domingo, 30 de marzo de 2014

Biblioteca Casa de las Américas


FUNDAMENTACIÓN CONCEPTUAL DEL PROYECTO
El proyecto que presentamos hoy, mantiene en sus esencias los mismos principios que originaron la propuesta del proyecto ganador del Concurso Visión 3.


• La torre y el concepto del “thesaurus”.
Uno de los componentes relevantes del conjunto, es la torre que almacena los fondos bibliográficos de la Casa de las Américas. Este elemento arquitectónico, esbelto y de trece plantas, se ha concebido como un cofre o “thesaurus” que guarda, a la manera de los templos griegos, los tesoros más importantes de la espiritualidad de una cultura dada. De esta manera, este elemento se convierte en una de las metáforas más importantes del nuevo proyecto.
La envoltura de la torre es de un alto valor simbólico, se ha diseñado con dos tipos de pieles. La primera, es un límite funcional que define y protege los locales de almacenamiento de los fondos bibliográficos; la segunda es una envolvente ventilada en acero cortén, que además permite el refrescamiento de la piel interior. Este segundo límite se ha diseñado como lámina perforada por múltiples formas tipográficas, que forman nombres, en homenaje a los principales intelectuales y artistas de América Latina. Para hacer esta obra artística se ha invitado como colaborador al artista y escultor José Villa Soberón, de amplio prestigio en el panorama cultural y artístico del país.
• La entrada y el vestíbulo concebidos como un gran jardín.
Para cumplir con las regulaciones urbanísticas de El Vedado, como ya se ha mencionado, el vestíbulo que conecta las dos casas patrimoniales de Línea y G y de G y 9, se ha diseñado como un gran jardín cubierto. El mismo se separa de las dos casas laterales para respetar el concepto de lotificación del barrio y la proporción del lote, manteniendo la elegancia de la estructuración de El Vedado.
El vestíbulo conector se proyecta como un espacio transparente y vegetal, que es consecuente con las características del barrio en cuanto a la presencia de jardines y áreas verdes y a la permeabilidad de las manzanas urbanas.
• El arte como expresión de la riqueza del patrimonio cultural que atesora la Casa de las Américas.
Además de la envolvente artística de la torre de almacén, se ha concebido en el vestíbulo jardín un cubo de vidrio suspendido sobre la vegetación, elaborado como una gran escultura contemporánea. Este cubo de vidrio, de seis metros de lado, guarda una representación de la colección Premios de la Casa de las Américas, elaborado artísticamente, tal como se ve en las imágenes. Este cuerpo estará iluminado con las técnicas de LEDS y funcionará como una gran lámpara símbolo del tesoro bibliográfico y espiritual que guarda la Casa. 


DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO

Consecuentes con el programa elaborado para el concurso Visión 3 y enriquecido por la actualización de criterios técnicos funcionales, presentamos esta solución de proyecto que igual a la propuesta que le dio origen, plantea la creación de un conjunto funcionalmente coherente, a partir de la intervención en las dos casas existentes, sin afectar la individualidad de las mismas y su imagen como exponente importante de la arquitectura de El Vedado.
Este complejo funcional se compone de tres partes principales:

3.1 Casas existentes.
Indagando en los valores patrimoniales específicos de cada una de las casas, podemos afirmar que ambas poseen un valor arquitectónico indiscutible en el contexto de su ubicación. Situadas en la Avenida de los Presidentes, una de las principales de El Vedado, contribuyen a la imagen ejemplar del urbanismo que prestigia este sitio y a la Ciudad de La Habana.
La propuesta de remodelación respeta la imagen arquitectónica y la estructura funcional de las dos casas. En la casa de G y 9 se han eliminado adiciones de etapas posteriores a la construcción original que afectaban notablemente sus proporciones y sus detalles decorativos. Se propone rescatar en su remodelación la calidad de su diseño de origen, sus detalles artesanales, así como el uso de materiales que poseen un buen envejecimiento.
Para alcanzar las superficies necesarias del programa sin afectar el equilibrio del conjunto, se han ubicado en sus cubiertas dos volúmenes que ocuparán locales de ampliación, muy retirados de sus líneas de fachada y con acabados en paneles de aglomerado de madera, cubiertas metálicas y cierre de vidrios compatibles con el resto del diseño de las partes nuevas.


