sábado 7 de marzo de 2009
viernes 27 de febrero de 2009
Parque de las Flores... de noche




No es Londres, pero por algún lado tenemos que comenzar.... Parque de las Flores, La Vega.
José Joel (Martínez), fotógrafo
miércoles 25 de febrero de 2009
Arquitectura en Cessna
lunes 26 de enero de 2009
Contenedor o furgón en los bajos de Haina

En los días del paseo en bici con Felipe (Branagan) por los bajos de Haina y Nigua, al oeste de Santo Domingo, acababa de recibir Container Architecture, donde se reseña el desarrollo de una arquitectura, o al menos de un modo de construir, usando el contenedor como si fuera un Lego gigante. En el libro se muestran ejemplos de edificios públicos, vivienda colectiva y proyectos conceptuales hechos con el contenedor como unidad constructiva.
Desde que Malcom Mclean lo introdujo hacia 1956, en la forma en que se conoce hoy, el container ha ocupado la imaginería de arquitectos y diseñadores. Son famosas las obras de Shigeru Ban (Nonadic Museum -NM- y Papertainer Museum -PM-), y en especial la propuesta de LOT-EX para su MDU (Mobile Dwelling Unit). En Santo Domingo, al menos tengo vivo la Furgovilla (1996-2004) de Daniel Pons.
La aplicación que he visto en los bajos de Haina y Nigua está lejos de pretender ser una arquitectura popular con furgón, sino más bien el uso popular del mismo, donde se une la precariedad con el ingenio. Por eso me llamó la atención encontrar tantos ejemplos de empleo del contenedor para proveer facilidades comerciales.
Haina, que pertenece a la provincia San Cristóbal, es lo que se conocería como un distrito industrial. El desarrollo del puerto marítimo, las zonas francas industriales y las instalaciones de producción energética y de refinamiento de petróleo han caracterizado un desarrollo que tiene sus antecedentes en el viejo ingenio azucarero Río Haina (1950). Esa tradición ha conformado una población obrera calificada con altas destrezas y habilidades manufactureras. Quizá el caso más notorio en la República Dominicana.
En estos poblados los domingos son días que generan mucha actividad comercial y de recreación, y la gente vive virtualmente en la calle. Allí, la vía pública es un espacio de integración social. De modo que ver esos furgones abiertos, en plena actividad junto a la acera, es una nota recurrente de interés. Para la gente de Haina -panal de avispas- el furgón es su entorno, su paisaje, y un material de reciclaje capaz de incorporarse como reconversión habitable a sus estructuras existentes.
De lo culto a lo popular, se le llame container, contenedor o furgón, esta unidad sigue siendo un estímulo y un reto; así que encontrarlo en los bajos de Haina y Nigua con usos tan diversos, atrajo mi atención de un modo especial. Eso sí, sin pretender explorar el tema. Se lo advertí a Felipe.
Fotos de Maxi
lunes 19 de enero de 2009
El Policlínico de Nigua

En 1961, cuando entré a la universidad, José Rincón Mora (Cotuí, 1939) terminaba su carrera. De ese cruce recuerdo la ocasión en que revisando un ejemplar de L'Architecture d'Aujourd'hui, José se acercó al grupo y comentó que todo lo que se publicaba allí era la mejor arquitectura del mundo. Una curiosidad intranscendente, si no fuera porque en ese momento teníamos abierta la revista en las esculturas habitables de André Bloc, su fundador, y con el que parecía identificarse por su propia condición de artista y arquitecto.
La anécdota la recordé cuando hace unos días, en un recorrido en bici por los bajos de Haina y Nigua, me topé con el Policlínico Nuestra Sra. De Las Mercedes (1989) que José Rincón construyó junto al Leprocomio con los auspicios de la Fundación Domínico-Alemana.
José Rincón ha hecho su arquitectura como una vertiente de la obra plástica y creo que probablemente su primera exploración fue su propia casa (1975), en la residencia de su madre. De ahí en adelante toda su obra está hecha al modo de la arquitectura Pueblo, como se conoce a la arquitectura de adobe característica de Santa Fe, Nuevo México y del Pacífico mejicano de la Baja California. Es posible relacionarla con la del norte de África, pero es más que nada, Pueblo.
