jueves, 18 de diciembre de 2008

La Casa TES y el New Style (y II)

Residencia Contreras Jorge. Calle República Argentina, Santiago. 1969

A Juan Caminero, se le reconoce humor e ingenio para sacar a flote las situaciones claves que identifican el momento. Johnny inventó eso del "New Style", lo hizo con una propiedad que todos reconocieron, y aquello se regó como pólvora. También inventó lo de “Eje Italia”, un epíteto que estaba muy lejos de denostar y sólo era un código para identificar en la escuela de arquitectura a Rafael Calventi, Víctor Bisonó y a la pareja de Cott y Gautier, todos graduados en Italia. Lo hacía en contraposición a la presencia de Fred Goico formado en USA. A nadie se le ocurriría aclarar que fue idea de Johnny. Todo el mundo lo sabía.

Al año siguente de la Casa TES, en 1969, y como consecuencia de ella, José Antonio Caro Ginebra (Santo Domingo, 1940) construyó en Santiago la Residencia Contreras-Jorge a los padres de Maritica, la dueña de la Casa TES, y con su segunda obra consolidó el New Style. Tony reconoce que “fue diseñada con un programa más cómodo en áreas y costos”, pero donde sigue trabajando “los mismos elementos de diseño, los cuales abandoné después de esta obra pues comenzaron a aparecer en casas por todos lados en la ciudad”.

Estos elementos, los picos, el techo inclinado, el cilindro y las claraboyas, repetidos sin descanso terminaron uniformizando las nuevas casas de Santo Domingo al punto de que "salían solas". Algunos de sus amigos y contemporáneos se afiliaron maravillados al New Style. Y en definitiva fue una contribución a la superación y mejoría de la práctica. El caso más notorio es el de Eduardo Selman, del círculo de Tony. Eduardo había construido poco antes -en Naco- una casa tipo rancho al estilo de House Beautiful, pero rápidamente se distanció de ella y desarrolló una arquitectura residencial de buena calidad con los predicamentos del New Style, incluyendo la suya propia. Y así muchos.

El estilo que proponía la Casa TES apuntaló un tipo de vida vanguardista en una sociedad democrática donde la burguesía empezaba a consolidarse y se configuraban nuevas aspiraciones. La mayoría de los clientes que consumían el New Style eran jóvenes profesionales modernos, cultos y cosmopolitas, que anhelaban mostrar sus propios éxitos. Como consecuencia se acrecentó un inusitado interés en las artes plásticas y en el coleccionismo de arte dominicano. En un momento dado todas las salas tenían pinturas de Ada Balcácer, Peña Defilló, Domingo Liz, Lepe y también de Guillo Pérez y Cándido Bidó. Todo parecía igual. El mobiliario moderno también.

Con la  Casa TES se confirma el hecho de que a veces en arquitectura hay pequeñas obras que marcan un cambio o nuevos rumbos. Aún desaparezcan, queda su huella.

A la distancia, es curioso ver la manera en que en los diferentes períodos las casas de Santo Domingo siempre terminan pareciéndose unas a otras. El modelo de la Casa TES, reforzado por la residencia Contreras-Jorge,  se siguió recreando durante buena parte de la década de 1970, un hecho que ni siquiera el mismo Tony Caro imaginó y mucho menos que sería bautizado por Johnny Caminero como el "New Style". Y que así se quedaría.

Si esta historia no la sabía Felipe (Branagan) es porque conociendo lo empecinado que es podría volverse loco "peinando" Naco en bici tratando de ubicarla. Pero... ya sólo está en la memoria.



Residencia Contreras Jorge. Calle Reública Argentina, Santiago. 1969

lunes, 15 de diciembre de 2008

La Casa TES y el New Style (I)

Casa TES. Santo Domingo. Modelo, 1968

En determinados momentos o períodos, la mayoría de las casas se parecen, tienen el mismo estilo o repiten el mismo modelo. En Santo Domingo eso ha ocurrido siempre de un modo u otro. Y parece que seguirá sucediendo.

Durante la dictadura las casas eran primero casi todas neohispánicas y al final modernas californianas al modo de Neutra. Esos modelos se repitieron tanto que resulta difícil saber si una casa es de Mario Lluberes o Caro Álvarez, o si es de Nani Reyes, Gai Vega o Teófilo Carbonell. Al entrar la democracia, Rafael Calventi sorprendió a todo el mundo con la desaparecida Residencia del Embajador de Francia -antes,  De Castro Goico- (1963) y después, al regreso de su exilio mejicano, cuando implantó las casas mediterráneas a mediados de los años 60.

En la década de 1970, las casas volvieron a parecerse y en la maraña de repetición del modelo y sus variables y reproducciones de repente nadie sabe cómo se inició todo y si existió ese prototipo de referencia. Cuando el prototipo desaparece se hace aún más difícil encontrar el origen de todo, o localizar documentos y testimonios que lo confirmen.

En los albores de los años 70 las casas se llenaron de “picos”, unos techos inclinados con fuertes pendientes a una sola agua, y rápidamente se mezclaron con las mediterráneas. Por si alguien no lo sabía, a eso se le llamó aquí el New Style. Y empezó con la Casa TES de José Antonio Caro Ginebra (Santo Domingo, 1940).

Tony Caro estudió  en Cornell University, en Ithaca, NY, en un momento en que la escena de la  costa este de Estados Unidos la dominaban los New York Five. En Cornell Ulrich Franzen hizo su Agronomy Building (Bradfield Hall, 1968), y la escuela de arquitectura era prestigiosa y actualizada. Cuando regresó al país en 1967, la arquitectura más fresca e innovadora la hacían dos líderes y figuras contrapuestas, Fred Goico y Rafael Calventi, -tecnología vs. humanismo- educados en USA e Italia, respectivamente.

El joven Caro, a los veintiocho años, en 1968, se destapó con su primera obra, una pequeña casa en Naco para su amigo Tomás Eduardo Sanlley y Maritica Contreras, la familia Sanlley-Contreras. De ahí salió la Casa TES que cambió todo. Pero no nace sola, está emparentada con lo que al mismo tiempo exploraba Edward Larrabee Barnes en Righter House -Fishers Island, NY- (1965) con el Shingle Style y Gawthmey and Siegel en su Gwathmey Residence and Studio (1967) a partir del movimiento moderno.