3.2 Vestíbulo de entrada.
Ubicado en los terrenos intermedios de lo que fueran los laterales de estas edificaciones, se propone la construcción del vestíbulo de entrada a la biblioteca a través de un elemento conectivo.
Este espacio es uno de los componentes más importantes de la nueva edificación. Como se ha expresado se sitúa entre las dos casas como módulo de conexión y entrada principal a la biblioteca. Es un espacio cubierto muy abierto al exterior, no climatizado artificialmente, que se ha limitado hacia el jardín exterior, con louvers horizontales y cierres parciales de vidrio que permiten la ventilación natural y la comunicación del jardín exterior al interior. Mantiene la imagen de los lotes originales al expresarse como un espacio desmaterializado y subordinado a la tectónica de las casas aledañas.
Alineado a las dos casas existentes, separándose lateralmente de las casas 1.20m de ancho, resalta la individualidad de cada lote. Se ha diseñado para este espacio una gran cubierta que vuela sobre la línea de fachada, haciendo clara referencia a la regulación mandatoria de El Vedado, que obliga a las edificaciones a enfrentarse a la calle mediante una franja de cuatro metros de portal.
Como elemento emblemático de este espacio se propone la instalación de un cubo de vidrio, suspendido a tres metros del suelo, contiene en su interior un conjunto volumétrico de material translúcido “como paquetes de libros” referencia al patrimonio bibliográfico de la Casa de las Américas. Este cuerpo cuelga de la estructura principal de la cubierta y está formado por aristas y perfiles en acero y cierres de vidrio.
Solamente bajo él y a la entrada de la recepción se considera climatización artificial, como forma de ser consecuente con los requisitos técnicos que exigen la conservación en adecuadas condiciones de los libros: La temperatura a la que se almacenan los libros en la torre sólo puede ser sobrepasada por dos grados en las áreas donde éste entra en contacto con el usuario. La solución de cierre para la climatización del cubo flotando en el espacio, se ha propuesto mediante cortinas de inyección de aire.
Al fondo de este vestíbulo se encuentran la recepción y los accesos: hacia la derecha al catálogo digital y hacia la izquierda a los ascensores que dan acceso a los tres pisos de las casas y al café literario en el piso trece de la torre.
Ha contribuido a este diseño el aprovechamiento de la orientación de su fachada principal (Noreste) que por un lado permite eludir el asoleamiento en las horas críticas del día combinando a la vez la incidencia de la brisa diurna.





3.3 Edificio para conservación de los fondos “thesaurus”.
Aunque se han considerado espacios de reserva de almacenamiento en la ampliación del tercer nivel de las casas existentes; se ha diseñado especialmente para este fin un edificio de trece niveles, no expresados al exterior, sobre una planta rectangular. Es en el conjunto, uno de sus componentes fundamentales, cuyo diseño toma como referencia la imagen del “thesaurus”, pequeño edificio que guardaba los tesoros más preciados de los recintos rituales helénicos. La necesidad funcional de regular la entrada de luz natural en estos espacios dedicados a la conservación de los fondos, permitió crear un cuerpo cerrado, protegido con una envolvente o piel ventilada, que lo protege térmicamente. La iluminación natural será controlada mediante pequeñas aberturas, casi siempre cerradas al exterior, ya que los ambientes de luz natural son nocivos para la conservación de los fondos bibliográficos.
Su expresión exterior está ligada al resto del conjunto por el uso de paneles de apariencia de madera y el acero cortén como materiales de acabado.
El conjunto final, surge del criterio de considerar la imagen acabada, como un diálogo equilibrado entre lo nuevo, como acción contemporánea no impositiva, y lo patrimonial que distingue la singularidad de lo preexistente. 



BIBLIOTECA CASA DE LAS AMÉRICAS
CASA DE LAS AMÉRICAS Y MINISTERIO DE CULTURA
AV. DE LOS PRESIDENTES ENTRE LINEA Y 9
EL VEDADO. LA HABANA. CUBA

PROYECTISTAS PRINCIPALES
ARQ. JOSÉ ANTONIO CHOY
ARQ. JULIA LEÓN
ARQ. ADRIANA CHOY
DI. ANTONIO VILLAR

ARQ. ALEXIS SILVA

EQUIPO DE ARQUIETCTURA
ARQ. RAFAEL ALEAGA 
ARQ. SANDRA BECERRA 
ARQ. ISLAY MARTÍNEZ

ARTISTA INVITADO
JOSÉ VILLA SOBERÓN

sábado, 8 de marzo de 2014

¿Quién puede pensar con una cocina atada a la cintura?

Hoy, en el Día Internacional de la Mujer, rindo homenaje a dos mujeres extraordinarias, Clara Leyla Alfonso y Susana Torre. Y, con ellas, a las mujeres dominicanas que buscan su espacio en la arquitectura.



2B/TEMAS
SusanaTorre
¿Quién puede pensar con una cocina atada a la cintura?
Especial para HOY
Lunes 19 de junio de 1989


Su actividad fundamental es el diseño, y en su exitosa carrera profesional SusanaTorre ha diseñado desde muebles hasta ciudades porque a su natural parecer “tenemos que cambiarlo todo”

Otorga una alta prioridad al trabajo intelectual, a la imaginación creativa, y desearía que las mujeres descubran “la posibilidad de pensar a todos los niveles posibles…” pero reconoce que tal y como han estado tradicionalmente organizados los roles sociales y familiares, a la mujer se le ha hecho poco menos que imposible dedicar energías a pensar e imaginar creativamente. “¿Quién puede pensar con una cocina atada a la cintura?”

SusanaTorre es una arquitecta argentina radicada en Nueva York, donde ha desarrollado una intensa y brillante carrera. A tal punto, que es una de las pocas mujeres que es preciso incluir cuando se nombran diez de las figuras mas sobresalientes en la arquitectura contemporánea en Estados Unidos. Y para llegar ahí, ha debido imponer su talento, venciendo la doble condición de latina y mujer, en un medio en el que solo por ello estaba condenada a un segundo plano.

