Mostrando entradas con la etiqueta En bici. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta En bici. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de noviembre de 2010

Jaleo, la tasca de los socios.

Fotos: Laura Paloma

Lo que más entusiasma en la vida es ver a los chicos, o a las chicas, dar sus primeros pasos en arquitectura. Lo he visto más de una vez, muchas veces, y cada vez que ocurre me lleno de alegría e ilusión.

Y me pasa ahora cuando veo la tasca, Jaleo, que han hecho Andrés Sánchez (Santo Domingo, 1982) y César Curiel (Santo Domingo, 1984), los socios. A los socios los he visto de cerca realizar su primera obra juntos y ha sido un déjà vu, como si lo hubiera vivido muchos años atrás, como si pasaran la misma película otra vez. Andrés Eduardo y César Antonio son unos clones. Sin saberlo, sin imaginarlo, sin haberlo visto nunca jamás, hacen las cosas igual a como lo hacían Andrés y César. A tal punto que yo mismo me asombro.

Con esa complicidad de hermanos abordaron el proyecto y la construcción de Jaleo en la Abrahan Lincoln, Santo Domingo. Es una intervención realizada con pulcritud, con limitación de medios y recursos, pero con ideas y propósitos firmes. Preservan casi todo lo existente y se emplean a fondo para transmitir una visión distinta a un restaurante de tapas y platos españoles tradicionales. Una tasca.

Jaleo apuesta a lo contemporáneo de la mano del rojo y negro, con unas ilustraciones murales que parecen salidas del Bolero de Béjart, envuelto en flamenco, vinos y toros. Así afrontaron el encargo, con ciertas notas de picardía. Se metieron en el diseño del menú, la selección de los solitarios y hasta en el arreglo de las florecitas.

En obras, más de una vez pasé en bici con Felipe (Branagan) y más de una vez los encontré entregados al proyecto. Esto también lo había visto antes. Igualito.

La verdad es que me gozo a los socios. Admiro el compromiso y la pasión que han ido desarrollando por la arquitectura. Eso sí, sin dejar la vida. Con ese jaleo hicieron la tasca.

lunes, 3 de mayo de 2010

N+2=CJ



Casi todo el mundo sabe de mi admiración por Carlos Jorge (Santo Domingo, 1955), y no sólo por su humor negro inmaculado, sino también por su arquitectura hecha siempre con paciencia, madurez y sobriedad. Con integridad.

La cuestión es que el domingo antepasado, en uno de esos paseos locos con Felipe (Branagan), con río incluido, y en el que, por mi candidez, casi pierdo la bici, visité el N+2 que acaba de construir Carlos en Agustín Lara No. 47, Serrallés, en pleno Polígono Central de Santo Domingo, y sin sorpresas quedé maravillado.

Lo que hizo Carlos es bien sencillo. En un lote muy grande puso dos edificios independientes sobre una plataforma común de estacionamiento, y con ello redujo la huella y creó un patio al interior como si fuera una plaza. El patio-plaza es una belleza. En otras manos pudo ser dos linderos, pero en N+2 es un espacio comunitario percibido desde la transparencia de la entrada. Alineó los bloques con la inclinación de la calle y desarrolló unas tensiones sutiles con los balcones frontales. Hace la calle habitable. Parece sencillo y lógico, pero requiere sensibilidad y comprensión urbana.

He notado en Carlos unas alusiones recurrentes a la arquitectura que se construyó en Santo Domingo en la década de 1950. ¿Sería porque vivió siempre en una casa de los hermanos González? Talvez. El revestimiento perfecto de alfarería del N+2 rememora Deligne 14-16 de Teófilo Carbonell (1925-2001) y El Yaquito de Nani Reyes (1924-1966). Estos apuntes casi siempre aparecen como comentarios de admiración. De reconocimiento.

Lo otro es el paisajismo. Aquí hay una acotación completamente fresca  que antepone lo público y lo urbano a lo doméstico. Se lo comenté a Felipe y me respondió con esa incomprensible cara de asombro, o de truño, que a veces pone. Y eso, que fue colaborador del proyecto.