La Casa TES fue construida con estricta economía de medios. Tony cuenta que “estuvo enmarcada dentro del programa de financiamiento FHA que sólo permitía que las viviendas financiadas no excedieran de 125 M2 y de un valor de 15 mil pesos de los cuales financiaban sólo 9,500 pesos” y buscaba "romper el esquema típico de las viviendas".

Los elementos característicos de la casa, como el espacio a doble altura, el techo inclinado, el cilindro de la escalera o las claraboyas de ventilación e iluminación, se reprodujeron como la verdolaga, pero la sustancia, lo verdaderamente innovador, fue ignorado.

Los dos planteamientos esenciales y nuevos eran la estratificación de la secuencia espacial y la implantación en el sitio. La composición era de volúmenes contrastantes, una barra simple para el territorio privado y un cuerpo desprendido y alto para lo público. Todo era distinto. Ni pensar que se entraba por la sala, el ingreso se hacía por un pequeño vestíbulo -entre dormitorios y cocina- el que se atravesaba para llegar al gran salón con doble puntal y mezzanine. La vida social se volcaba a los jardines frontales, en un Naco planeado como ciudad jardín.

Cuando Johnny Caminero vio el impacto de la Casa TES y que aquello se regaba como si nada, dijo “ese es el New Style”. Así lo bautizó y nacía entonces una nueva moda de casas a partir de un modelo. Otra vez.





Casa TES. Calle Tetelo Vargas esquina Silvestre Aybar y Núñez, Naco. Santo Domingo, 1968

lunes, 8 de diciembre de 2008

El Instituto del Libro


En 1956, a los once años, mi familia me envió de La Vega a Santo Domingo a estudiar el bachillerato en el Colegio De La Salle buscando una mejor educación, pero en realidad quedaba claro y establecido que Arturo, mi padre, quería evitar a toda costa que fuera adoctrinado por la dictadura. Lo logró sin mucho esfuerzo. Así fue como llegué a la capital. El antecedente viene al caso porque en los últimos años que hice en el Colegio La Milagrosa, en la Ciudad Colonial, entré en contacto con un lugar que me pareció el mundo más fascinante y democrático que podía suponer: el Instituto del Libro.

Me doy cuenta que era demasiado para un chico que venía de provincia. Los hermanos Escofet (José y Manuel) habían creado un espacio lleno de magia. Eran unos catalanes republicanos amables y paternales que acostumbraban a orientar a uno sobre las mejores o más convenientes lecturas. Animado por mi profesor de literatura, Rafael Lara Cintrón, y por la cercanía, pasaba horas deleitado con unos libros que se podían examinar sin restricción e incluso leerlos allí mismo.

La librería tenía un salón amplio con mesas que mostraban las novedades y paredes enormes forradas de libros hasta el tope. Al fondo, un salón abierto servía de sala de lectura donde podía uno pasar el rato leyendo sin obligación de comprar. Cincuenta años después las librerías modernas funcionan de esta manera. Luego, ya en la democracia y con la pasión por la arquitectura a cuestas, frecuentaba ese rincón de mis asombros en busca de los últimos títulos de arte y arquitectura. Era mi contacto con el mundo.

El Instituto del Libro lo hizo José A. Caro Álvarez (1910-1978) a inicios de los años 50. Es un edificio medianero de uso mixto, con comercio abajo y dos pisos de apartamentos arriba. Pero lo más notable es su conducta y escala pública, su relación con la ciudad, ese vacío que crea junto a la acera y la gran altura al frente con la entrada retirada a modo de zaguán abierto y una vitrina que parece flotar. De antología.

El edificio se afilia al período plano del racionalismo arquitectónico de la primera modernidad; muy correcto, de detalles sutiles, resuelto con sencillez, pero con ingenio y fuerza. Un día, hacia el final de mis estudios universitarios, descubrí algo en su fachada que me dejó atónito. Sus balcones tienen una especie de cortinas en bloques de vidrio curvos que parecen estar a medio abrir o a medio cerrar. Una ocurrencia tan particular y atrevida que siempre me saca mi mejor sonrisa. Hasta ese momento nunca había visto bloques de vidrio curvos y menos usados de esa manera, como si fuera una cortina de cabaret. ¡Alucinante!

En el Instituto del Libro vi a don José Antonio por última vez. Era una tarde de otoño del 1977, cuando lo encontré en medio de una animada conversación con los Escofet y al verme interrumpió un minuto para contarme lo mucho que le había gustado la propuesta del BHD. Eso lo tengo fresco en mi memoria.

Cada vez que hago un recorrido en bici por el centro histórico paso un rato contemplando el Instituto del Libro y tengo la impresión de que cuando Felipe (Branagan) me nota tan embobado piensa que estoy "explotado" y falto de potasio. 

A veces me imagino allí como el chico que enviaron a estudiar a la capital y quedó perplejo cuando vio el mar, pero también me veo descubriendo la pasión por la lectura en aquel lugar de ensueño y lleno de magia creado por los hermanos Escofet.




Instituto del Libro. Arzobispo Nouel No. 258, Santo Domingo.

jueves, 4 de diciembre de 2008

APOSTILLANDO "9biasd y3. Un gran premio"



Por Cuqui Batista


Creemos debería designarse la próxima Bienal 10 BIUASD 2010, ya que el urbanismo deberá sobresalir, así lo exigen las ciudades del universo. La pérdida del alma hermana del óptimo Holger Escoto Frías nunca será suficientemente lamentada. Paz eterna. El alma es en el fondo, todo lo existente, afirmó Aristóteles. La bienal mas que fiesta es precepto desde su inicio por “nueva arquitectura”, hoy aupada a sociedad de arquitectos que ya debíamos conceptuar como sociedad urbano-arquitectónica, dada la exigencia de la demanda de la trama urbana en toda ciudad del universo. Al arquitecto compete velar por la planificación global del territorio de su estado – país, en miras de organizar la producción y la comercialización que nos genere auge económico y la fundación de ciudades industriales en los puertos y mínimas grandes ciudades de servicio en nuestro territorio a preservar para necesario y urgente desarrollo de la ciudadanía que así tendría ciudades eficientes con la infraestructura de que hoy carecen. La falta de premios a la arquitectura verde, obedeció a la alta especialización de Christian Werthmam de Harvard University y el resto del jurado no menos capacitado, también deberá exigir la bienal dominicana soluciones climáticas. Los proyectos “desconcertantes” deben vigilarlos las escuelas de arquitectura poniendo freno desde los decanatos a los que vayan a concursar. Lo mejor de la bienal fue el criterio de invitar profesionales a exponer sus proyectos, algo que debe ampliarse para las próximas, por invitación específica. Si generamos el próximo año un simposio urbano - arquitectónico donde expondríamos nuestro proceso de diseño que luego de establecido haría de nuestro país una múltiple universidad científica climática, tendríamos las bienales más exitosas del universo a la vez que podríamos exportar urbanistas y arquitectos, además de casabe, muebles y dulces.

