martes, 20 de octubre de 2009

Luis Flores. Arquitecto



Luis Flores.
El Arquitecto y su Oficio
Por Plácido Piña y Emilio Martínez

Lo más relevante en la arquitectura es su capacidad de trascender, y la obra de Luis Flores trasciende el lugar, el espacio, la memoria y la cultura puertorriqueña.

Una arquitectura asentada en el trópico, en lo caribeño y en la tipología como un hilo conductor que analiza lo recurrente y lo reinventa con una sustancia conceptual que convierte lo cotidiano en una nueva estrategia de diseño.

En esa persecución sin descanso de una arquitectura que supere las limitaciones de los recursos, Luis Flores entrega una obra que es ejemplo de lo más significativo de la cultura puertorriqueña en el Caribe, desarrollada en un contexto cada vez más riguroso en la esencia y las características de la región donde está arraigada.

El análisis de las tipologías que dan sustento a la obra de Luis Flores revela el bagaje intelectual y cultural en que se fundamentan sus ideas. Su configuración, basada en precedentes locales, regionales e históricos, alimenta el desarrollo de nuevas concepciones tipológicas que le permiten reinterpretar la realidad, la cultura y la historia del pueblo de Puerto Rico. De ahí que la repercusión que tiene su arquitectura en el contexto regional, va más allá de unos propósitos locales y de la propia naturaleza limitativa del programa de los encargos.

La notable síntesis ideológica de su obra temprana de investigación sirve de sostén a su obra madura y más representativa: se le puede llamar la ideología de lo grandioso, de lo significativo, de lo trascendente, lo público y lo colectivo, y se fundamenta en una humanística de raíces genuinamente nacionalista.

Un estudio detallado de su obra pone de manifiesto la apropiación de unas estrategias de diseño siempre consistentes, guiadas por su “sentido de sitio o lugar” o el genius-loci de su obra. Ubicar y contextualizar la obra arquitectónica se logra de varias maneras, dependiendo del programa y el área de emplazamiento, pero siempre hay que reconocer la esencia del lugar. En los casos del Balneario El Tuque y el Cementerio de Aguas Buenas, la estrategia utilizada es la de crear ese contexto necesario para el desarrollo de la obra arquitectónica, emplazadas en ambos casos en extensiones de terreno rurales, no urbanizados y sin un entorno definido.

En el caso de El Tuque, el acotamiento del paisaje se logra con un muro de contención que crea un espacio interior-exterior y que por medio de taludes hechos de vegetación, disipa su impacto. De esta manera, crea todo un espacio controlado donde puede ahora insertar el programa. En el Cementerio de Aguas Buenas, el mismo elemento de muro delimita el antiguo cementerio y sirve a su vez para crear el nuevo recinto funerario contra el cual se ubican nuevos nichos y la capilla, como pieza central, con su referencia histórica a la iglesia parroquial del pueblo perdida hace años.

La intervención de centros urbanos se define a través de otra estrategia, como sucede con las terminales de carros públicos de Ponce, Río Piedras y Dorado. La tarea aquí es la del reconocimiento e integración de los elementos que forman e informan ese contexto urbano, a la obra arquitectónica. El programa requerido por estas instalaciones es uno muy extenso en areas, por lo que la manipulación de escalas y vocabulario arquitectónico es imprescindible, de manera que aminore el impacto que estos desarrollos puedan tener en la trama de la ciudad. Igualmente, la integración de las circulaciones del tejido existente a la obra arquitectónica establecen la pertenencia de esta última a la urbe.

Una característica a destacar en la obra de Luis Flores es el espacio y su secuencia. Sirviéndose del muro para definir un espacio, el usuario entra al recinto de las piscinas de El Tuque por medio de un túnel que se crea al interrumpirse el talud sembrado del exterior. Una vez traspasado este umbral, se percibe el recinto desde una perspectiva cuasi bi-dimensional, donde el único elemento vertical que se destaca es la torre mirador. Enseguida se vislumbra una invitación de ascenso que permitirá reconocer, desde esa otra mirada, la totalidad de la obra. La secuencia que presenta la torre es particular en el sentido de que en cada tramo de ese ascenso se niega la perspectiva que se busca, y a su vez obliga a apreciar el paisaje del que se procede. No es hasta que se llega al último nivel de la torre, que sorpresivamente se revela el objetivo del ascenso: las piscinas y el recinto interior de El Tuque.

La manipulación de las secuencias espaciales logra influenciar un emplazamiento en la misma forma y medida que el programa arquitectónico. Con las terminales de transportación, la resolución de las circulaciones peatonales y vehiculares y su continuidad y conexión con el resto de las circulaciones de la ciudad, es lo que define en gran medida la disposición del espacio interior.