Este N+2 de Carlos Jorge trae una propuesta nueva e inteligente a los condominios especulativos, y es un llamado de atención al aburrimiento que está acompañando a la reciente oferta inmobiliaria.

Así que cuando alguien vea el N+2 se dará cuenta de que mi admiración por Carlos Jorge va más allá de ese humor negro del que es dueño y señor.







lunes, 11 de enero de 2010

La biblioteca del Taller

Hasta hace unos días, cuando recibí Unpacking My Library: Architects and Their Books, poco había reparado en la implicación que ha tenido la biblioteca del Taller en el desarrollo de la cultura de trabajo del grupo. Tampoco en su magnitud.

Sin uno darse cuenta, la biblioteca ha adquirido una existencia y personalidad que la hace partícipe de cada conversación. En las discusiones frecuentes se recurre a ella para confirmar o rebatir propuestas, para reforzar puntos de vista o buscar referencias. Tiene una presencia mucho más dinámica que lo que cualquiera pueda suponer. Es, además, soporte teórico e ideológico para una práctica que con los años se ha consolidado.

Aún en bici con Felipe (Branagan) la biblioteca es una referencia para establecer comparables en las conversaciones. Tiene un valor instrumental y complementario, y siempre ha estado abierta a todas las consultas.

Por un buen tiempo la biblioteca fue casi el único contacto con la actualidad y el mundo. Ahora es distinto. La información en la Web es más actualizada, fresca y rápida, pero la biblioteca tiene un alma y un aura fascinantes. Y profundidad. Lo que ha desaparecido del Taller son los catálogos de materiales y productos. El famoso Sweet’s Catalog ya es historia.

Al revisar Unpacking My Library y leer las entrevistas y los libros más significativos que señalan los arquitectos incluidos, noté algunas coincidencias y recordé aquellas obras que de algún modo contribuyeron a conformar un cuerpo de conocimiento esencial. Complejidad y Contradicción en la Arquitectura (R. Venturi), La Arquitectura de la Ciudad (A. Rossi), Vivienda y Cultura (A. Rapoport), fueron estímulos vitales en los años 60. Más tarde From Bauhaus to our House (T. Wolfe) fue una sorpresa deliciosa, y un libro como Genius Loci. Towards a Phenomenology of Architecture (C. Norberg-Schulz), obsequio de Luis Flores, aclaró el camino.

Una biblioteca revela la multiplicidad de intereses y la evolución de las curiosidades. Sirve, también, para compartir descubrimientos y afinidades. En una ocasión un texto de Roberto Segre me sacó una sonrisa cómplice cuando citó a The Bungalow. The Production of a Global Culture (A. King), una obra que creía poco conocida o valorada.

La biblioteca del Taller ha ido creciendo casi de manera natural con el grupo y de algún modo cautiva y enriquece. Ahora, de repente, se muestra en bici. Desempacada.

lunes, 28 de diciembre de 2009

La Vega de las Fiestas

Para las fiestas de fin de año ciudades y pueblos se empeñan en crear un ambiente alegórico que anime la socialización ciudadana. En esto a La Vega nadie le gana.

El esfuerzo y la dedicación de Fausto Ruiz, el Síndico, en valorar el espacio público, los parques y las plazas, tienen un impacto notable en la calidad de vida y la seguridad urbana. En cada viaje lo noto, y hace poco lo confirmé con el "teniente".

Fausto bota la bola para estas Fiestas. Pone cara de niño cuando muestra las fotos, y se emociona al ver a la gente disfrutar las decoraciones.

El pueblo de La Vega celebra su ciudad y sus fiestas como nadie, ya sean de fin de año o de carnaval. Tengo pendiente recorrerla en bici con Felipe (Branagan). Ver a La Vega vestida de fiesta.