El jurado de la 9 biasd, fue más allá de lo imparcial creíble y responsable presidido por nuestro Salvador Gautier, seguido por Christian Werthmam que demostró su calidad en su charla, Víctor Navarro agudo joven arquitecto, respaldado por su socia esposa, María Langarita designada secretaria del jurado sin voto, Emilio Martínez con un gran desarrollo de labor profesional en Puerto Rico y Cuqui Batista, quien plantea urbanismo arquitectura como la ciencia que exigen ser, así sujetos a un método proceso de búsqueda solución que estará al servicio de los que así lo acepten. Insistimos en caracterizar el conocimiento y la investigación científicas, tal como se los reconoce en la actualidad y desde Kant que nos dice que el método es un procedimiento según principios y el científico procederá sistemáticamente por el camino crítico, satisfaciendo por completo la razón humana, para la que hemos de justificar toda disposición, ración, función, dación, posición, conceptuación valederas. El gran premio levitaba sobre el muro, las primeras opiniones fueron de los extranjeros, hubo unanimidad y plena satisfacción al otorgarlo sin pero alguno y así fue recibido.
Gracias a Plácido Piña por su enjuiciamiento.

Cuqui Batista.
cuquibatista@hotmail.com


Gran Premio Bienal (Mubarak y Domínguez)

lunes, 1 de diciembre de 2008

Estoy anonadado


Banco BHD 

Las decoraciones navideñas en algunos edificios de Santo Domingo, se las traen. Pero al ver el BHD y el Banreservas me he quedado anonadado. De una pieza.

Todavía estoy sin aliento y sin entender la razón que tiene la imaginación publicitaria para tomar la arquitectura de estos dos edificios, precisamente estos dos, como soporte para un ornamento que ridiculiza sus valores y méritos; y sus proporciones.

Lo mejor del caso es que estoy tan acostumbrado a ello que cuando los veo me da un ataque de risa. De verdad. Pero sin salir de mi asombro. Comprendo los motivos que tienen quienes hacen esos adornos para celebrar las fiestas, pero resulta difícil creer que el mejor modo de hacerlo es burlándose de los edificios. "A mi... nunca".

Si lo del BHD es cursi, lo del Banreservas apunta a lo estrafalario. Y ni siquiera lo digo por mi, que me quedo como si nada, sino por el respeto que se supone deberían tener a la arquitectura. Pensándolo bien, habría que tomarlo como una curiosidad mutante. O como una gracia.

Cuando paso en bici frente a ellos, temo perder el equilibrio y chocar al distraído Felipe. Es por el sobresalto.



Banreservas

lunes, 24 de noviembre de 2008

Y el escultor es... Benjamín Saúl



Cuando publiqué La Suprema en Segunda no me atreví a poner que la escultura monumental alusiva a la justicia era de Prats-Ventós, a pesar de que Cuqui Batista lo afirmaba (La Suprema en las anécdotas de Cuqui). La razón es que en ese momento no logré descifrar las incisiones de la firma del autor y tampoco se parecía a la de Prats-Ventós.

Hablando del asunto con el arquitecto Juan Ramón Fiallo Prota, éste me comentó que se trataba de un español y que fue el mismo que hizo La Nutricia del Alma Mater de la UASD. Hace unos días Juan Ramón me hizo llegar un texto sobre el verdadero autor: Benjamín Saúl (España, 1924 - El Salvador, 1980). Aproveché un paseo en bici con Felipe (Branagan) y confirmé que en efecto la firma es B SAUL. Su foto al pie de la escultura así lo confirma. Después localicé datos e imágenes adicionales en la web.

A Benjamín Saúl, un gallego nacido en Monforte de Lemos, lo trajeron a Santo Domingo (1955-1960) contratado para realizar doce esculturas monumentales para la dictadura. Por lo menos hizo la Madre Nutricia del Alma Mater (Ruiz Castillo, de Segonzac y Dupré, 1955), los relieves de la Secretaría de Educación (Caro Álvarez, 1955), la Suprema Corte de Justicia (Cuqui Batista, 1958), y afirman que también los leones del Palacio Nacional.

De 1960 al 1963, vivió en Italia, Francia y España. En 1963, el embajador salvadoreño en España lo llevó a El Salvador con la idea de construir un Cristo Monumental en el volcán Quezaltepec. Nunca llegó a realizarse. Allí se casó con Esther Méndez de Anargyros, su viuda, quien posee la mayoría de sus esculturas figurativas de pequeño formato. Su vida y obra en El Salvador dejaron una profunda huella.

Lo comento ahora sólo para que se tome nota del verdadero autor de la escultura de la Suprema y para que Cuqui pueda ajustar sus recuerdos.

Esculturas en bronce

Escultura de Benjamín Saúl que estuvo en el jardín de la 
residencia del Ing. Alejandro Martínez, constructor de la Suprema.
Foto suministrada por su hijo Alejandro Manuel. Ver comentario.



Esculturas de Benjamín Saúl en Residencia Danilo Caro.
Ver comentario de Francisco Caro

Monumento al Mar. San Salvador

jueves, 20 de noviembre de 2008

9biasd y3. Un gran premio



Al talento de Holger Escoto Frías... hermano del alma.