El Policlínico de Nigua tiene ese encanto de aparentar ser hecho en adobe, trabajado con las manos y con sensibilidad artística. Esa particularidad única lo convierte en un edificio público, en una institución que representa o inspira una identidad en la comunidad. Su capilla abierta, entregada a todo creyente y creencia apoya esa vocación institucional.
En este edificio se pone de manifiesto la habilidad de José Rincón para manejar la luz y el detalle. Sus ventanas, por ejemplo, son un estudio de las funciones de ventilación, protección e iluminación tratadas con formas y respuestas independientes, pero convertidas en un gesto poético.
Revisitar el Policlínico de Nigua con Felipe (Branagan) me puso en perspectiva y valor una obra especial, hecha con una libertad, pasión y sensibilidad poco frecuentes. Esa inspiración de escultura habitable o arquitectura escultórica relacionada con la terracota, en la que siempre ha estado envuelto José Rincón Mora, y con la que ha desarrollado un vocabulario personal de signos, texturas, detalles y color, lo identifican a leguas y constituye un referente en la arquitectura dominicana.

Fotos de Maxi
jueves 15 de enero de 2009
Embassy Staircase... la paramétrica


Si hay algo que queda registrado para siempre en la memoria, es el primer proyecto profesional. Sin que tenga que ver la magnitud o trascendencia; en esa primera obra está con frecuencia lo que podría ser una impronta. Y si, además, hay una búsqueda o un logro, queda una satisfacción y estímulo que perduran. Es el caso de Andrés Eduardo Sánchez (Santo Domingo, 1982) y su Embassy Staircase.
Andrés Eduardo recibió el encargo de la Embajada Británica en Santo Domingo para reemplazar la escalera que une las oficinas de la cancillería con las del consulado. Un proyecto sencillo que lo convirtió en una exploración, en experiencia memorable, trascendente. ¡Un lujo!
Lo que era una simple caja de escalera, la transformó en una secuencia espacial llena de sorpresas y elementos cambiantes que crean esa sensación única del significado de ascender o descender y su conexión espacial, sensorial y psicológica.
Cuando se sube apenas se percibe un primer tercio -un diálogo tenso ente escalones y barandillas- y la sensación de que ahí concluiría la experiencia; pero el siguiente tramo, que no tiene nada que ver con la espacialidad del anterior, introduce una nueva verticalidad, para luego girar en paralelo a un último tramo totalmente sorpresivo y dominado por un panel-paramétrico de admirable destreza.

En el segundo piso la escalera desaparece y el vestíbulo queda limitado por el panel-paramétrico que filtra la luz. Bajar, entonces, se convierte en una sensación casi lúdica, con otras sorpresas e incertidumbres, pero esta vez cargadas de una ola expansiva embriagante.
Después de su maestría en Pratt Institute, NY -ver proyecto de tesis en el blog, Andrés Eduardo Sánchez ha estado colaborando en Simples Arquitectura y desarrollando propuestas privadas. Su Embassy Staircase es su primer encargo y está hecho con una propuesta que sorprende y entusiasma. Un buen augurio.
Aunque faltó Felipe (Branagan) y la bici, la Embassy Staircase, cautiva, emociona...
viernes 2 de enero de 2009
Al monte en bici
Estoy persuadido que la mejor manera de entender, estudiar y atrapar una ciudad es haciendo recorridos en bici. Sólo o con interlocutores, explorar los espacios urbanos a ese ritmo de desplazamiento abre sensibilidades impensables. Eso me sucede en cada pueblo o ciudad del país que he recorrido y también en lugares tan dispares como La Habana, Boston o la isla de San Martín. Montar en Puerto Rico sigue siendo una asignatura pendiente. El año pasado estuve en un tris de hacer el tour de los cinco boroughs de Nueva York; espero lograrlo este 2009.
Ahora, cuando se atraviesan en bici los caminos y trillos de los campos dominicanos es una experiencia totalmente distinta. Absolutamente. El trillo es un camino muy estrecho abierto entre montes y maleza para el paso de animales y personas, y siempre lo recorro con la sensación de estar en las primeras vías de comunicación que abren las comunidades rurales y el anticipo a cualquier noción urbana que se pudiera derivar.