En las terminales de transportación se beneficia al peatón dándole preferencia a su movilidad, espera y encuentro con el vehículo de transporte a abordar. En la Terminal Oeste de Dorado, una circulación peatonal bisecta el proyecto de manera que se logra una conexión entre dos vías urbanas que quedan separadas por una diferencia topográfica significativa y un bloque urbano muy extenso. En Río Piedras se utiliza una estrategia similar para solucionar problemas de circulación aún más complejos donde los condicionantes, que no son únicamente topográficos sino también multidireccionales, se resuelven tanto con el espacio interior como con los volúmenes exteriores.

En el Parque del Turabo la secuencia espacial obedece a un esquema diferente, pero con igual peso en favor del ser humano ante la máquina. En la escala ascendente de la montaña, se abandona el carro en la cota más baja, quedando éste oculto bajo un manto de vegetación, y se asciende inmediatamente a una plaza definida por un muro que obra como la fachada del parque. Desde este lugar se perciben de inmediato las opciones para el disfrute del parque, quedando establecida claramente la Terminal de la Telesilla, instalación de importancia en la continuidad del ascenso hacia la cima de la montaña.

La contextualización de la arquitectura suele darse por lo general en el campo de lo físico, pero en la arquitectura de Luis Flores este gesto existe también en el ámbito de lo cultural. Es una arquitectura que evoluciona partiendo de las tradiciones. Basa sus propuestas en una metodología rigurosa de investigación y análisis, que lo llevan a recrear la tradición con novedosos matices. De esta forma recuerda la iglesia parroquial del pueblo en el Cementerio de Aguas Buenas, perdida años atrás y replanteada aquí en sus rasgos más característicos. De igual manera, en el Parque de Bombas de Dorado utiliza cerámica en el recubrimiento de la fachada, un elemento peculiar de ese pueblo que puesto aqui en piezas en rojo y negro (colores emblematicos del Parque de Bombas de Ponce) marca una doble referencia al quehacer arquitectónico puertorriqueño.

La incursión de Luis Flores en los temas de lo puertorriqueño y, en su contexto más amplio, de lo caribeño, es una de las aportaciones y legados más relevantes de su obra arquitectónica. Utiliza y pone “en-vogue” una gama de elementos tropicales como las pérgolas, ventiladores, techos a dos aguas, aleros, trellises y ventanas de celosias, que colocan su obra en verdaderas latitudes tropicales. Integra estos elementos, que se encuentran en múltiples expresiones en la arquitectura vernácula caribeña, y los utiliza con gran maestría en su obra.

En la Residencia Flores en Ocean Park, pequeña casa “bungalow” que remodeló para su familia, se exponen a manera de resumen todos los elementos de la composición arquitectónica de la obra anterior, retomados con el carácter de lo doméstico propio de una casa unifamiliar. La forma en que se apodera de los patios es un reconocimiento al cambio en la zona, de suburbana en sus orígenes en los años de 1930, a la condición urbana actual. Esta recuperación del patio frontal transformado en uno interior valiéndose de elementos tropicales como apergolados y retículas de madera y reja, ayudan a la ampliación de la casa dentro de las restricciones de la propiedad. Estos son los rasgos recurrentes que hacen alusión a todo un vocabulario arquitectónico vernáculo.

La nueva secuencia espacial que se impone en la casa de Ocean Park, muestra una complejidad de lecturas enriquecedoras del lugar. La sala-comedor, centrada como espacio principal de la casa, se jerarquiza por el doble puntal que, a su vez, sirve de lucernario. Lo articula el típico “medio punto” que permite y define a la vez la doble lectura del mismo. Las distintas opciones de circulación a su alrededor, aportan a la variedad de secuencias espaciales que aparecen en la estructura. Transformar así una estructura, sin haber perdido ningún rasgo arquitectónico importante y mantener la escala tanto de la casa como del lugar, es una contribución significativa al pensar y al hacer arquitectura en Puerto Rico.

Luis Flores es la figura de referencia más importante en la arquitectura contemporánea de Puerto Rico y el Caribe. Su obra incorpora y refleja la búsqueda incesante de una arquitectura con arraigo en los valores de la cultura y la historia de su pequeña isla en la región caribeña. Una obra profunda que trasciende y eleva a lo más noble y significativo la cultura del pueblo de Puerto Rico.





Tomado de
Luis Flores. Arquitecto
Colección Catálogos de Arquitectura. 2009
ISBN 0-9841614-0-6

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas felicidades Luis, ayer tuve la oportunidad de pasarle la vista al libro me encanto el recorrido

PeNéLopE dijo...

Luis es y ha sido uno de los refrentes contemporáneos de la arquitectura del caribe. El recoger sus aportes en un libro es un reconocimiento a su calidad como arquitecto y como ser humano.
Así mismo el ensayo de Placido y Emilio descubre una manera nueva de ver la arquitectura de Luis.
Un abrazo a Luis desde esta media isla convulsa y felicidades a Pla y a Emilio por tan bello texto.
Omar