La 9BIASD es lo que es: una fiesta de arquitectura. Y lo seguirá siendo. El invento, la osadía o el atrevimiento de Omar Rancier y Emilio Brea -con Nuevarquitectura- de hacer una Bienal de Arquitectura es una de esas ocurrencias que sin uno darse cuenta cambia el curso de una cultura profesional. Omar y Emilio son el origen y la credibilidad de las bienales de arquitectura. Cualquiera diría que soñaban con "pajaritos preñados". 

En la 9BIASD la participación de proyectos profesionales y de grado es masiva, y el nivel de dedicación y esfuerzo de las confrontaciones, notable. De un modo u otro la bienal es un panorama y muestra el interés que la gente se está tomando con la arquitectura. Llevar la exhibición "de Gaudí a Calatrava" al Parque Independencia es un indicio de la importancia que tiene para los organizadores ponerla en contacto con la población o acercase a ella.

En lo que sí debe tener cuidado una bienal es que cuando elige un tema, por lo menos debe llevarse a cabo una exhibición alrededor de ello. “Hacia una Arquitectura Verde” puede ser muy hermoso y aspiracional, pero si la competencia va por el lado opuesto y nada alude a ello, queda en un profundo vacío. Lo confirma la falta de premios en ese renglón. Incluso algunos proyectos son desconcertantes. Pero eso parece inevitable.

En la 9BIASD se respira un espíritu joven que debería conectar mejor con la realidad y sacar a flote lo más valioso del contexto caribeño. Más contenido. La calidad de la arquitectura que debe presentarse en la Bienal es algo que a esta altura todavía resulta difícil asegurar, pero la capacidad de convocatoria e ilusión que crea sí que es significativa. Y siempre hay que garantizar un jurado imparcial, creíble y responsable. 

Cualquiera podría tener alguna objeción o reserva a uno que otro premio o mención. Pero un jurado tiene que enviar un mensaje de reconocimiento y estímulo al desarrollo de una cultura arquitectónica y ahora, más que nunca, lo ha hecho así. Ha distinguido a lo que considera más profesional y de mejor nivel. Aunque siempre se infiltra uno que otro. Eso también es verdad. Ahora, en lo que no puede equivocarse un jurado es en el Gran Premio Bienal sin correr el riesgo de desprestigiar la competencia.

El Gran Premio es a fin de cuentas el mensaje de más repercusión. Ningún premio ha causado un entusiasmo y estallido de alegría tan grande como el del "Centro Cultural Cofradía Espíritu Santo de los Congos de Villa Mella" de Juan Mubarak y Mauricia Domínguez. Ninguno. 

En mi primera visita a la exhibición hice un recorrido completo y disfruté de algunos proyectos y de varios trabajos de grado, pero cuando llegué al de Juan y Mauricia se me puso la carne de gallina. Pensé en lo que dijo José Saramago, presidente del jurado, cuando galardonó a Delirio de Laura Restrepo -Premio Alfaguara 2004- “...hay que quitarse el sombrero”. Es lo mejor que he visto en mucho tiempo, y marca un punto de inflexión hacia la búsqueda de una arquitectura con bagaje cultural e intelectual. Con el Gran Premio mi alegría se trasforma en euforia.

La arquitectura que se haga en el futuro debe tener una conexión real y efectiva con las aspiraciones dominicanas y entroncar con los sueños y anhelos de la sociedad. Me quedo con la denuncia y el reto que lanzó Lourdes (Camilo de Cuello) en su discurso inaugural: "Sigue habiendo “promiscuidad en el humilde aposento campesino” y ella se ha extendido a la periferia enorme de nuestras ciudades principales, donde a veces no se come ni siquiera por las noches, sin que a nadie se le hayan cortado los párpados por tanta iniquidad que compartimos." y concluye con su llamado: “Es tarea de arquitectos; no se hagan esperar”.

Si una bienal, como dicen, debe ser una fiesta, la 9BIASD lo ha logrado.  Y sólo eso es ya un gran premio.

Gran Premio Bienal (Mubarak y Domínguez)

Ver en PeNéLopE Los Premios de la Bienal

lunes, 17 de noviembre de 2008

9biasd 2. +Chile con fundamento



La exhibición de Chile en la 9BIASD es meritoria. Cuando una bienal, como la de Santo Domingo, toma la decisión de dedicarla a algún país espera que su invitado se lo tome en serio. Chile ha correspondido a esa dedicatoria y lo ha hecho con orgullo y respeto.

La arquitectura chilena reciente (2005-2008) ha dado un salto tremendo. Está conectada con su pasado moderno y mira al futuro desde las raíces de su historia en armonía con las particularidades de su territorio y de las tecnologías. Lo dice esta exposición de 22 obras seleccionadas.

El desarrollo urbano último, en cambio, es otra cosa. Santiago, por ejemplo, en vez de crecer apoyado en la ciudad tradicional europea, como Buenos Aires, lo ha hecho bajo la influencia norteamericana de ciudad desparramada, abrumada por elevados y expresos, socialmente polarizada. Santiago parece hoy una ciudad colonizada por el Tratado de Libre Comercio.

La muestra +chilearq es una historia diferente. Aunque tiene diversas tipologías, está dominada por las casas, a veces en paisajes insólitos. Refleja el logro de la correcta implantación en armonía con su sitio. De eso hay que aprender. De ese genius-loci, que tiene esta arquitectura chilena de hoy: un anhelo de permanencia a un lugar. Lo recalca el curador, Paulo Correa Labarca, en su introducción Chile-Arquitecturas del Paisaje "... más allá de destacar el talento de sus autores, se traspasa a un plano de enfrentamiento y trascendencia, la tarea de enaltecimiento de un lugar y una geografía".

La búsqueda de la espacialidad está en consonancia con las escalas, el paisaje y las tipologías. Radica en la esencia misma del contexto natural o urbano, y apunta, en la mayoría, a una abstracción subordinada a la simplicidad de las formas y los espacios. Una arquitectura con fundamento.

Así que la obra de un Mathias Klotz, o un Felipe Assadi ya no está sola. Comparten protagonismo con un sólido grupo que hace de la arquitectura chilena reciente un ejemplo y un modelo. Se destacan los jóvenes emergentes, Nicolás del Río y Max Núñez (dRN Arquitectos) con su Chalet c7, una metáfora del deseo y la supervivencia,  y Sebastián Irarrázaval, recordado por su propuesta para el Parque Enriquillo (Ideas Urbanas, Santo Domingo. 2002), con su Hotel Indigo Patagonia y su recién premiada casa a Pedro Lira (XVI Bienal de Santiago, 2008).