De modo que cuando me integré a este paseo del domingo 21 de diciembre pasado, estaba preparado para un monteo duro, como lo fue -55 Km. y de ellos 35 por caminos y trillos- pero ni suponía la tremenda alegría y el sentido de solidaridad que encontraría. Los ciclistas de montaña son personas especiales.
El paseo terminó con una comida navideña preparada ahí mismo, en el campo, junto al río El Higüero, y después de un recorrido hermoso que incluyó el cruce de cuatro ríos o quizá el mismo río cuatro veces.
Disfrutar del campo en bici y de la arquitectura vernácula es una experiencia siempre estimulante, pero hacerlo con los Gomas Anchas y MTBdominicana, eso... es lo máximo. Fue un buen final de año que augura muchos otros paseos excitantes para este 2009. Las fotos lo atestiguan.
Tanto la ciudad como el campo son completamente diferentes cuando se recorren en bici. Eso lo garantizo.
miércoles 31 de diciembre de 2008
Hotel de las Artes
martes 30 de diciembre de 2008
La arquitectura y las ciudades cubanas en la encrucijada de la cultura y la sociedad.

por José A. Choy.
"La ciudad no es una retahíla de edificaciones, sino la creación más espiritual de nuestra civilización y, con el lenguaje, la más grande obra de arte creada por el hombre. Es el lugar de la cultura, el espacio público por excelencia, el lugar de la civilización."
ROGELIO SALMONA
"La cultura ambiental es […] memoria, realidad e imaginación."
FERNANDO SALINAS
La ciudad
Las ciudades y pueblos cubanos son el patrimonio más relevante de la cultura material de la Nación.
Las ciudades sintetizan, en el complejo proceso de origen y desarrollo de sus formas físicas, los valores espirituales y las aspiraciones de la sociedad. La ciudad es el lugar donde la economía, las determinantes sociales, la política y la ideología se representan físicamente en la tectónica de lo urbano, a través de la cultura y la historia.
El caso cubano es singular y ejemplar. Por más de cuarenta años las ciudades y los pueblos cubanos han quedado como detenidos en el tiempo, sin apenas intervenciones que reflejen las aspiraciones y la riqueza de los cambios sociales. De ahí que en su mayoría se nos presenten hoy como testimonios, ruinas contemporáneas del esplendor de una cultura pasada que sobrevive gracias a la dinámica de sus habitantes en yuxtaposición a estos escenarios decadentes. El abandono que han padecido nuestras ciudades, en aras del desarrollo social fuera de su marco físico, la pobreza producto de limitaciones económicas, y por suerte, la ausencia de las operaciones de especulación urbana características de los años 70 y 80 en América Latina y el Caribe, permitieron que, paradójicamente, estos procesos que destruyeron gran parte del patrimonio urbano del continente, preservaran la imagen y trazas de las ciudades cubanas.
Este panorama desolador es a la vez un reto y estimulo para construir un futuro optimista. Requiere de un esfuerzo actual y colectivo para relanzar los pueblos y las ciudades cubanas apoyados en el aprendizaje que nos da esa tradición y riqueza urbana heredada.
La Habana es un ejemplo donde los problemas se agudizan. Por un lado, la capital representa el tesoro construido más importante del patrimonio cultural y espiritual del país y por otro, el deterioro creciente somete la ciudad a un estado de peligro inminente. Perder la capital, o parte de ella, es perder una parte de nuestra historia y de nuestra identidad.
Preocupa la falta de estrategias y políticas para enfrentar esta realidad. El ejemplo excepcional del Centro Histórico de La Habana, por ser una operación integral de trascendencia cultural, social y humana, debería servir de plataforma para discutir el destino de la ciudad toda. Cienfuegos, Trinidad, Camagüey y Santiago de Cuba apuntan en la misma dirección de preservación de entornos únicos. Si las instancias de la sociedad toman conciencia de la importancia de esta situación, dentro de unos pocos años se podría revertir ese proceso de deterioro y enajenación que sufren edificaciones valiosas, calles memorables y barrios armónicos, hoy en ruinas.