La práctica profesional de la mujer y los muy diversos obstáculos que se le oponen constituye una constante en el trabajo de Susana Torre. No bien se asentó en Nueva York, organizó una exposición que atrajo poderosamente la atención de la prensa especializada tanto por su tema como por su montaje. Recopiló y expuso las obras y proyectos de las mujeres arquitectas en Estados Unidos desde principios de siglo hasta nuestros días, evidenciando de manera incontrastable las múltiples formas de marginación profesional que banalizan su ejercicio.

Conocía algunas obras de Susana Torre a través de reseñas en revistas internacionales de arquitectura. Recordaba la remodelación del antiguo Schermerhorn Hall, hoy Wallach Fine Art Center, en la Universidad de Columbia, Nueva York; las Dos Casas Silo (Two Silo Houses) en Poundridge, Nueva York; la "Clark House" una casa a partir de la remodelación de un establo construido en1910 en Southampton, Long Island, y la estación de bomberos en Columbus, Indiana, conocida como Pastorale, un trabajo atractivo e interesante. Experimentaba entonces un cierto gozo interior aquella noche en que conocí a Susana Torre, invitada por Omar Rancier y Emilio Brea a una íntima cena de bienvenida en un pequeño y bullicioso restaurant de Gazcue. Mas bien pendulaba entre la incredulidad y el gozo, tratando de encajar esta mujer sencilla y conversadora, con la imagen de una arquitecta famosa.

Y allí estaba esa mujer, que había viajado a Santo Domingo por menos de 48 horas con el único propósito de apoyar este grupo de jóvenes arquitectos dominicanos empecinados en proyectar el trabajo de su sector profesional, contando anécdotas de una anterior visita suya, cuando vino a realizar un proyecto de vivienda que nunca se terminó. De esa época en que vivió en una barriada de la capital, guarda intacto en su memoria su encuentro con la madera dominicana y el trabajo de sus artesanos, junto al recuerdo de un singular maestro de obra que la traía de desconcierto en disgusto con sus peculiares métodos de trabajo.

Escuchándole, me asaltó el impulse de acercarme mejor al ser humano, a la mujer. Y fue así como al día siguiente nos reunimos para una entrevista en su hotel. De inteligencia aguda y sonrisa fácil, Susana Torre habla directamente, con la mirada puesta en los ojos de su interlocutor. Una mirada de ojos vivaces, en que a ratos descubría intensos destellos de luz, chispeantes como sus ideas y sus anécdotas. Nuestra conversación, que abordó básicamente la mujer y la práctica de la arquitectura, transcurrió antes sendas tazas de café, como si fuéramos dos viejas amigas, en una atmósfera que sólo su carácter afable y llano tuvo el mérito de propiciar, enmarcando la fluida exposición de sus ideas en el frescor de la brisa del patio interior cuajado de plantas que lograron amortiguar el fragor lejano del tránsito que nos circundaba.

CLARA LEYLA ALFONSO: Eres una mujer arquitecta con mucho éxito y respeto en el ejercicio profesional. ¿Cómo ha sido en tu experiencia este ejercicio, y qué observaciones haces a la situación de la mujer en la práctica de la arquitectura?

SUSANA TORRE: La arquitectura ha sido tenida por mucho tiempo como una actividad que necesita de una dedicación extraordinaria. Es decir, se entiende que la arquitectura no es solamente una profesión, sino una vocación, y que aquellos que están dispuestos a dar lo mejor, deberán hacerlo más allá de los límites del tiempo que circunscribe un empleo normal.

Ahora, la situación de las mujeres con respecto a esta condición es muy diferente a la del hombre. Una mujer, tanto en los Estados Unidos como en nuestros países de América Latina, no solamente puede ser profesional, sino que además tiene que ser esposa y madre y administradora del hogar. Eso agrega automáticamente un número increíble de horas al día laboral, limita las posibilidades que las mujeres tienen de ejercer su vocación de una manera más amplia y abierta como tienen los hombres, que no tienen este tipo de responsabilidad.

Yo creo, entonces, que hablar del problema del trabajo de la mujer en cualesquiera de las profesiones, pero sobre todo en arquitectura, es una discusión que debe integrar, automáticamente, el análisis del rol que la mujer y el hombre tienen, de la manera en que se dividen el trabajo, que tiene que ver, simplemente, con funcionar como seres humanos y como familia. Yo creo que se va a poder hablar de una igualdad al reconocimiento del trabajo de la mujer, de una igualdad de oportunidades en las profesiones -y en la arquitectura- cuando podamos hablar de una igualdad en la manera en que se comparten las responsabilidades de la vida cotidiana y de los hijos.

En tiempos prehistóricos, por razones de supervivencia muy objetivas y muy duras, las mujeres y los hombres se dividieron las esferas de acción. Las mujeres representaban la continuidad de la vida y por lo tanto se quedaban en lugares establecidos cuidando de los niños y los ancianos, y al mismo tiempo también, creando la agricultura y la arquitectura, porque las primeras arquitectas fueron las mujeres; las primeras viviendas independientes que se fabricaron, fueron hechas por las mujeres, no por los hombres. De su parte, los hombres eran los que se encargaban de ir a cazar, o de conseguir alimentos, en un contexto bastante peligroso pues implicaba mucha lucha y mucho sacrificio.