Chile ha correspondido a la invitación de la 9BIASD con una curaduría excelente y una museografía limpia, discreta, elegante, sobria e informativa. Como debe ser. Un goce para quien visite la bienal.

dRN arquitectos. Chalet c7. Portillo, Los Andes, V Región. Chile, 2008

Nota: Buena parte de las obras premiadas en la XVI Bienal de Santiago está en la muestra.

jueves, 13 de noviembre de 2008

9biasd 1. Billy al completo



La exposición homenaje a Billy Reid (Santiago, 1925) me interesa. Muestra la trayectoria de un arquitecto que ha puesto su vida y su pasión en ello, tanto como en sus crucifijos y bastones. Ha hecho su obra con una discreción que lo ha mantenido siempre lejos del pensamiento, la teoría y las posiciones ideológicas o gremiales. Se ha dedicado al oficio. Y ha disfrutado con ello.

Presentarlo en todas sus facetas creativas es una visión justa de una obra que va más allá de la sola arquitectura. La arquitectura de un hombre con una práctica tan dilatada no siempre es consistente. Tiene sus altas y bajas, y sus puntos culminantes, esos luceros que se destacan frente a lo que se hacía en su época. Y así habría que evaluar el trabajo de Billy.

En la muestra hay una etapa excepcionalmente buena. De absoluta vanguardia y de profundo enraizamiento local. Es la primera época y su sociedad con Nani Reyes (1924-1966). Su foto con Nani bajo la valla Reid y Reyes (1951-1956) es de antología. Las imágenes de ese período traslucen un frescor que llena de entusiasmo y que anuncian un potencial tremendo hacia la exploración de una arquitectura moderna de profundas raíces tropicales.

De su segunda firma, Reid Cabral, ahora sólo con su hermano Charlie, hay una residencia extraordinaria que construyó en La Julia. La foto, con un auto de la época, muestra su estructura caribeña ultramoderna como si fuera una imagen mítica del cine de ficción, esto junto a los dibujos constituyen un documento valioso. Esa casa la había atribuido Cuquito (Moré) a Nani o a Reid y Reyes (AAA08, 09.1998. Pag.98) y sucede que el diseño es posterior a la sociedad, tiene la firma de Billy y el sello Reid Cabral en los planos.

Desde la década de 1970, la obra de Billy toma otro rumbo; analizándola en su contexto histórico carece de esa fuerza arrolladora de su primera época, aunque muestra oficio. Aquí, el Chase original de la avenida Kennedy (1968) es un hito en su obra. Después está el trabajo en su última firma, William J. Reid Cabral, una obra mas bien de relevo generacional con su hijo Carlos.

El Billy de los bastones, de los crucifijos y de las esculturas... es otro Billy, aunque sea el mismo. Allí hay más pasión e intimismo. Su Homenaje a Calder (1972) es una pieza maravillosa y alude al escultor de los años 30, después que compartió con Piet Mondrian en su estudio de París (Calder: The Paris Years, 1926-1933).

Sobre la exhibición, aunque la puesta en escena es magnífica, hay algunas reservas. Quien visite la 9BIASD con interés en la arquitectura de Billy, observará que el montaje se concentra en la profusión de fotografías y que la curaduría deja de lado el valor documental y de investigación. Faltan dibujos originales, fechas precisas, clientes, socios, colaboradores y fichas técnicas; eso es lo que permite reconstruir la huella y la traza de Billy Reid, el arquitecto. Lo confirma la belleza primitiva de su dibujo “Weekend-House” (sin fecha).

Me interesa Billy. Algunos de sus edificios los he disfrutado y discutido con Felipe (Branagan) en nuestros frecuentes paseos en bici.

lunes, 10 de noviembre de 2008

THE WRITE STUFF

TUESDAY, AUGUST 26

link: Arquitectura en Bici
A blog that brings together two passions in the simplest, most direct and at the same time most complete way possible - as its title suggests: Arquitectura En Bici. Technical and linguistic barriers aside, it is a blog that covers the specificity of its topic by employing readily accessible language, which its author commands to perfection in describing buildings, just as much as coffees, patios, bicycles, friends and meals - often in the same post. All of the above in an exquisite fashion, por cierto.

Yet the strong point of Arquitectura En Bici, to this reader's modest and un-researched opinion, is the ability with which buildings are brought apart into their constitutive architectural elements, to show the beauty of some particular choice of style, material, or orientation.

Seen under this light buildings become books, and the author of 'Arquitectura' reads them to perfection. If buildings are books, then, they tell stories and are the permanent witnesses of history - the story of mankind. What wonders the mind and kidnaps the attention of the reader is the way in which history mixes with architecture, thus creating an intricate narrative of architectural styles, statesmen, folk culture, economic cycles, artistic patterns, political crises and the periods of restoration that follow them.

When buildings tell our history, its good to have someone listen to them and tell the rest of us about it. Now its happening here. Enjoy Arquitectura en Bici, those of you who are lucky enough to read the language properly. A link to it is now up in the column on the right hand side of your screen.
THE WRITE STUFF


Un blog que une dos pasiones de la manera más simple, directa y completa posible - como sugiere su nombre: Arquitectura en Bici. Dejando a un lado las barreras técnicas y lingüísticas, es un blog que que cubre lo específico de su tema con un lenguaje accessible, cuyo autor domina a la perfección para describir edificios como a amigos, cafés, bicicletas, patios o almuerzos - amenudo en el mismo “post”. Y todo lo anterior a manera exquisita, by the way.

Sin embargo, el punto fuerte de Arquitectura en Bici, a la opinión modesta y no especializada de este lector, es la habilidad con la que despieza los edificios en sus elementos arquitectónicos constitutivos para develar la belleza de una decisión particular de estilo, material u orientación.

Vistos bajo esta óptica, los edificios se convierten en libros que el autor de ‘Arquitectura’ lee a perfección. Si los edificios son libros, cuentan historias y son testigos permanentes de la historia, de la historia de la humanidad. Lo que maravilla la mente y captiva la atención del lector es la manera como se teje la historia con la arquitectura, creando una trama narrativa que une la arquitectura con los estadistas, la cultura popular, los ciclos económicos, patrones artísticos, crisis políticas y los períodos restauradores que le siguen.

