del Roxy su cuartel general, su centro diletante y de conspiraciones. Si no era quien lo abría, al menos era el primero en iniciar la mañana con una ginebra. Tal vez lo conocí allí, o en otro sitio, pero sí me consta que medió nuestra mutua devoción a Wagner. El Conde era un erudito, renacentista y maoísta, por separado y a la vez. Debe ser allí, a inicio de los 70, cuando me introdujo a la música dodecafónica y era la única persona que he conocido capaz de tararear a Schoenberg. Por eso le cuestionaba en su cara, cómo un rebelde e irreverente pasó de pintor revolucionario a “clasicón” como Colson. Me sonreía. Fue el Conde el que me dijo allí mismo, como un chisme, que el Roxy era de Cuqui Batista (Santiago, 1925). Se lo creí. Con el Conde conocí el zaguán del Roxy.

Entre el Roxy y el Copello, sólo media un edificio “republicano” y menos de 20 años de historia. Dos de las innovaciones que introdujo Guillermo González (1900-1970) en el Copello (1939), un hito de la modernidad en Santo Domingo, fue la eliminación de la vivienda en los pisos superiores y la del gran zaguán. Lo primero pudo ser en detrimento a la habitabilidad de la ciudad, pero lo del zaguán es de una brillantez excepcional. Una tradición reformulada. El mismo Conde penetra al zaguán y ya dentro, en ese vestíbulo lleno de luz, la escalera se asoma y de repente desaparece para luego reinventarse flotando en el espacio. Genial.

El Roxy de Cuqui es de un talante más modesto, pero recupera la habitabilidad de la calle con la mezcla de comercio, oficinas y viviendas. Ese sólo hecho lo hace notable para la ciudad. El mismo Cuqui cuenta sus dificultades en una nota reciente: “La del Roxy en el Conde la fabriqué para Mario Penzo y era de Palamara que vendía casimires en el Conde (esq. Santomé), algo heterogéneo, 3 viviendas con idénticas áreas en 3er nivel, oficinas en segundo y local comercial abajo. Las 3 viviendas parecían imposibles de cuadrar a igual área. Creo que nunca he vuelto a enfrentar una exigencia similar. Eso me valió la amistad de Nani Reyes, quien siempre quiso llevarme a dibujar con él.”

Otra anécdota suya ilustra muy bien la época y la bohemia del Conde “...era un tiempo confuso de mucha actividad y largos tragos, una era concelebrada, como ejemplo, me encontraba en una barra del edificio Copello del Conde y Sánchez, con Alfredo González, hermano de Guillermo, celebrando 6 meses de mareo, algo que no podía igualar en razón a exigencias de clientes. Alfredo y Guillermo tenían su oficina en el segundo piso, que en ese tiempo vendieron a Frank Hatton Curiel...”

El Conde, por más de un siglo fue el lugar al que aspiraron los arquitectos de estirpe para dejar su impronta. Cuqui lo hizo con el Roxy dentro del esquema de ciudad tradicional. Lo recordé cuando leí en estos días un comentario sobre París de Thierry Paquot, filósofo y editor de la revista Urbanisme, "La calidad de vida parisina la hacen su sistema de calles, sus comercios de planta baja, sus cafés con sus terrazas, sus vidrieras... toda una organización que es incompatible con el modo de vida de las torres". Esa calidad de vida la tenía el Conde, el Roxy y también el Copello. Contrario a lo que se cree ahora, vivir bien no es sinónimo de torres.

En el Roxy la acera entra a ras, como perro por su casa, a un zaguán que termina en nada y allí, en el centro, de repente, como el que llega al final para entonces descubrir la vida, aparece una escalinata casi monumental que culmina en el piso de oficinas. Y cuando ya uno imagina que no hay mas pisos, vuelve y aparece otra escalera que lleva a las viviendas después de un recorrido apropiado para recuperar calma y aliento. Una experiencia sensorial inesperada. Y del edificio mismo, ni hablar. Pero que nadie vaya a pensar que es un edificio pretencioso. De eso nada.