Lo curioso, lo que parece ser pensado es cómo, después de tantos miles de años, desde este momento en que se produjo esta división de las responsabilidades y de los dominios, se establece el dominio privado, de la casa; el dominio público, del mundo exterior. Cómo, habiendo hecho tantos adelantos, que hemos conquistados (no completamente) con grandes penurias la posibilidad de alimentarnos, de construir viviendas, de agua potable, de educarnos; cómo, a pesar de avances tecnológicos y científicos que han mejorado y cambiado la condición de vida humana tan radicalmente, esta división de las responsabilidades todavía existe, se mantiene desde aquello días. Y es una cosa curiosa porque estamos hablando de una persistencia desde la época prehistórica hasta nuestros días.

CLARA LEYLA ALFONSO: Pero evidentemente que no se trata de algo simplemente curioso, trivial. ¿Qué indicaría este curso histórico, cómo lo evaluarías?

SUSANA TORRE: Indicaría que hay ciertos intereses invertidos en que las cosas no cambien. ¿Por qué? Yo creo que uno debe deducir, racional y lógicamente, que hay un grupo que se está beneficiando del trabajo del otro grupo. Podríamos ver esto en términos políticos más grandes, o sea, quizás en términos de una política internacional donde hay ciertos países que se benefician del trabajo y la mano de obras de otros países, donde se pueden producir ciertas cosas porque la mano de obra es barata. De la misma manera se puede decir que no hay mano de obra más barata que la de la mujer (en el trabajo doméstico) porque no cuesta nada, a nivel del trabajo de manutención que requiere la vida cotidiana. Es un trabajo que objetivamente, en términos de horas, demanda mucho tiempo, y es un tiempo que no se puede dedicar igualmente a las actividades del pensamiento intelectual, del diseño, en fin, de todas esas cosas.

El trabajo doméstico es un trabajo que roba mucho todo el vigor físico, es un trabajo extenuante. Después del trabajo doméstico, al término de una jornada, es imposible dar el salto y dedicarse al estudio o al trabajo intelectual… Bueno, la filósofa alemana Hana Arens escribió un libro muy increíble que se llama “La Condición Humana” y en este libro ella identifica los tres mundos en que la condición humana se realiza, y tiene ciertos nombres específicos para estas cosas.

Ella llama a uno de los mundos o dominios la labor: todo los que los seres humanos hacen para sobrevivir como especie. Es un trabajo que tiende a reproducirse a si mismo, que no deja un fruto duradero, que tiene que continuarse, repetirse, desde el mismo actos de la reproducción humana, hasta actividades como cocinar, limpiar, coser. Son cosas que se hacen para volver a ser hechas sucesivamente.

El otro dominio lo llama del trabajo: los frutos del trabajo: son los permanentes del espíritu humano, es todo aquello que no solamente está más allá sino que hasta se opone a la labor; toda la cultura es un fruto del trabajo humano, como manifestación del espíritu.

El tercer dominio es el de la política: espacio donde labor y trabajo se enfrentan y negocian de qué manera estos frutos se van a resolver, quiénes y de qué manera lo van a hacer.

Sin tener que empujar mucho esta analogía, vemos inmediatamente que una parte muy desproporcionada de la labor les toca a las mujeres, y una parte muy desproporcionada del trabajo, les toca a los hombres. Y en realidad, es el contexto de lo político, como lo llama Hana, que esa redistribución más igualitaria de las responsabilidades se pueden efectuar. En parte porque yo creo que muchos hombres están viendo que es posible y deseable aspirar a una vida y a un mundo con más igualdad. Y en parte porque muchas mujeres ya están empezando a darse cuenta de que las exigencias de funcionar a un nivel profesional y a un nivel doméstico son prácticamente imposibles de cumplir. No hay superseres humanos que puedan funcionar de esta manera para siempre. En las condiciones que impone la doble jornada es bastante difícil tener el tiempo y el espacio que es necesario para pensar y funcionar en el mundo de las ideas, en la producción de las ideas

CLARA LEYLA ALFONSO: ¿De qué manera esta situación de la mujer se hace específica en la práctica profesional de la arquitectura?

SUSANA TORRE: Primero debemos decir que la arquitectura como actividad se empieza a diferenciar del construir cuando las sociedades desarrollan, en la Antigüedad, una estructura muy autocrática y patriarcal. Se construyen cosas, pero no todo lo que se construye se llama arquitectura. La arquitectura está siempre al servicio de Estado o de una clase representativa, e implica una actitud, una intención que es específica y que diferencia una obra de arquitectura de la actividad reproductiva del construir. Por lo tanto, ya desde tiempos muy antiguos la arquitectura estuvo asociada con el poder.

Hay una diferencia muy grande entre un escritor y un arquitecto. Un escritor puede comprar un cuaderno y un lápiz con muy poco dinero, y sentarse en una plaza pública y escribir una novela, un poema, un cuento. Un arquitecto no puede realizar un edificio hasta que no haya alguien que esté dispuesto a invertir el dinero necesario para construirlo. Es un arte que tiene una base social, tanto a nivel de necesidad como de posibilidad para existir, que las otras artes no tienen. Y esa es una gran diferencia.