Felices Fiestas!





lunes, 26 de enero de 2009

Contenedor o furgón en los bajos de Haina


En los días del paseo en bici con Felipe (Branagan) por los bajos de Haina y Nigua, al oeste de Santo Domingo, acababa de recibir Container Architecture, donde se reseña el desarrollo de una arquitectura, o al menos de un modo de construir, usando el contenedor como si fuera un Lego gigante. En el libro se muestran ejemplos de edificios públicos, vivienda colectiva y proyectos conceptuales hechos con el contenedor como unidad constructiva.

Desde que Malcom Mclean lo introdujo hacia 1956, en la forma en que se conoce hoy, el container ha ocupado la imaginería de arquitectos y diseñadores. Son famosas las obras de Shigeru Ban (Nonadic Museum -NM- y Papertainer Museum -PM-), y en especial la propuesta de LOT-EX para su MDU (Mobile Dwelling Unit). En Santo Domingo, al menos tengo vivo la Furgovilla (1996-2004) de Daniel Pons.

La aplicación que he visto en los bajos de Haina y Nigua está lejos de pretender ser una arquitectura popular con furgón, sino más bien el uso popular del mismo, donde se une la precariedad con el ingenio. Por eso me llamó la atención encontrar tantos ejemplos de empleo del contenedor para proveer facilidades comerciales.

Haina, que pertenece a la provincia San Cristóbal, es lo que se conocería como un distrito industrial. El desarrollo del puerto marítimo, las zonas francas industriales y las instalaciones de producción energética y de refinamiento de petróleo han caracterizado un desarrollo que tiene sus antecedentes en el viejo ingenio azucarero Río Haina (1950). Esa tradición ha conformado una población obrera calificada con altas destrezas y habilidades manufactureras. Quizá el caso más notorio en la República Dominicana.

En estos poblados los domingos son días que generan mucha actividad comercial y de recreación, y la gente vive virtualmente en la calle. Allí, la vía pública es un espacio de integración social. De modo que ver esos furgones abiertos, en plena actividad junto a la acera, es una nota recurrente de interés. Para la gente de Haina -panal de avispas- el furgón es su entorno, su paisaje, y un material de reciclaje capaz de incorporarse como reconversión habitable a sus estructuras existentes.

De lo culto a lo popular, se le llame container, contenedor o furgón, esta unidad sigue siendo un estímulo y un reto; así que encontrarlo en los bajos de Haina y Nigua con usos tan diversos, atrajo mi atención de un modo especial. Eso sí, sin pretender explorar el tema. Se lo advertí a Felipe.

Fotos de Maxi

lunes, 19 de enero de 2009

El Policlínico de Nigua


En 1961, cuando entré a la universidad, José Rincón Mora (Cotuí, 1939) terminaba su carrera. De ese cruce recuerdo la ocasión en que revisando un ejemplar de L'Architecture d'Aujourd'hui, José se acercó al grupo y comentó que todo lo que se publicaba allí era la mejor arquitectura del mundo. Una curiosidad intranscendente, si no fuera porque en ese momento teníamos abierta la revista en las esculturas habitables de André Bloc, su fundador, y con el que parecía identificarse por su propia condición de artista y arquitecto. 

La anécdota la recordé cuando hace unos días, en un recorrido en bici por los bajos de Haina y Nigua, me topé con el Policlínico Nuestra Sra. De Las Mercedes (1989) que José Rincón construyó junto al Leprocomio con los auspicios de la Fundación Domínico-Alemana.

José Rincón ha hecho su arquitectura como una vertiente de la obra plástica y creo que probablemente su primera exploración fue su propia casa (1975), en la residencia de su madre. De ahí en adelante toda su obra está hecha al modo de la arquitectura Pueblo, como se conoce a la arquitectura de adobe característica de Santa Fe, Nuevo México y del Pacífico mejicano de la Baja California. Es posible relacionarla con la del norte de África, pero es más que nada, Pueblo.

El Policlínico de Nigua tiene ese encanto de aparentar ser hecho en adobe, trabajado con las manos y con sensibilidad artística. Esa particularidad única lo convierte en un edificio público, en una institución que representa o inspira una identidad en la comunidad. Su capilla abierta, entregada a todo creyente y creencia apoya esa vocación institucional.