La necesidad de una política prioritaria para ciudades y pueblos dentro de los programas de desarrollo, más que una carga para el presupuesto del Estado, podría ser una vía de desarrollo social. Las experiencias evidencian que operaciones urbanas a gran escala, como la del Centro Histórico de la Habana Vieja, pueden autofinanciarse y crear riquezas para la economía del país. Mostrar en el futuro las cualidades abrillantadas de La Habana por la sabia restauración o las intervenciones contemporáneas adecuadas, tiene su precio pero también su recompensa, no sólo cultural o por la entrada de nuevos recursos financieros, sino también, y sobre todo, por propiciar el bienestar de la población y superar la complicidad con la desidia y el abandono.
La arquitectura
El proceso de desarrollo de una arquitectura situada a la vanguardia de América Latina y el Caribe en los años 50 y potenciada con aires renovadores al triunfo de la Revolución durante los años 60, cayó posteriormente en un peligroso y silencioso anonimato cultural. Es preciso reorientar la práctica y recuperar los espacios perdidos
La insuficiente proyección cultural de la arquitectura actual resulta de su falta de calidad y de su limitado impacto social. Este empobrecimiento hace que sea muy escasa su incidencia en el arte y la cultura cubanos y que se haya mantenido por demasiado tiempo fuera de los espacios de la crítica y de los debates culturales, en contraste con el papel cada vez más activo que hoy tiene la arquitectura en el panorama internacional del arte y la cultura.
La falta de enfoque cultural se nutre, también, de la limitada y uniforme formación de las arquitectas y arquitectos cubanos. Las escuelas mantienen planes de estudios similares, a pesar de que las situaciones locales y las motivaciones culturales de cada región son diferentes. Por otro lado, la formación debería fundamentarse, por encima de otras consideraciones técnicas o prácticas del momento, en una visión humanista, que defina el gran alcance social y cultural de la profesión.
Esta nueva perspectiva debería situar a las ciudades cubanas como el ideal de toda la creación arquitectónica. Ellas son el bien más preciado, respetarlas y entenderlas garantizaría una práctica profesional sólida, encaminada a la tarea más importante del futuro del país: su reanimación y recuperación. En este ámbito en constante renovación, reciclar y hacer ciudad dentro de la ciudad será un proceder válido. La calidad de vida ciudadana se elevará sustancialmente, enriquecida por la eficacia de la vivienda, de los lugares de trabajo y de la calidez y cualificación estética de los espacios públicos.
Por otro lado, las formas dogmáticas y muy centralizadas de la producción de la arquitectura dejan poco margen al ambiente creador. La arquitectura, por vocación y destino propio, es la mayor entre todas las manifestaciones de las artes visuales.
La exclusiva organización de la actividad de proyecto desde las grandes empresas, con estructuras heredadas de la época del CAME, impide la convivencia de otras alternativas de producción. El pequeño taller o estudio de asociados por afinidad de ideas es, desde el Renacimiento, la célula básica para que la creación arquitectónica se desarrolle convenientemente. Liberar la creación arquitectónica de ataduras burocráticas y centralizadas estimularía, de inmediato, en todo el país el florecimiento del talento adormecido de las arquitectas y los arquitectos cubanos. Estas motivaciones irían en armonía con la sociedad socialista a la que se debe aspirar.
Los indicios recientes de que a través de las asociaciones de base de la Unión de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción (UNAICC), de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y otras posibles alternativas, muestran que se pueden potenciar formas más frescas y adecuadas para producir proyectos arquitectónicos de calidad y podrían ser las responsables de lograr que la diversidad productiva se realice con la legalidad y ética necesarias. Es una oportunidad notable para sacar la práctica de la arquitectura del estado de empobrecimiento en que se encuentra y ponerla al lado de la responsabilidad social y creativa que se demanda.
Confluencias favorables
A pesar de la crisis en que se encuentran nuestras ciudades y la arquitectura cubana, el futuro cercano se presenta promisorio.