Desde ese punto de vista, digamos, una de las razones por la que hay tan pocos estudios (firmas u oficinas de arquitectos)  donde los principales son mujeres, es porque en general, la estructura de poder tiende a confiar mas en los hombres que en las mujeres para la administración de los fondos necesarios para construir obras de importancia, y es a través de las obras de importancia que las reputaciones de los arquitectos se hacen.

Hace diez años organicé en la ciudad de Nueva York  una exposición con los trabajos delas mujeres arquitectas en los Estados Unidos. Pues bien, cuando yo hice esta exposición sobre las mujeres en la arquitectura norteamericana, la famosa crítica Ada Louise Huxtable del New York Times escribió sobre la misma diciendo:  …”esto es increíble… todas esas estúpidas casas!”. Entonces aclaraba… “no es que diseñar casas sea una actividad estúpida, pero cuando un arquitecto no tiene la elección de diseñar mas que casas, entonces, no hay oportunidad más allá de eso”. Porque lo que a Huxtable le había llamado la atención era que la mayor parte de la exposición tenía que ver con el tema de la casa, de residencias para viviendas.

Implicaba, sin tener que hacer ninguna polémica, simplemente por el peso de los hechos mismos, que había una especie de prejuicio, que existe todavía, bastante específico, de que las mujeres pueden, por su asociación con su rol doméstico, manejar, entender, diseñar mejor una residencia que ningún otro tipo de edificio, sobre todo, si es un edificio público y más aún si es un edificio  simbólicamente importante y monumental en carácter.

Ahora, en los diez años que han pasado de esta exposición, nos ha tocado ver en los Estados Unidos muchos cambios. Específicamente se subió de lo que era una minoría definitiva de mujeres como estudiantes de arquitectura a lo que es ahora una situación muy paritaria. En las mejores escuelas de arquitectura el 50% de los graduados son mujeres.

Hace diez años, una muchacha recién graduada que buscaba trabajo, podía aspirar a ganar unos 50 centavos del dólar que se le ofrecía a un muchacho en las mismas condiciones; hoy en día esa muchacha puede ganar  75 centavos de ese dólar.

Cuando miramos a la situación básica, no cabe duda que las cosas han cambiado de una manera dramática y bastante positiva. Pero si examinamos la cima de esta situación, comprobamos que en realidad las cosas no han cambiado para nada, y que por comparación se han vuelto incluso peor. O sea, el 50% de los estudiantes de arquitectura pueden ser alumnas, pero no hay un 50% de profesoras. El porcentaje de profesoras es muy reducido, y el de profesoras que tienen permanencia es prácticamente inexistente.

Ahora bien, con respecto a la arquitectura, existe una situación para la mujer que es específica de la arquitectura como profesión. Muchos críticos en el presente, y ya desde los años 20, indicaban que el rol de la mujer en la arquitectura es en la posición de facilitadora y ayudante. O sea, la profesión de arquitecto es muy compleja, requiere de diferentes tipos de talentos, diversos tipos de actividades. Todavía nos empeñamos en ver el hacer arquitectura como equivalente de hacer una escultura o una pintura, y al arquitecto se le ve un poco como a ese tipo de artista. En realidad, hacer arquitectura es un poco como hacer cine: hay un director, y después hay productores, técnicos, en fin, hay un conjunto de personas que bajo la dirección de un director, van a terminar haciendo una película. La arquitectura es similar.

Entonces, este rol de la mujer en la arquitectura en la posición de ayudante o facilitadora, viene hoy reforzado por una percepción más antigua: las mujeres se las prefiere porque temperamentalmente y por condicionamiento social pueden facilitar las cosas como programadora, detallista o supervisora de obras. Pero nunca mayor responsabilidad, y sobre todo, de contacto con el cliente.

CLARA LEYLA ALFONSO: -Se le niega a la mujer el talento que requiere el diseñar…

SUSANA TORRE:  Yo creo que eso ocurre porque en una profesión tan compleja se le ha dado tradicionalmente un gran valor al rol del diseñador, se ve la actividad de diseño como la actividad más importante de todas las actividades posibles que se verifican en un proyecto.

Hay algunas razones válidas para esto exista de esta manera, y hay otras razones que son más bien mitológicas. O sea entre las mitológicas está esa noción de que una actividad de la cual en realidad sabemos bastante poco. Cómo se puede hacer una síntesis de diseño es una cosa que se ha tratado de explicar de muchas maneras y para la cual no hay una respuesta satisfactoria. En efecto, poder diseñar implica tener la capacidad de reunir, sintetizar algo real, tipos de información, conocimientos artísticos y técnicos muy diversos que se logra reunir en un artefacto, con la ayuda de muchísima gente. Pero es un talento, un talento que reconocemos que no todo el mundo posee al mismo nivel.