En este edificio se pone de manifiesto la habilidad de José Rincón para manejar la luz y el detalle. Sus ventanas, por ejemplo, son un estudio de las funciones de ventilación, protección e iluminación tratadas con formas y respuestas independientes, pero convertidas en un gesto poético.

Revisitar el Policlínico de Nigua con Felipe (Branagan) me puso en perspectiva y valor una obra especial, hecha con una libertad, pasión y sensibilidad poco frecuentes. Esa inspiración de escultura habitable o arquitectura escultórica relacionada con la terracota, en la que siempre ha estado envuelto José Rincón Mora, y con la que ha desarrollado un vocabulario personal de signos, texturas, detalles y color, lo identifican a leguas y constituye un referente en la arquitectura dominicana.

Fotos de Maxi

jueves, 15 de enero de 2009

Embassy Staircase... la paramétrica


Si hay algo que queda registrado para siempre en la memoria, es el primer proyecto profesional. Sin que tenga que ver la magnitud o trascendencia; en esa primera obra está con frecuencia lo que podría ser una impronta. Y si, además, hay una búsqueda o un logro, queda una satisfacción y estímulo que perduran. Es el caso de Andrés Eduardo Sánchez (Santo Domingo, 1982) y su Embassy Staircase.

Andrés Eduardo recibió el encargo de la Embajada Británica en Santo Domingo para reemplazar la escalera que une las oficinas de la cancillería con las del consulado. Un proyecto sencillo que lo convirtió en una exploración, en experiencia memorable, trascendente. ¡Un lujo!

Lo que era una simple caja de escalera, la transformó en una secuencia espacial llena de sorpresas y elementos cambiantes que crean esa sensación única del significado de ascender o descender y su conexión espacial, sensorial y psicológica.

Cuando se sube apenas se percibe un primer tercio -un diálogo tenso ente escalones y barandillas- y la sensación de que ahí concluiría la experiencia; pero el siguiente tramo, que no tiene nada que ver con la espacialidad del anterior, introduce una nueva verticalidad, para luego girar en paralelo a un último tramo totalmente sorpresivo y dominado por un panel-paramétrico de admirable destreza.

En el segundo piso la escalera desaparece y el vestíbulo queda limitado por el panel-paramétrico que filtra la luz. Bajar, entonces, se convierte en una sensación casi lúdica, con otras sorpresas e incertidumbres, pero esta vez cargadas de una ola expansiva embriagante.

Después de su maestría en Pratt Institute, NY -ver proyecto de tesis en el blog, Andrés Eduardo Sánchez ha estado colaborando en Simples Arquitectura y desarrollando propuestas privadas. Su Embassy Staircase es su primer encargo y está hecho con una propuesta que sorprende y entusiasma. Un buen augurio.

Aunque faltó Felipe (Branagan) y la bici, la Embassy Staircase, cautiva, emociona...

Antes

Después



panel-paramétrico

viernes, 2 de enero de 2009

Al monte en bici


A finales de año, los grupos Gomas Anchas y MTBdominicana organizaron un paseo o “monteo” que llamaron “Río Aguinaldo 2008”, como forma de establecer una fraternidad y camaradería entre diversas generaciones y grupos de ciclistas de montaña. El monteo congregó a más de cincuenta aficionados y fue una experiencia enriquecedora. Mi grupo incluía a Orlandito, Maxi y por supuesto a Felipe (Branagan).

Estoy persuadido que la mejor manera de entender, estudiar y atrapar una ciudad es haciendo recorridos en bici. Sólo o con interlocutores, explorar los espacios urbanos a ese ritmo de desplazamiento abre sensibilidades impensables. Eso me sucede en cada pueblo o ciudad del país que he recorrido y también en lugares tan dispares como La Habana, Boston o la isla de San Martín. Montar en Puerto Rico sigue siendo una asignatura pendiente. El año pasado estuve en un tris de hacer el tour de los cinco boroughs de Nueva York; espero lograrlo este 2009.