Cuando los edificios narran nuestra historia, es bueno tener alguien que los escucha y nos cuenta a los demás. Esto ocurre aquí. Disfruten de Arquitectura en Bici, aquellos afortunados que leen el idioma apropiadamente. Un enlace está ahora disponible en la columna a la derecha de su pantalla.

THE WRITE STUFF

jueves, 6 de noviembre de 2008

El Estudio Ana María


La forma en que José A. Caro Álvarez (1910-1978) hizo arquitectura, siempre ha despertado mi curiosidad. Ningún arquitecto o arquitecta del país ha sido tan ecléctico como don José Antonio. Nadie. Ni siquiera Humberto Ruiz Castillo (1895-1966).

Si se examina su obra con detenimiento habría que pensar que su ideología consistía en adoptar una arquitectura para cada tipo de proyecto, programa o necesidad. Las residencias las hizo en neohispánico, para los comerciales usó el moderno y a veces el Art Deco, y en buena parte de las instituciones del Estado aplicó una especie de neoclasicismo. Entonces, habría que hablar de las arquitecturas de Caro Álvarez.

En los años 30 hizo la art deco Casa Plavime (1936) con Leo Pou Ricart (1905-1976), y la Panadería Quico (1938c), para su padre, una mezcla de art deco y protomoderno. Tres joyas modernas: el Cuartel de Bomberos (1944), la Facultad de Medicina (1944) y la tienda El Gallo (1950), todas en Santo Domingo. La Secretaría de Educación (1955) y el Banco Central (1956) son de corte neoclásico. Y sus muchas residencias exhiben un riguroso neohispánico, como su propia casa en la calle Los Pinos.

Como promotor del Movimiento Moderno europeo, Caro Álvarez se sentía cómodo y varias de sus obras se acercan más al manifiesto que a lo construido. Hay una, sin embargo, que siempre ha llamado mi atención y es el Estudio Ana María (Pasteur 251, Gazcue) en un depurado moderno, que para confirmar su eclecticismo está, sin ningún reparo, al lado de la residencia neohispánica que hizo para Francisco Caro, su padre, en la esquina de la avenida Bolívar.

El Ana María era un estudio fotográfico y galería de arte construido en los tempranos años 50, y donde se instaló la retratista y fotógrafa de sociales Ana María Schwartz (¿?-1985), una alemana nacida en Hamburgo que llegó en la década de 1940 y lo hizo para quedarse. Incluía la vivienda de la fotógrafa, independiente pero subordinada a la imagen y escala del estudio. Para don José Antonio una mujer con el talento y la sensibilidad de la Schwartz debía tener un estudio fotográfico que reflejara esas cualidades y, sin pensarlo dos veces, le echó mano a su afiliación moderna.

Lo más relevante del Estudio Ana María es esa fuerte imagen y su escala, a pesar de ser una obra pequeña. Un gran edificio de un piso, cuando en realidad tenía dos. La imagen la fortaleció con el letrero sobre el enorme muro, levemente girado, revestido de madera. Lo hizo elegante como si fuera un gran portal o una marquesina frente a la calle. Ese es el truco.

Quien ve ahora este edificio en manos de la creatividad de una agencia publicitaria, ni se imagina que es la misma obra que he admirado tanto. Cuando montando bici le cuento a Felipe (Branagan) lo maravilloso que era el Estudio Ana María, pone esa cara de incrédulo que mete miedo. Ojalá pudiera encontrar una fotografía original para probarle que no miento. Ojalá.

Ver también GG: versatilidad estilística en PeNéLopE

lunes, 27 de octubre de 2008

Escuela Parroquial Santa Ana

La Parroquia Santa Ana atiende al barrio de Gualey en la parte alta de Santo Domingo, una zona urbana en la que viven trabajadores y capas humildes de la población. La escuela parroquial se desempeña en una precaria casita que ocupa un medio solar y en la que ni siquiera caben las niñas y los niños que reciben instrucción allí. Y el Padre Alejandro tiene un sueño que quiere realizar.

Para satisfacer la creciente demanda, el programa requería multiplicar por cinco el área actual de enseñanza y conservar un patio de tamaño similar al existente, pero además necesitan proveer servicios y administración.

La propuesta usa todo el solar y coloca a nivel de calle vestíbulo - foyer-, administración, baños y escalera en la misma entrada, para luego pasar a un gran salón independiente, con patios laterales, donde se instalan tres grupos del nivel parvulario. En días y horarios libres el salón se usa para conferencias y celebraciones comunitarias, reforzando la noción de un espacio público con vocación colectiva y social. El segundo piso es para aulas formales. En el techo, se recupera el solar y se convierte en patio de recreo con canchas y servicios.

La estrategia da la oportunidad de hacer un edificio de dos pisos que iguale al colindante y sobre este nivel se coloca la terraza jardín abierta con visuales y dominio de todo el vecindario.

Es un edificio muy pequeño, modesto y económico, que usa materiales tan humildes como la malla ciclónica -cyclone fence o hurricane fence-, pero tiene escala y carácter significativos que le identifican como una institución cívica de la comunidad. Pretende crear una identificación sólida y franca entre el vecindario y la misión parroquial. El sueño del Padre Alejandro.

Para visualizar, hacer click en las imágenes
Parroquia Santa Ana
Escuela Parroquial, Gualey, Santo Domingo, República Dominicana, 2008 (en proceso)

PROYECTO
Sánchez y Curiel, Arquitectos.
Andrés J. Sánchez y César Curiel, arquitectos
Plácido Piña, asociado al proyecto
César Antonio Curiel V., colaborador asociado

lunes, 20 de octubre de 2008

Fernando Salinas, mi mejor maestro

La publicación del testimonio de Pepín Choy en el blog, coincide con la reproducción de las cartas a Santo Domingo por Omar en Penélope. Esa coincidencia habla de la presencia permanence de Fernando entre nosotros.
Pla

Por José Antonio Choy López

Conocí a Fernando, como luego la amistad me permitió llamarle, cuando comencé a estudiar arquitectura en la CUJAE, en el curso 1968-69. Habíamos matriculado arquitectura más de cuatrocientos muchachos y muchachas de toda Cuba, por aquel entonces, en la única escuela de arquitectura del país. Allí había un hervidero de tendencias contradictorias, los que defendían el diseño y la cultura a ultranzas, sin concesiones de ningún tipo y los que pretendían reducir la profesión a rígidas tecnologías o a lo puramente constructivo.