Entonces, lo que es válido y lo que es mitológico, las cualidades supernaturales del genio contra la realidad de un talento… pero un talento uno podría decir que existe y es aplicable a todas las actividades humanas… Nadie nace siendo una buena madre, un buen carpintero o una buena médica.  Todas las actividades humanas requieren un talento de síntesis muy específico, y en la arquitectura se ha pretendido y mitologizado el rol del diseñador como de algo que es quizá supernatural. Y para volver a la discusión que teníamos de que a duras penas la mujer tiene el tiempo necesario para ejercitar el pensamiento, para tomar riesgos, ya de nuevo sin tener que llegar a la polémica, concluimos que hay una discrepancia entre el tipo de dedicación, el tiempo, la energía que se asume requiere la actividad de diseño, con la realidad social de la mujer en sus múltiples roles de profesional, de madre y de esposa.



miércoles, 14 de noviembre de 2012

La presencia de César Curiel y Yuyo Sánchez en la arquitectura dominicana contemporánea.






Conocí a César Curiel y a Yuyo Sánchez cuando casi terminaban la carrera de arquitectura. Habían entrado al Taller de Pácido Piña en 1982, después de haber recibido clases en la UASD con Erwin Cott, Vicente Tolentino, Domingo Liz, Milán Lora, Luis Despradel y otros, lo que les aportaba una formación heterogénea que ayudaría en su futura carrera como arquitectos.
Inmediatamente los veías, te dabas cuenta de que formaban un dúo que se complementaba de una manera armónica y productiva. Amigos, casi hermanos, la diferencia de temperamentos era lo que ayudaba al ajuste de personalidades, y a  esa capacidad de equilibrarse profesionalmente que ha ido creciendo con los años.
Mis nexos con la arquitectura  se resumen a  la simple admiración ante estructuras que de momento se levantaban en espacios urbanos,  y que tenían, algunas, el poder de modificar el lugar. Por otro lado,  mi memoria casi niña -década de 1950- rescataba los diseños de las casas de Gazcue, y el impacto que hicieron en mi preadolescencia el Jaragua, el Jaraguita, La Metralla  y, desde luego,  el monumental complejo de la Feria de la Paz, conocido hoy como Centro de los Héroes. 
Todo esto comencé a entenderlo durante esos anocheceres brumosos, en que el filósofo y humanista Tongo Sánchez, mi tío,  hacía  apartes con Guillermo González en las reuniones de escritores, pintores y arquitectos – a las que me llevaba-, y yo oía hablar de la Bauhaus, de los conceptos del modernismo, de la particularidad de la nueva arquitectura mexicana, de los edificios escultura, del estilo tropical…  También supe del apasionamiento de Guillermo González  por la pintura y la fotografía.
Por otro lado, Amable Frómeta vivía en la esquina de mi casa y Manolito Baquero  y Gai Vega eran amigos de mi familia; es decir, que el término arquitectura y algunas de sus corrientes, se convirtieron en algo natural y cotidiano para mí.
La convulsión de la década de 1960, no me permitió  continuar esas vivencias  placenteras,   pero los setenta me trajeron la amistad de Arnau Bross, Plácido Piña, Jhonito Caminero, Miguel Vila, Héctor Tamburini, Federico Fondeur y otros arquitectos jóvenes; los dos primeros en el Taller 13 de la Arzobispo Nouel, al lado de la tienda Mimosa; y los tres últimos compartiendo el local de la Galería Proyecta, espacio donde exhibían exclusivamente sus miembros: Ada Balcácer, Domigo Liz, Ramón Oviedo, Peña Defilló, Mario Cruz, Lepe, Thimo Pimentel y Félix Gontier,  algunos de ellos, profesores de dibujo de la generación Sánchez-Curiel.
 Yo dirigía  la Galería que estaba ubicada con el frente hacia la Isabel la Católica, mientras que el
Taller  Vila, Fondeur, Tamburini, -que entonces diseñaba el Museo de Historia Natural- miraba hacia la Plazoleta de los Curas.
No me voy a detener en los personajes aledaños. Sí, recordar que Rosita Meléndez, abrió su tienda de muebles de época, La Casona, a unos pasos del Taller 13, y que allí presentaba Juan Bosch sus libros y Gilberto Hernández Ortega sus exposiciones, en noches iluminadas, donde Rafael Calventi, recién llegado de Italia, daba sus explicaciones sobre las construcciones de Pier Luigi Nervi, y Domingo Liz, -pintor, escultor y dibujante- le discutía a Gay Vega, propuestas arquitectónicas.  Luego Liz y Vega fueron vecinos en el Ozama y cada uno diseñó de forma diferente su amor por el río. Creo que  nosotros, los más jóvenes, no nos dábamos cuenta de que estábamos viviendo una época de oro, que formó parte de la transición del Moderno al Postmoderno en nuestro país
Cuando en 1977, Plácido Piña abrió su taller en el Bloque 7 No. 24 de la Feria I,  poco tiempo después, yo  me quejaba de que en mi casa no tenía dónde poner mis libros ni mi maquinilla, a lo que él, con esa solidaridad que   lo define, me contestó -Pero llévalos  al Taller,  que ahí nadie te va molestar. Dicho y hecho. Desde entonces, -1983- mi estudio, está ubicado en ese mismo lugar.
Cuando sus colegas preguntaban -y todavía preguntan- ¿Qué hace Jeannette Miller, en una oficina de arquitectos? Invariablemente contestaba: Hemos aplicado el criterio de Ricardo Bofill,  que en 1963, en Barcelona, fundó su taller con arquitectos, ingenieros, sociólogos  filósofos y poetas, entre quienes se encontraba José Agustín Goitysolo… También recuerdo que el poema El lobito bueno de Goytisolo, que luego hizo canción Paco Ibáñez, se convirtió en una especie de himno que repetía a cada rato.
Al entrar la década de 1980 y después de haberse efectuado un crecimiento de la ciudad hacia el Oeste, las construcciones se hacían cada vez más verticales y paulatinamente se repartían entre Naco, Piantini, Paraíso, Fernández y Evaristo Morales.
En el libro 60 Años Edificados: Memoria de la Construcción de la Nación, el arquitecto  Delmonte Soñé afirma: “Al entrar la década de 1980,  la búsqueda de una arquitectura que nos definiera como conglomerado humano y como país fue una de las principales motivaciones para los nuevos arquitectos. Hombre, paisaje, hábitat debían ser consecuentes entre sí, aplicándose los logros de la tecnología, pero utilizando elemento propios para el diseño y construcción de viviendas, edificios, enclaves hoteleros, etc.  Las propuestas postmodernas que defendían la memoria histórica y los elementos con que el hombre se identificaba, combatiendo la frialdad de lo moderno, fueron calando en los arquitectos emergentes, lo que llevó a una revisión de lo que hasta entonces se proponía como la escuela arquitectónica dominicana: el modernismo.”