Ahora, cuando se atraviesan en bici los caminos y trillos de los campos dominicanos es una experiencia totalmente distinta. Absolutamente. El trillo es un camino muy estrecho abierto entre montes y maleza para el paso de animales y personas, y siempre lo recorro con la sensación de estar en las primeras vías de comunicación que abren las comunidades rurales y el anticipo a cualquier noción urbana que se pudiera derivar.

De modo que cuando me integré a este paseo del domingo 21 de diciembre pasado, estaba preparado para un monteo duro, como lo fue -55 Km. y de ellos 35 por caminos y trillos- pero ni suponía la tremenda alegría y el sentido de solidaridad que encontraría. Los ciclistas de montaña son personas especiales.

El paseo terminó con una comida navideña preparada ahí mismo, en el campo, junto al río El Higüero, y después de un recorrido hermoso que incluyó el cruce de cuatro ríos o quizá el mismo río cuatro veces.

Disfrutar del campo en bici y de la arquitectura vernácula es una experiencia siempre estimulante, pero hacerlo con los Gomas Anchas y MTBdominicana, eso... es lo máximo. Fue un buen final de año que augura muchos otros paseos excitantes para este 2009. Las fotos lo atestiguan.

Tanto la ciudad como el campo son completamente diferentes cuando se recorren en bici. Eso lo garantizo.

Foto de familia (Río Aguinaldo, 2008)

miércoles, 24 de diciembre de 2008

La casa de la Rosa Duarte


Cuando estudié el bachillerato en Santo Domingo en los años 50, el colegio -si tenía buenas notas- me permitía salir los domingos a visitar mis familiares. Mis primos vivían en casas y apartamentos modernos y yo, un chico de pueblo, me quedaba siempre maravillado de lo que era el mundo de la capital. Así conocí algunas obras que ahora son registros históricos y que no hay manera de que me las saque de la cabeza. A veces hasta veo en mis recuerdos la calidad de la luz que penetra desde un patio interior. En ese tiempo caminaba la ciudad todos los domingos.

Uno de mis primos vivía en la calle Rosa Duarte, Gazcue, en un apartamento probablemente de Reid y Reyes; pero al lado había una casa que no sé por qué me cautivó a tal punto que a cada rato  correteaba por su escalera y zaguanes. Ni soñaba entonces que estudiaría arquitectura, pero sé que esa casa me atrapaba.

Ya en la universidad, tuve a Julio Hernández Santelises (Santiago, 1927) de profesor de acústica y clima; me enteré que el mismo Julito había hecho la casa de la Rosa Duarte No.6, no me lo podía creer. Julito era un profesor culto, dedicado y admirado, así lo recuerdo siempre. Años después, trabajando con Rafael Calventi, cruzaba por mis Cremas al colmado al doblar de la esquina y pasaba ratos contemplando la casa. Ahora, Felipe (Branagan) se queda atónito cuando me ve ensimismado cada vez que pasamos en bici frente a ese lugar.

Julito Hernández es uno de los arquitectos de Santiago siempre dedicado al experimento y debe haber sido de los primeros en apasionarse con la prefabricación ligera. Siempre me he preguntado lo que tendría en la cabeza cuando hizo esa casa en 1953, para su padre, el compositor Julio Alberto Hernández.

La casa de la Rosa Duarte es en realidad dos en una y cada una completamente independiente de la otra, pero hecha de tal modo que parece una sola bien grande. Para logralo usó un techo fragmentado que abarca las dos viviendas y que se desplaza y gira para también ser el apoyo de la escalera exterior, englobando una variedad espacial de admirable riqueza. El uso apropiado del calado de cemento -bloques ornamentales- y de la ventilación natural cruzada, evidencia una dedicación especial a los temas tropicales de bienestar ambiental. No se parecía a ninguna otra casa. Una pieza verdaderamente ejemplar.