Creo que mi “año” fue un “año” rebelde, muy a tono con lo que estaba pasando en Cuba y en el resto del mundo; al menos éramos distintos a otros cursos de la carrera, o así lo creíamos. Rápidamente se creó una empatía muy fuerte entre los profesores de la vanguardia del diseño, algunos alumnos de otros años y nosotros. Ellos representaban lo nuevo, lo verdaderamente revolucionario: Roberto Segre y Fernando Salinas, con Vivaldi o los Beatles de fondo, nos impartían conferencias magistrales y superactualizadas sobre el diseño en el mundo; Roberto Gottardi y Raúl González Romero eran un evangelio vivo, enseñando la génesis del diseño mismo; Vittorio Garatti nos hablaba de la ciudad de sus sueños, de La Habana refuncionalizada del futuro, rodeada de bosques y cordones verdes. O con los invitados, como Lezama que apareció aquella noche de fuertes vientos del año 1969 ó 1970, para hablarnos de su poesía, sentado sobre una caja de madera porque ya el asma y la gordura no le permitían subir al salón de conferencias; o Retamar que nos leyó antes de irse, su conferencia de Grenoble, sobre civilización y barbarie; o Teresita Fdez. con Wichi Nogueras, en el Salón Rojo, emocionada cantándonos “No puede haber soledad, mientras tú existas…”

Pero de todos estos recuerdos, el más valioso y entrañable, el que marcó para siempre mi vida de estudiante y profesional fue conocer a Fernando Salinas que poco a poco, en un pasillo cualquiera o sentados en el piso de un rincón olvidado de la escuela, iba transmitiéndonos a nosotros, quizás sus alumnos preferidos, el más elocuente y febril testimonio, de su iluminado y llameante pensamiento. Gracias a él, entendí muy pronto que la arquitectura antes que forma era idea y mejor aún, concepto profundo y germinador; que la técnica era un medio y nunca un fin en sí mismo, recordándonos siempre el proverbio chino “maneje una técnica infalible y déjese en manos de la imaginación”; que todas las escalas del diseño estaban interrelacionadas en un mismo sistema, lo que él conceptualizó como Diseño Ambiental, cuya sección creó en la UNEAC, pocos años antes de morir.

Tres ejemplos de su vida profesional sirvieron para que yo comprendiera la agudeza e inmensidad de su pensamiento. El primero fue el trabajo de estudiantes que dirigió y resultó premiado en la UIA 69 celebrado en Buenos Aires. En aquel trabajo dejó plasmadas sus ideas sobre una alternativa de ciudad del futuro: del módulo estructural como soporte flexible y participativo de la cotidianidad del nuevo ser social, a los espacios cambiantes de la vida urbana no enajenante; toda una compleja elaboración conceptual a todas las escalas del diseño del proyecto social cubano en su etapa más auténtica y utópica, nunca antes conceptualizado tan brillantemente como él lo hizo. Un moderno que asimiló lo mejor del pensamiento arquitectónico revolucionario del siglo XX, lo más actualizado de la teoría y la práctica del diseño del momento, para ponerlo en función de la sociedad; desgraciadamente incomprendido por algunos y a veces apartado por otros.

El segundo fue el trabajo realizado con los excelentes y talentosos estudiantes Nguyen Luan y José Achúcaro, este último ya desaparecido. Era un concurso sobre las estructuras del tiempo libre, para otro certamen de la UIA. Aquí el maestro, llega a la conclusión, que en la nueva sociedad el tiempo libre no existe, si este presupone un tiempo cautivo. Todo el tiempo es, o está destinado a transformarse y multiplicarse en tiempos de creación, que se vinculan en el espacio a partir de los traslados itinerantes del hombre en la ciudad. De ahí, que la estructura que se diseña para el tiempo libre o el tiempo creador sea una estructura para la peatonalidad urbana, que se transforma en galerías de circulación, espacios de exposiciones, servicios urbano, etcétera.

El tercer ejemplo que demuestra la agudeza conceptual del pensamiento de Salinas fue el premio que recibió la escuela en el Congreso de la UIA de Varna, esta vez dirigiendo un colectivo de estudiantes vietnamitas. El tema del concurso era el diseño de estructuras para el hombre frente a los desastres de la naturaleza. Él subvierte el tema del concurso y concluye que para Viet Nam, el mayor y más devastador desastre natural era producido por la guerra, y a partir de este concepto incuestionable, los estudiantes diseñan dirigidos por él todo un sistema ecológico y sustentable de estructuras de supervivencia frente a esta catástrofe producida por el hombre.

Estos tempranos ejemplos me demostraron lo genial de su pensamiento poético y rebelde; parte de la huella perdurable y permanente que dejó en la memoria y en el corazón de sus amigos y discípulos, que como yo aprendimos tanto de su desbordante alegría y su pasión por la arquitectura.
José Antonio Choy.
Arquitectura y Urbanismo, Vol. XXIII, No. 3/2002

lunes, 13 de octubre de 2008

Farmacia Lincoln, modelo live/work

Por lo regular cuando se habla de arquitectura es casi siempre sobre edificios importantes o de cierto relieve. Con frecuencia obras modestas quedan ignoradas y se pierde la oportunidad de aprender o valorar su significación tanto en el tiempo como en la ciudad.

Me doy cuenta que poca gente repara en la Farmacia Lincoln. Cuando Rafael Calventi (La Vega, 1932) la proyectó en 1968, la avenida Lincoln, en Santo Domingo, era otra cosa. De algún modo sus propietarios pensaron que era buen sitio para construir su casa y seguir con su farmacia a cuesta. Los esposos De Soto venían de la avenida Bolívar, donde vivían y gestionaban su Farmacia Bolívar. Así que esa asociación de farmacia y calle, como marca, la mantuvieron viva. También su estilo de vida.