El Roxy mantiene las alineaciones colindantes y sus celdas, como en el Oliva, son bien proporcionadas. Los balcones anuncian las viviendas. Hace un giro de esquina con discreta elegancia acentuada por unos relieves que, apuesto con cualquiera, debe ser obra de Domingo Liz. Toda esa dignidad la logra a pesar de que el encargo de Palamara a Mario Penzo era para un edificio modesto y especulativo. Pero para Cuqui no. Para Cuqui era una oportunidad para “inventar”.

En los recorridos en bici que hice con Felipe (Branagan) por la zona colonial (centro histórico), como parte de las “investigaciones de campo” para Santomé 258, de todos los zaguanes que vimos y exploramos, ninguno tiene ese misterio y poética que tiene el del Roxy de Cuqui Batista. Ese zaguán era el del Conde cuando ya no podía mas. Y si pienso en el Conde, también pienso en el Roxy. Como ahora pienso.
Bar Restaurante El Panamericano. El Conde esq. Sánchez.
foto Francis Stopelman suministrada por Omar Rancier

Roxy, relieve. Foto Lowell Whipple

sábado, 26 de julio de 2008

Casa en El Vedado (1)


El Vedado es un desarrollo de clase media alta, bastante consolidado, parte de esa expansión urbana de La Vega que ha urbanizado mucha tierra agrícola de la periferia. El lote es uno de esas raras “cinco esquinas” con vistas culminantes. El programa exigía una integración máxima al terreno, protección y sombras, y espacios y terrazas que fomenten la vida informal expansiva.

El exceso incontrolado y desmedido en el vecindario de una arquitectura figurativa inocua con evidente muestras de superficialidad, alentó a dar un toque de control, mesura y orden que sirva como llamado de atención. Se propone retomar la disciplina y la profesión. Un respiro ante la abrumadora información del entorno.

Se optó por una propuesta abstracta, simple y cuidadosa, que apunte a una complejidad conceptual de ocupación del territorio acentuada por un leve giro. Los espacios, con sus patios privados, se expanden hasta el límite del lote. Se retoma la tradición espacial y social de provincia. Un belvedere acerca las montañas colindantes a la casa y registra el lugar en conexión a una referencia natural y cultural.

La Casa de los Juanes.
El Vedado, La Vega, República Dominicana, 2008


Reseña en Arquitexto No. 71

PROYECTO
P. Piña y Asociados, S.A.
Joel Martínez y Pablo De La Mota, asociados al proyecto
Judith Reynoso y Rocío Marchena, colaboradoras
Pitágoras Saldívar, maqueta


CONSTRUCCION
Julio César Peña y Joel Martínez

Ver

viernes, 18 de julio de 2008

Viva Santiago!

Hace ya mucho desde cuando hacía paseos en bici por Santiago con los Gomas Anchas. Aunque voy allí cada cierto tiempo (en auto, no en coche) ya ni recuerdo cuándo estuve de noche. Tengo que ir ya. Quiero ver Viva Santiago (2008). Cualquiera sabe que prefiero ver, sentir, disfrutar y comentar la arquitectura en persona, pero esta vez, al menos esta vez, pido indulgencia para hacerlo por fotos. 

Me emocioné cuando vi estas imágenes de Viva en Santiago. La iluminación exterior, por Luminar, es una colaboración de Gina Calventi y su compañero de maestría Alejandro Bulaevski. He visto otros proyectos de Gina, aquí y en el extranjero, y estoy persuadido del alto nivel creativo de sus propuestas. Es, además, un indicativo de que los jóvenes arquitectos y arquitectas están buscando nuevos espacios y especialidades en maestrías bien diversas y nunca antes imaginadas. Eso es hoy un fuerte estímulo para la arquitectura dominicana. El Viva de Santiago es un buen ejemplo.