Mi alegría ahora es que cuando vi en la exhibición Home Delivery la foto del prototipo "House in the Garden" que Marcel Breuer construyó en el MoMA en 1949, vino a mi memoria la casa de Julio Hernández. Que Julito desarrollara un esquema similar en los años autárquicos de la dictadura, me llenó de satisfacción y orgullo.

Así que de algún modo Felipe debe entender mis razones para admirar la casa de la Rosa Duarte.  Cuando un edificio o experiencia urbana se queda en los recuerdos, es imposible deshacerse de ello.



Casa en calle Rosa Duerte No. 6, Gazcue.  Santo Dominmgo, 1953

jueves, 18 de diciembre de 2008

La Casa TES y el New Style (y II)

Residencia Contreras Jorge. Calle República Argentina, Santiago. 1969

A Juan Caminero, se le reconoce humor e ingenio para sacar a flote las situaciones claves que identifican el momento. Johnny inventó eso del "New Style", lo hizo con una propiedad que todos reconocieron, y aquello se regó como pólvora. También inventó lo de “Eje Italia”, un epíteto que estaba muy lejos de denostar y sólo era un código para identificar en la escuela de arquitectura a Rafael Calventi, Víctor Bisonó y a la pareja de Cott y Gautier, todos graduados en Italia. Lo hacía en contraposición a la presencia de Fred Goico formado en USA. A nadie se le ocurriría aclarar que fue idea de Johnny. Todo el mundo lo sabía.

Al año siguente de la Casa TES, en 1969, y como consecuencia de ella, José Antonio Caro Ginebra (Santo Domingo, 1940) construyó en Santiago la Residencia Contreras-Jorge a los padres de Maritica, la dueña de la Casa TES, y con su segunda obra consolidó el New Style. Tony reconoce que “fue diseñada con un programa más cómodo en áreas y costos”, pero donde sigue trabajando “los mismos elementos de diseño, los cuales abandoné después de esta obra pues comenzaron a aparecer en casas por todos lados en la ciudad”.

Estos elementos, los picos, el techo inclinado, el cilindro y las claraboyas, repetidos sin descanso terminaron uniformizando las nuevas casas de Santo Domingo al punto de que "salían solas". Algunos de sus amigos y contemporáneos se afiliaron maravillados al New Style. Y en definitiva fue una contribución a la superación y mejoría de la práctica. El caso más notorio es el de Eduardo Selman, del círculo de Tony. Eduardo había construido poco antes -en Naco- una casa tipo rancho al estilo de House Beautiful, pero rápidamente se distanció de ella y desarrolló una arquitectura residencial de buena calidad con los predicamentos del New Style, incluyendo la suya propia. Y así muchos.

El estilo que proponía la Casa TES apuntaló un tipo de vida vanguardista en una sociedad democrática donde la burguesía empezaba a consolidarse y se configuraban nuevas aspiraciones. La mayoría de los clientes que consumían el New Style eran jóvenes profesionales modernos, cultos y cosmopolitas, que anhelaban mostrar sus propios éxitos. Como consecuencia se acrecentó un inusitado interés en las artes plásticas y en el coleccionismo de arte dominicano. En un momento dado todas las salas tenían pinturas de Ada Balcácer, Peña Defilló, Domingo Liz, Lepe y también de Guillo Pérez y Cándido Bidó. Todo parecía igual. El mobiliario moderno también.

Con la  Casa TES se confirma el hecho de que a veces en arquitectura hay pequeñas obras que marcan un cambio o nuevos rumbos. Aún desaparezcan, queda su huella.

A la distancia, es curioso ver la manera en que en los diferentes períodos las casas de Santo Domingo siempre terminan pareciéndose unas a otras. El modelo de la Casa TES, reforzado por la residencia Contreras-Jorge,  se siguió recreando durante buena parte de la década de 1970, un hecho que ni siquiera el mismo Tony Caro imaginó y mucho menos que sería bautizado por Johnny Caminero como el "New Style". Y que así se quedaría.

Si esta historia no la sabía Felipe (Branagan) es porque conociendo lo empecinado que es podría volverse loco "peinando" Naco en bici tratando de ubicarla. Pero... ya sólo está en la memoria.