Lo que hizo Rafael fue preservar esa tradición familiar y explorar una tipología, que como la de vivienda/trabajo -live/work- el desborde de la ciudad ya la había arrasado. Lo hizo de manera brillante con una arquitectura modesta, común y corriente. Mas bien doméstica.

El término live/work describe a las unidades de uso mixto (mixed-use) destinadas principalmente a vivienda pero con local o piso dedicado a trabajo; en contacto con los usuarios pero sin ser invadida la privacidad familiar por clientes o empleados. La tipología abarata el costo de la vivienda dado que el mayor valor del lote lo absorbe el comercio.

El Caribe está lleno de magníficos ejemplos tipológicos que enriquecen notablemente la calidad de vida de personas y comunidades. El país es rico en modelos propios con zaguanes o callejones. De La Vega todavía recuerdo, en diagonal al Parque de las Flores, el colmado/vivienda de los Domínguez (mi tío Rogelio y tía Cancán) y la tienda/vivienda de Bolívar Berrido. Los Matos, los Batista, los Isaac y los Teruel vivían en los altos de sus negocios. Estas y decenas de unidades similares mantienen la habitabilidad del centro y la amistad y solidaridad entre los vecinos. Quien piense que es nostalgia, se equivoca; se trata de un recurso para aprender de modelos y ejemplos valiosos. La Farmacia Lincoln es un buen exponente.

La residencia de los De Soto es completamente independiente a la farmacia adyacente, y el matrimonio, ya de envejecientes, aún la gestiona y se relaciona con clientes y vecinos. El edificio se distingue por su sencillez y es parte de esas exploraciones mediterráneas que hizo Rafael en su momento. Pero ojo, es de una arquitectura potente. La residencia tiene un “gran espacio público social”, con bóvedas catalanas, de extraordinaria belleza y proporciones.

El modelo live/work puede ser un arreglo que juegue su papel en el desarrollo de comunidades sostenibles (o sustentables) al reducir la necesidad de transportación y animar el desarrollo de pequeños negocios que mejoren la calidad de vida y la habitabilidad de la calle. Incluso en comunidades turísticas la mezcla siempre aporta y enriquece.

Las ciudades y pueblos dominicanos deberían enfocarse en estimular el desarrollo de vecindarios apropiados y de proyectar e imaginar lo que podría ser el futuro de lo construido.

Cuando voy a la Farmacia Lincoln (o paso en bici) valoro el deseo de los De Soto y la interpretación que hizo Rafael Calventi de sus aspiraciones. De eso se trata esta historia, de hablar de arquitectura con un ejemplo modesto, pero hecho con fundamento. Y aprender de ello.

lunes, 6 de octubre de 2008

Leyendo a la Torre Sonora

La Torre Sonora está prácticamente lista. Camino a casa la he visto crecer y hace un tiempo Felipe y yo pasamos en bici más de una vez, así que de algún modo ha estado en ruta con varias lecturas.

A cualquiera que pase por la avenida Abrahan Lincoln sería extraño que se le escape la silueta de 16 pisos de la Torre Sonora. A la mayoría le llama la atención su presencia esbelta y su propia composición, por lo que ya ha provocado muchas reacciones. También algunas enseñanzas.

Lo que me atrae es su conducta urbana. La ocupación del suelo. Eso que llaman "huella" -foot print- y que no es otra cosa que su propio tamaño con el que llena el solar. La primera planta comercial cubre toda el área construible y luego se reduce con el retranqueo de los siguientes pisos de oficinas, para seguir con pisos de apartamentos de mucho menor tamaño. Esa reducción significativa de la huella acentúa su esbeltez y libera su figura.

Tiene lo que siempre creo es un valor en la construcción de la ciudad y es la mezcla de funciones: comercio, oficina y vivienda. Las nuevas torres han estado abandonando esa noción. A la normativa del "polígono central" parece le faltó imaginar una idea de ciudad y, por tanto, no estimula la compatibilidad del ocio, el trabajo y la vivienda en un mismo lote. Anula la oportunidad de tener las facilidades de la vida cotidiana al alcance del peatón. La consecuencia es que ahora se camina frente a estacionamientos continuos en la planta baja de los edificios y eso afecta seriamente la habitabilidad de la calle -contrario a La Habana o a Buenos Aires- y provoca una hostilidad peligrosa. La Torre Sonora planta cara en otra dirección.

Cuando leo este edificio valoro la mezcla de funciones que enriquece la dinámica de la calle y acentúa la esquina. Parece que los locales de oficinas tuvieron una acogida mayor de lo esperado y sus desarrolladores decidieron aumentar la oferta, pero lo curioso e inteligente es que lo hicieran sin alterar la fisonomía, por lo que los pisos 8 y 9 mantienen esa forma dinámica que tienen los  apartamentos, aunque su uso sea distinto. Esto trae a colación la cuestión de hasta dónde hay una imagen clara para vivienda y otra para oficina, en lo que el reciente edificio 40 Bond de Herzog & De Meuron en NYC es tema de controversia.

La Torre Sonora está casi a punto de ser ocupada y aunque tengo mis reservas a ciertas soluciones, reconozco que desde ya atrae por la articulación moderna a la que apunta su propia geometría y el tratamiento de sus fachadas.

En un momento en que buena parte de los nuevos edificios de apartamentos parecen cortados por la misma tijera, la Torre Sonora es un respiro. José Daniel Romero, su arquitecto, ha dado una lección de la forma en que se puede ocupar la ciudad en beneficio de ella misma. Y eso sí que me gusta. Con ella, José Daniel consolida una presencia. Ahora no sólo se le identificará como el arquitecto de la galardonada "Casa de las Piedras" de Jarabacoa (mención de honor -diseño arquitectónico- VIII BIASD y 3er lugar -edificación sustentable- XVI Premio Cemex), sino también por su "torre ejecutiva". Lo aplaudo.
planta abierta (8 y 9)
¡ADVERTENCIA! Acabo de notar que la ampliación de la acera establecida por la normativa se está construyendo de forma que permita el estacionamiento en ella. Eso sería grave. El Departamento de Defensoría y Usos de Espacio Público del ADN debería evitar la apropiación del espacio ciudadano.