Para mencionar sólo dos construcciones que me impactaron y que fueron base para lo cambios que vendrían, mencionaré el BHD de la Winston Churchill con 27, de Plácido Piña; y la cafetería Barrauno en la Lope de Vega, de Oscar Imbert. 
En la segunda mitad del decenio de los 80, la adopción del lenguaje posmoderno alcanzó las propuestas comerciales e institucionales. La arquitectura habitacional ya se concebía vertical, para aprovechar el espacio en una ciudad que crecía sin planificación urbana y donde aumentaba la demanda. Eran los mismos arquitectos quienes tenían que pensar en el emplazamiento de sus diseños y en lo que les rodeaba.
César Curiel y Yuyo Sánchez inician su trabajo desde 1982, y cuatro años después, en 1986, crean la firma Sánchez y Curiel, donde no sólo actuaban como arquitectos, sino como constructores y promotores.
Distintas residencias de la capital y en el interior del país comenzaban a promocionar su firma.   Recuerdo uno de los primeros proyectos, Residencias Laura (1985), cinco casas de tres niveles  que resultaban en aprovechamiento de espacio y privacidad, por la orientación de las fachadas, y la distribución de los ambientes sociales con  las habitaciones en distintos pisos. 
Pero fue con la serie de las torres D (2001), donde Sánchez y Curiel lograron una solución paradigmática para la construcción de viviendas verticales en Santo Domingo. En ellas, la búsqueda del equilibrio externo como forma y la funcionalidad interna (amplios espacios con visibilidad del paisaje, división radical entre las áreas sociales y las habitaciones con privacidad garantizada) produjo una demanda tal, que sorprendió a la firma. Muchas veces me sonrío al ver la cantidad de seguidores que ha tenido ese diseño.  
En los Aqua (Tower -2008- y Loft -2007-) de Juan Dolio, el reto era distinto, apartamentos de veraneo frente al mar; la solución fue un estilo ecléctico: luz, ventilación, espacios internos donde el agua, las plantas, o las celosias a gran escala, rompían la dureza del concreto, integrando el estilo urbano con los elementos propios de un trópico magnificente.  
En sus últimos proyectos (Rancho Arriba 8, Casa de Campo -2011-, con premios nacionales e internacionales), los elementos ya utilizados evolucionan y se enriquecen en interiores donde los techos a dos aguas soportados por madera, suavizan el entorno dinamizando una memoria vivencial que refuerza la vivienda dominicana. 
Al mismo tiempo, las fachadas de sus torres D habían ido cambiando; como ejemplo reciente el D-28 (2011), donde el blanco “burgués” de sus antiguos exteriores, asumió el rojo, el negro y el gris, para crear volumetrías con el efecto del color. Igualmente las vidrieras, unas opacas, otras translúcidas   producen reflejos distintos y móviles que definitivamente, particularizan la obra.
La belleza imponente de los Veiramar (2005-2010-); la poética vernácula que conjugan los Aqua y Rancho Arriba; pero  no en menor sentido, la elegante dignidad de las fachadas de las torres D, son elementos suficientes para valorar el trabajo arquitectónico de Sánchez y Curiel, quienes realmente se han convertido en un punto a seguir en la arquitectura dominicana de hoy
Y esto viene acompañado por un alto sentido de cumplimiento y seriedad en los procesos de entrega de sus edificaciones; lo que ha sellado su firma como una de las más confiables en el mercado inmobiliario actual.
La propuesta de un diseño inclusivo y plural trabajado en discusión con un equipo liderado por ellos, confirma las afirmaciones del arquitecto cubano José Antonio Choy López, en su introducción a esta monografía.  
. Sánchez y Curiel aprovechan los logros del movimiento moderno dominicano y los adaptan a las nuevas necesidades de la sociedad, tomando en cuenta el temperamento caribeño y su estilo de vida extrovertido y flexible, lo que es evidente en los edificios D.
 2. Sánchez y Curiel aplican la tradición y lo vernáculo en sus villas de veraneo, participando este concepto en la serie Aqua, donde es evidente la herencia de nuestra arquitectura doméstica y popular.
 3. Sánchez y Curiel proponen una renovación de la imagen que lleva implícita nuevas propuestas o estilos de vida, por lo que han transformado el monótono mercado inmobiliario de la capital dominicana.  
No puedo dejar a un lado el proceso de integración humana   que se da en la oficina donde todos trabajamos; naturalmente, ocupando espacios distintos.
Un espíritu positivo acoge a los jóvenes que se integran, para luego irse fuera o formar su propio estudio, aunque nunca dejan de regresar para visitar al grupo e intercambar ideas y opiniones. Los dos últimos arquitectos que han llegado al Taller, César Antonio y Andrés Eduardo, hijos de César y Yuyo, ya comienzan a despegar con sus propios diseños.
Ese conglomerado de trabajo y buena voluntad se completa con el eterno e insustituible Pablo de la Mota, y un grupo de colaboradores formado por Karina García, Rocío Marchena, Adolfo Rodríguez, Roberto Prieto, Ernesto Morel, José Minaya, Elio Fernández, Félix Mármol… y el personal de oficina, que cada día crece más.
Mirando hacia atrás, confirmo cómo cada época tiene valores insustituibles.   Porque ahora, cuando me despierto, y la suma de los años me empuja a la mecedora frente al patio, cegada por el verdor de las hojas y la brisa, hago un esfuerzo,  me incorporo, y enfilo hacia el Taller, segura de que allí encontraré la energía que  me permitirá continuar con mi trabajo.
Por todo esto celebro la calidad de esta publicación, compartida con la firma Moré y Wise, como parte de una serie de trabajos monográficos que confirman la importancia de Arquitexto en las  investigaciones y ediciones relativas a esta disciplina.
Hoy, que la arquitectura dominicana crece como nunca, respondiendo a las demandas y estrategias de un mundo global y digital, caer en lo mediocre, resulta el riesgo nuestro de cada día.
César Curiel y Yuyo Sánchez  han sabido  sortear ese peligro, y a base de un trabajo en equipo planificado, sopesado, investigativo, abierto y plural, han logrado  beneficiar los espacios urbanos de la Capital donde se encuentran sus edificaciones, con una arquitectura de calidad que se inserta en el  mejor diseño contemporáneo nacional.