Residencia Contreras Jorge. Calle Reública Argentina, Santiago. 1969

lunes, 15 de diciembre de 2008

La Casa TES y el New Style (I)

Casa TES. Santo Domingo. Modelo, 1968

En determinados momentos o períodos, la mayoría de las casas se parecen, tienen el mismo estilo o repiten el mismo modelo. En Santo Domingo eso ha ocurrido siempre de un modo u otro. Y parece que seguirá sucediendo.

Durante la dictadura las casas eran primero casi todas neohispánicas y al final modernas californianas al modo de Neutra. Esos modelos se repitieron tanto que resulta difícil saber si una casa es de Mario Lluberes o Caro Álvarez, o si es de Nani Reyes, Gai Vega o Teófilo Carbonell. Al entrar la democracia, Rafael Calventi sorprendió a todo el mundo con la desaparecida Residencia del Embajador de Francia -antes,  De Castro Goico- (1963) y después, al regreso de su exilio mejicano, cuando implantó las casas mediterráneas a mediados de los años 60.

En la década de 1970, las casas volvieron a parecerse y en la maraña de repetición del modelo y sus variables y reproducciones de repente nadie sabe cómo se inició todo y si existió ese prototipo de referencia. Cuando el prototipo desaparece se hace aún más difícil encontrar el origen de todo, o localizar documentos y testimonios que lo confirmen.

En los albores de los años 70 las casas se llenaron de “picos”, unos techos inclinados con fuertes pendientes a una sola agua, y rápidamente se mezclaron con las mediterráneas. Por si alguien no lo sabía, a eso se le llamó aquí el New Style. Y empezó con la Casa TES de José Antonio Caro Ginebra (Santo Domingo, 1940).

Tony Caro estudió  en Cornell University, en Ithaca, NY, en un momento en que la escena de la  costa este de Estados Unidos la dominaban los New York Five. En Cornell Ulrich Franzen hizo su Agronomy Building (Bradfield Hall, 1968), y la escuela de arquitectura era prestigiosa y actualizada. Cuando regresó al país en 1967, la arquitectura más fresca e innovadora la hacían dos líderes y figuras contrapuestas, Fred Goico y Rafael Calventi, -tecnología vs. humanismo- educados en USA e Italia, respectivamente.

El joven Caro, a los veintiocho años, en 1968, se destapó con su primera obra, una pequeña casa en Naco para su amigo Tomás Eduardo Sanlley y Maritica Contreras, la familia Sanlley-Contreras. De ahí salió la Casa TES que cambió todo. Pero no nace sola, está emparentada con lo que al mismo tiempo exploraba Edward Larrabee Barnes en Righter House -Fishers Island, NY- (1965) con el Shingle Style y Gawthmey and Siegel en su Gwathmey Residence and Studio (1967) a partir del movimiento moderno.

La Casa TES fue construida con estricta economía de medios. Tony cuenta que “estuvo enmarcada dentro del programa de financiamiento FHA que sólo permitía que las viviendas financiadas no excedieran de 125 M2 y de un valor de 15 mil pesos de los cuales financiaban sólo 9,500 pesos” y buscaba "romper el esquema típico de las viviendas".

Los elementos característicos de la casa, como el espacio a doble altura, el techo inclinado, el cilindro de la escalera o las claraboyas de ventilación e iluminación, se reprodujeron como la verdolaga, pero la sustancia, lo verdaderamente innovador, fue ignorado.

Los dos planteamientos esenciales y nuevos eran la estratificación de la secuencia espacial y la implantación en el sitio. La composición era de volúmenes contrastantes, una barra simple para el territorio privado y un cuerpo desprendido y alto para lo público. Todo era distinto. Ni pensar que se entraba por la sala, el ingreso se hacía por un pequeño vestíbulo -entre dormitorios y cocina- el que se atravesaba para llegar al gran salón con doble puntal y mezzanine. La vida social se volcaba a los jardines frontales, en un Naco planeado como ciudad jardín.