Las tiendas Viva de Santo Domingo y Santiago son parte de la imagen corporativa que el estudio boliviano Roca+Paz (Oscar Roca y Claudia Paz) ha realizado para Trilogy International y su marca Viva Dominicana. De los dos realizados hasta ahora me quedo con el de Santiago, al menos por su iluminación creativa.

La secuencia de imágenes lo explica mejor. Tendré que ir a Santiago de noche. Aunque sea por Viva Santiago. Es un compromiso.

jueves, 17 de julio de 2008

Moble - Luminar

Lowell.
Con tu permiso, lo publico en el blog. Espero por tu foto que incluya a Luminar e ilustre mejor tu análisis.
Gracias,
Pla

Sobre Moble estaba escribiéndote ayer. Me parece un trabajo interesante de diálogo arquitectónico y comercial, donde conviven dos locales manteniendo su independencia. Trabajo en colaboración de Carlos Jorge y Mariví Bonilla (Moble) y Christian Ricart (Luminar). El antepecho, como pasa en el caso de Boss, se convierte en un marco que trabaja en L para ambos lado y enmarca la vitrina que se comportan como un vuelo sobre el area verde. Las dos pantallas en madera sirven de fondo para el letrero. El lobby o pasarela de la entrada se convierte en elemento integrador. En esa esquina tenemos un espacio que sin muchas pretensiones crea un retiro a la calle manteniendo una franja de area verde y preservando las tabebuias rosadas (Tabebuia heterophylla) existentes en la zona.

El interior de ambos locales de intervención mínima se convierte en un espacio muy agradable y de buen gusto. El otro día revisaba un comentario de Carlos Jorge en tu blog que comentaba como estabas recordando esos pequeños proyectos que formaban parte de nuestra memoria.


P.S. La foto no es mía, la bajé de un blog de bau, cuando vuelva a pasar por Santo Domingo haré unas fotos informales


martes, 15 de julio de 2008

La elegancia de BOSS

Desde principio de año, ya casi listo, pasé varias veces en bici frente a BOSS, Hugo Boss, recorriendo con Felipe diferentes zonas del permisible Polígono Central. Me inquietaba que los interiores no estuvieran listos para conocer el proyecto acabado. Ya lo está.

Finalmente lo visité hice el amaraco de que iba para elegir de cara al próximo día del padre, que aquí se celebra en un disparatado y caluroso final de julio. Entré y me gustó mucho. Es bueno que lo sepa todo el mundo.

La tienda Hugo Boss de Santo Domingo tiene la elegancia y el rigor de corte del que la marca hace gala. Es de un refinamiento contemporáneo, sin estridencia, como nunca antes había visto en los trabajos de Antonio Segundo (Imbert) (Puerto Plata, 1966) y su estudio. Este pequeño edificio es la mejor remodelación que he visitado en mucho tiempo y, aunque nadie lo crea, está hecho sin imbereo ni yuyeo. Todo un logro.

La idea es simple (de Simples), si se piensa que se trata de un box, una caja cerrada a la que se adiciona una super vitrina habitable, como foyer, que le da la escala correcta hacia la Lincoln y el giro adecuado a su condicion de esquina. Aquí la vitrina es para el peatón y para el auto. Y eso si que me gusta.

El gran espacio interior es noble, axial como si fuera un patio, una galería o una nave central, o todo a la vez. Sus grandes lucernarios con vidrios frosty introducen una luz natural suave, casi mística. Estos habrían de convertirse de noche en una linterna magnífica, pero los tubos fluorescentes visibles son contraproducentes al logro espacial.  Reconozco que hubiera preferido una mas estudiada y cuidadosa iluminación nocturna.

Lo que si está cool es el muro verde que le da un toque de sofisticación inesperado a un paisajismo, al fin, contemporáneo. Este Hugo Boss es excelente. Tiene esa elegancia que uno siempre supone a BOSS. Tiene contenido y control.