De la Contratapa

El estudio Sánchez y Curiel, Arquitectos posee una producción arquitectónica amplia y de gran relevancia. Fue fundado en 1986 y está compuesto por Andrés Sánchez (UASD 1984) y César Curiel (UASD 1984), quienes se han especializado en el diseño y la construcción de viviendas multifamiliares con una propuesta formal innovadora acerca de la idea de habitar. El conjunto de proyectos da cuenta de un gran equilibrio entre la búsqueda formal y las condiciones funciona- les, equilibrio que tiene como resultado un diseño cuidadoso, de clara vocación contemporánea, y que toma en cuenta el lugar.
Durante su trayectoria la firma ha recibido importantes reconocimientos. En 1990, el condominio Paraíso recibió el premio de obra construida de la III Bienal de Arquitectura de Santo Domingo. En ese mismo año, el proyecto comercial Factoría La Bija recibió el primer premio de la II Bienal de Arquitectura del Caribe. En el año 2004, el Condominio D24 fue seleccionado como obra finalista en la IV Bienal Iberoamericana de Arquitectura, celebrada en Lima (Perú). En 2010, la obra Villa Milagros fue galardonada con el Premio Cemex Dominicana.
El contenido de esta publicación forma parte del libro DO2, una monografía centrada en la actualidad arquitectónica profesional de la República Dominicana. El objetivo es propiciar un acercamiento a dicha actualidad a partir la obra y trayectoria de estudios de arquitectura que por la calidad de su práctica constitu- yen un punto de referencia para entender la realidad de la disciplina del diseño y del oficio de la construcción en este país.
The studio Sánchez y Curiel, Architects has an extensive portfolio of important architectural production. The firm was founded in 1986 by Andrés Sánchez (UASD 1984) and César Curiel (UASD 1984), who have specialized in the design and construction of multi-family housing with an innovative and formal approach to the idea of inhabitance. This portfolio of projects evidences great balance between the formal search and functional conditions, a balance that results in a careful design, with clearly contemporary vocation, and which takes the site into account.
During their careers the firm has received important recognitions. In 1990, the Paraíso Condominium received the prize for constructed work of the III Architec- ture Biennial of Santo Domingo. During that same year the commercial project of Factoría La Bija received first prize in the II Architecture Biennial of the Caribbean. In 2004 the D24 Condominium was selected as finalist work in the IV Ibero-American Architecture Biennial, held in Lima (Perú). In 2010 the work Villa Milagros was awarded the Cemex Dominicana Prize.
The content of this publication forms a part of the book, a monograph centered on present-day professional architecture in the Dominican Republic. The objective is to provide an approach to this present-day reality based on the work and perfor- mance of studios, who through the quality of their practice constitute a reference point for understanding the reality of the discipline of design and the profession of construction in this country.