Cuando Johnny Caminero vio el impacto de la Casa TES y que aquello se regaba como si nada, dijo “ese es el New Style”. Así lo bautizó y nacía entonces una nueva moda de casas a partir de un modelo. Otra vez.





Casa TES. Calle Tetelo Vargas esquina Silvestre Aybar y Núñez, Naco. Santo Domingo, 1968

lunes, 8 de diciembre de 2008

El Instituto del Libro


En 1956, a los once años, mi familia me envió de La Vega a Santo Domingo a estudiar el bachillerato en el Colegio De La Salle buscando una mejor educación, pero en realidad quedaba claro y establecido que Arturo, mi padre, quería evitar a toda costa que fuera adoctrinado por la dictadura. Lo logró sin mucho esfuerzo. Así fue como llegué a la capital. El antecedente viene al caso porque en los últimos años que hice en el Colegio La Milagrosa, en la Ciudad Colonial, entré en contacto con un lugar que me pareció el mundo más fascinante y democrático que podía suponer: el Instituto del Libro.

Me doy cuenta que era demasiado para un chico que venía de provincia. Los hermanos Escofet (José y Manuel) habían creado un espacio lleno de magia. Eran unos catalanes republicanos amables y paternales que acostumbraban a orientar a uno sobre las mejores o más convenientes lecturas. Animado por mi profesor de literatura, Rafael Lara Cintrón, y por la cercanía, pasaba horas deleitado con unos libros que se podían examinar sin restricción e incluso leerlos allí mismo.

La librería tenía un salón amplio con mesas que mostraban las novedades y paredes enormes forradas de libros hasta el tope. Al fondo, un salón abierto servía de sala de lectura donde podía uno pasar el rato leyendo sin obligación de comprar. Cincuenta años después las librerías modernas funcionan de esta manera. Luego, ya en la democracia y con la pasión por la arquitectura a cuestas, frecuentaba ese rincón de mis asombros en busca de los últimos títulos de arte y arquitectura. Era mi contacto con el mundo.

El Instituto del Libro lo hizo José A. Caro Álvarez (1910-1978) a inicios de los años 50. Es un edificio medianero de uso mixto, con comercio abajo y dos pisos de apartamentos arriba. Pero lo más notable es su conducta y escala pública, su relación con la ciudad, ese vacío que crea junto a la acera y la gran altura al frente con la entrada retirada a modo de zaguán abierto y una vitrina que parece flotar. De antología.

El edificio se afilia al período plano del racionalismo arquitectónico de la primera modernidad; muy correcto, de detalles sutiles, resuelto con sencillez, pero con ingenio y fuerza. Un día, hacia el final de mis estudios universitarios, descubrí algo en su fachada que me dejó atónito. Sus balcones tienen una especie de cortinas en bloques de vidrio curvos que parecen estar a medio abrir o a medio cerrar. Una ocurrencia tan particular y atrevida que siempre me saca mi mejor sonrisa. Hasta ese momento nunca había visto bloques de vidrio curvos y menos usados de esa manera, como si fuera una cortina de cabaret. ¡Alucinante!

En el Instituto del Libro vi a don José Antonio por última vez. Era una tarde de otoño del 1977, cuando lo encontré en medio de una animada conversación con los Escofet y al verme interrumpió un minuto para contarme lo mucho que le había gustado la propuesta del BHD. Eso lo tengo fresco en mi memoria.

Cada vez que hago un recorrido en bici por el centro histórico paso un rato contemplando el Instituto del Libro y tengo la impresión de que cuando Felipe (Branagan) me nota tan embobado piensa que estoy "explotado" y falto de potasio. 

A veces me imagino allí como el chico que enviaron a estudiar a la capital y quedó perplejo cuando vio el mar, pero también me veo descubriendo la pasión por la lectura en aquel lugar de ensueño y lleno de magia creado por los hermanos Escofet.




Instituto del Libro. Arzobispo Nouel No. 258, Santo Domingo.