Nota: Q conste (en la colaboración) 97% la sierva, 2% los mellizos... y un dudoso 1% chilito. A2 (17.07.08)

miércoles, 9 de julio de 2008

El Oliva de Cuqui aún perdura


Gai Vega (1924-1999) creía, y lo decía, que sólo había dos formas de hacer arquitectura. Una, con planos libres como Mies van der Rohe y su Pabellón Barcelona (1929)  y otra con una masa perforada como Le Corbusier y su Villa Savoye (1928). Es posible que esa idea estuviera muy difundida en la práctica dominicana de los años 50. La sentencia de Gai me vino a la cabeza cuando en estos dias, paseando por Gazcue en bici (con Felipe), revisité el Supermercado Oliva de Cuqui Batista (Santiago, 1925).

Suponía que el Oliva era del 1953, y es posible, pero Cuqui lo recuerda en otra fecha, aunque no está seguro. En una nota que le envió a Emilio Olivo hace unos dias, Cuqui narra algunas anécdotas que ilustran su experiencia y dice que “la fecha no la preciso pero la creo entre 1951-1952”. En todo caso es una obra temprana, llena de ideales. Comenta así el proyecto: “Esa casa colmado, tapiado el vidrio frontal y una vivienda encima, nunca he vuelto a verla pero recuerdo su extrema sencillez compositiva en búsqueda dinámica y terminada en el blanco que el clima exige.”. Es probable, incluso, que nunca haya sido blanco, pero tampoco del color actual. Lo recuerdo desde cuando de estudiante acompañé muchas veces a doña Consuelo en sus visitas de compra y tertulia.

El Oliva fue un encargo de vivienda sobre comercio que Edelmiro Velázquez, representante del wisky White Horse, le hizo a M+B, manzano + batista, el estudio que Cuqui tenía para entonces con Alfredo Manzano (1927-1983), quizás el ingeniero calculista mas brillante y un fuerte ideólogo revolucionario. Por mucho tiempo, Cuqui desafió a Alfredo con retos que éste siempre resolvía con sencillez. Como en el Oliva.

Siguiendo la idea de Gai, el Oliva está solucionado a lo Mies. Se trata de una sucesión de planos libres paralelos a las calles sobre un podio a ras de acera a los que superpone una pieza simplemente apoyada, compuesta por unas celdas modulares que contienen la vivienda. Una composicón abstracta y desnuda, como las que se hacían antes con los juegos de pequeños bloques de madera. Desde que se construyó, el Oliva fue una referencia urbana incluso para los carros de concho, que cuando se prolongó el servicio doblaban por la Cayetano. Había que decir "bajando por el Oliva".

El Oliva de hoy está muy alterado en el segundo piso, pero quien lo recuerde seguro que todavía admira sus proporciones, sus balcones y su soluciones sin vigas, con puertas y ventanas hasta el techo. Desde los 50 Cuqui se aferraba a la idea de eliminar dinteles para impedir la acumulación de aire caliente y reducir altura. Y lo consiguió a plenitud en el Oliva.

En Santo Domingo Cuqui Batista construyó mucho y buenas obras. Pero si hay una memorable e imbatible, es esa del añorado Supermercado Oliva que aún perdura. Por donde quiera que se le mire. Y lo hizo al modo de planos libres, con “extrema sencillez compositiva”.

Nota aclaratoria de Cuqui Batista: Creo que el Oliva nunca fue blanco sino gris perla. No recordaba el Oliva los pisos ras techo (sin dintel), creía hasta ahora que la primera era la casita de Francia y Galván, entonces es posible que el Oliva tenga la fecha que tienes. (12.07.08)

martes, 8 de julio de 2008

Deligne 14-16, o la pasión de Teofilito por el dibujo y el detalle

En los años 40 y 50 era frecuente que los arquitectos constructores, casi siempre después de una obra importante, invirtieran en edificios propios que dedicaban a la renta. Así lo hizo Guillermo González (1900-1970) con “El Jaraguita” (1944) y Caro Alvarez (1910-1978) en la calle Los Pinos. Para entonces el objetivo venía apareado de un profundo deseo de manifiesto arquitectónico con un efecto de demostración o credencial que les permitiera posicionarse como buenos arquitectos o hábiles constructores. Aunque la práctiva ha continuado, nunca ha sido tan relevante como entonces.

Cuando Teófilo Carbonell (1925-2001) decidió incursionar en el campo inmobiliario tenía sólo 33 años y dejó en ello su piel y su mejor legado. Lo confirmé el domingo pasado mientras Felipe (Branagan) y yo peinabamos Gazcue en bici. Sus apartamentos de Deligne 14-16 (1958) debería ser, por mucho, su obra mas significativa.

Acabo de ver los planos, en dos “planchas”, de la licencia (4589) del Deligne 14 y me quedé de una pieza cuando observé lo básico del proyecto, y sus dibujos, frente a la riqueza de la obra. Es evidente que esos planos sólo tenían la intención de obtener el permiso de construcción y que la verdadera obra vendría después, cuando realmente se divirtiera dibujando las fachadas, una y otra vez, mientras construía. Ya desde entonces esa fue su característica.

Teofilito tenía una fascinación por el dibujo y, por lo menos hasta mediados los 60, no permitía que nadie, absolutamente nadie, le dibujara los planos. Su arquitectura estaba en el dibujo mismo, en el acto de dibujar-pensar. Sus dibujos son un deleite. Todo era proporciones y luz y sombra. Dibujar era su pasión, así como mantener el filo de sus pantalones fue su obsesión.

Deligne 14-16 es de una tropicalidad moderna pocas veces alcanzada en Santo Domingo y un canto al detalle via el dibujo y la artesanía de la construcción. Lo es también al uso ingenioso de los materiales y a la mas sorpendente aplicación del color como expresión tropical. Cualquiera diría que allí Teofilito lo puso todo, pero lo cierto es que sólo practicó y se entrenó con algunas ideas. Las pérgolas mas sutiles hechas en los 50 están en esos apartamentos. La entrada, una losa roja, delicada, plegadita como una hoja de papel, posada sobre unas pérgolas apenas apoyadas en un tubito colocado libremente, es un detalle de antolología. Un refinamiento y virtuosismo nunca superado. Un lujo.

A Guillermo González se le recuerda por el Hotel Jaragua (1942). A Teófilo Carbonell parece que se le recordará por su Teatro Nacional (1973) o por construir El Faro (1992). Ambos son verdaderos esfuerzos de un constructor entregado de sol a sol y que cuidaba todos los aspectos. Pero sus verdaderas obras de arquitectura, sus aportes más valiosos, son otras muy distintas. Deligne 14-16 es su manifiesto arquitectónico. Su obra emblemática. Un hito.

jueves, 3 de julio de 2008

El Caribe: romper los límites del medio ambiente


Por Andrés Eduardo Sánchez.

La arquitectura, y sus procesos, tiene un notable auge en el mundo digital y se mantiene a la vanguardia junto a las nuevas tecnologías. Los nuevos programas de computación, además deservir como herramienta para hacer un proceso mas rápido, también contribuyen en el desarrollo de ideas que jamás habrían sido concebidas sin la ayuda de una serie de programas que se complementan entre sí para obtener un resultado único.

El tema de tésis de maestría para Pratt Institute, NY, Caribbean-Breaking Environmental Limitations (Caribe-Rompiendo los límites del medio ambiente), está propuesto en Punta Cana e interpretado vía un centro de investigación marina. Para su desarrollo se utilizó un programa de diseño paramétrico, que consiste en diseñar un elemento que dentro de una serie repetitiva tiene la habilidad de cambiar sus parámetros (alto, ancho, largo, etc.) para desarrollar espacios que respondan a distintas condiciones. El elemento diseñado responde, además, a las condiciones climáticas, tal es luz, viento y agua. El programa es el GC - Generative Components

Este tipo de software de diseño paramétrico es sólo un ejemplo entre la amplia variedad de nuevos programas que se utilizan como herramientas de diseño para desarrollar ideas acorde a los cambios ideológicos y tecnologícos en el mundo de hoy.

El concepto para desarrollar la envoltura del centro de investigación marina, es apropiar un elemento de la piel o escamas del tiburón. Su capacidad de mantener una baja fricción con el agua es un tema de estudio e investigación permante. Esta relación tiburón-agua es el punto de interés para desarrollar la relación edificio-aire. A partir de esta idea se genera el elemento y a obtener las reacciones deseadas al cambiar y modificar las diferentes variables. El resultado es la propuesta de un edificio sostenible en el trópico con la capacidad de manipular las condiciones climáticas a su favor para crear espacios habitables memorables y sin necesidad de consumir energía eléctrica.


Caribbean-Breaking Environmental Limitations.
Andrés Eduardo Sánchez (Santo Domingo, 1982)
Tesis para optar al grado de Maestría en Arquitectura. Pratt Institute, NY

ARQUITEXTO
No. 62. julio 2008, p. 22

miércoles, 2 de julio de 2008

Aqua Loft, Juan Dolio (1)


Con el éxito y la experiencia que el Grupo Aqua había obtenido en Aqua Tower (Juan Dolio, 2007) el programa de requerimientos para su nueva inversión, a unos 200 metros al este, se redujo a unos pocos temas básicos y fundamentales. El nuevo proyecto debía tener el máximo permitido de apartamentos de dos dormitorios entre 90 y 125 M2, la mayoría con frente al mar y, de ser posible, mas unidades tipo loft que en Aqua Tower.

El resultado es una propuesta con 42 unidades (entre 89 y 128 M2), el máximo permitido, todos con frente al mar y todos dentro del modelo loft. De ahí Aqua Loft y su impresionante ritmo de adquirientes, aún antes de iniciar la construcción.

En la fase de proyecto, Juan Dolio tenía una normativa de menor densidad y una limitación en altura a seis pisos. El proyecto recurre a una tipología "Slabs" (Sherwood, Roger. Modern Housing Prototypes, 1978) de corredores públicos, muy usada por el Movimiento Moderno desde la L´unité d´Habitation de Marseille (Souilac - Mulhouse, 1950). Este modelo dió lugar a entrepisos de altura y media al mar (siempre manteniendo los seis pisos) y doble altura al norte, en la que se podía insertar una mezzanine o entresuelo (tipo loft).

La unidad tipo “split level”, para los apartamentos mas grandes, tiene doble módulo de fachada y el apartamento mas pequeño, el tipo“duplex” es de un módulo. Las áreas sociales están al sur con terrazas hacia el mar y las habitaciones al norte, frente al boulevard. La sección del edificio es un ensamblaje de ambos tipos de apartamentos alrededor de cada uno de los tres corredores públicos.

Aqua Loft debía tener una lectura distinta, pero asociada a la arquitectura y estilo de vida propuesto por Aqua Tower y el Grupo Aqua. El proyecto se reduce a un bloque simple que exprese su naturaleza y conecte con el lugar y su emplazamiento. Al sur, hacia el mar, todo es vidrio con amplias terrazas de celosías de madera y espacios a la sombra; al norte, desde el boulevard de Juan Dolio, es una pieza abstracta y sólida, casi espartana, de lectura rápida y sin reconocer las unidades o los entrepisos.

Aqua Loft apuesta a una arquitectura tipológica tropical, enraizada en el lugar y con absoluta economía de medios.


Grupo Aqua.
Aqua Loft, Juan Dolio, República Dominicana, 2008 (en construcción)

PROYECTO
Sánchez y Curiel, Arquitectos.
Andrés J. Sánchez y César Curiel, arquitectos
Plácido Piña, asociado al proyecto
Pablo De La Mota y Emilio Olivo, colaboradores asociados

CONSTRUCCION
Sánchez y Curiel, Construcciones