En marzo de este año, el Centro Teórico-Cultural Criterios, sometió a debate el tema de la arquitectura (hecho inédito en un medio de tanto prestigio) en el ciclo de análisis del “quinquenio gris”. El poder de convocatoria del centro, permitió que un numeroso y heterogéneo grupo de intelectuales, arquitectos, ingenieros, críticos, artistas y estudiantes, participara en la conferencia magistral ofrecida por Mario Coyula y en los debates subsiguientes vía correo electrónico. Este hecho mostró el valor del debate democrático.
La Gaceta de Cuba, una de nuestras más prestigiosas revistas culturales, dedica el dossier del presente número a este tema. Importantes teóricos y críticos del urbanismo como disciplina, y la arquitectura como teoría y práctica han aceptado colaborar. Más de una decena de personalidades de la cultura, escritores, artistas, arquitectos y teóricos responden sobre el papel que debería desempeñar la arquitectura en el arte y la cultura de nuestro país.
La Gaceta, como siempre, está al lado de los tópicos más candentes y apremiantes de la cultura cubana. Su contribución a la divulgación de parte del pensamiento que gira alrededor de grandes problemas, anima su discusión y clarificación, y sirve al debate y al debido ejercicio de la profesión y la cultura.
El próximo Congreso de la UNEAC, contemplará en su agenda de discusiones el tema “Ciudad, Cultura y Arquitectura”; sin dudas, una valiosa contribución de los intelectuales, artistas y arquitectos cubanos al análisis medular del tema que involucra el arte y la arquitectura, la cultura y toda la sociedad.
Son todas, confluencias favorables.
Crisis en el idioma chino, como gustaba decir el maestro Sergio Baroni, se representa con un ideograma compuesto por dos signos: peligro y oportunidad. La peligrosa encrucijada en que se encuentran las ciudades y la arquitectura cubanas, tiene todavía la oportunidad de definir una política cultural que guíe la acción del Estado. Es un reto que se debe enfrentar con ilusión y coraje.
Octubre, 2007.
José A. Choy.
Las ciudades sintetizan, en el complejo proceso de origen y desarrollo de sus formas físicas, los valores espirituales y las aspiraciones de la sociedad. La ciudad es el lugar donde la economía, las determinantes sociales, la política y la ideología se representan físicamente en la tectónica de lo urbano, a través de la cultura y la historia.
El caso cubano es singular y ejemplar. Por más de cuarenta años las ciudades y los pueblos cubanos han quedado como detenidos en el tiempo, sin apenas intervenciones que reflejen las aspiraciones y la riqueza de los cambios sociales. De ahí que en su mayoría se nos presenten hoy como testimonios, ruinas contemporáneas del esplendor de una cultura pasada que sobrevive gracias a la dinámica de sus habitantes en yuxtaposición a estos escenarios decadentes. El abandono que han padecido nuestras ciudades, en aras del desarrollo social fuera de su marco físico, la pobreza producto de limitaciones económicas, y por suerte, la ausencia de las operaciones de especulación urbana características de los años 70 y 80 en América Latina y el Caribe, permitieron que, paradójicamente, estos procesos que destruyeron gran parte del patrimonio urbano del continente, preservaran la imagen y trazas de las ciudades cubanas.
Este panorama desolador es a la vez un reto y estimulo para construir un futuro optimista. Requiere de un esfuerzo actual y colectivo para relanzar los pueblos y las ciudades cubanas apoyados en el aprendizaje que nos da esa tradición y riqueza urbana heredada.
La Habana es un ejemplo donde los problemas se agudizan. Por un lado, la capital representa el tesoro construido más importante del patrimonio cultural y espiritual del país y por otro, el deterioro creciente somete la ciudad a un estado de peligro inminente. Perder la capital, o parte de ella, es perder una parte de nuestra historia y de nuestra identidad.
Preocupa la falta de estrategias y políticas para enfrentar esta realidad. El ejemplo excepcional del Centro Histórico de La Habana, por ser una operación integral de trascendencia cultural, social y humana, debería servir de plataforma para discutir el destino de la ciudad toda. Cienfuegos, Trinidad, Camagüey y Santiago de Cuba apuntan en la misma dirección de preservación de entornos únicos. Si las instancias de la sociedad toman conciencia de la importancia de esta situación, dentro de unos pocos años se podría revertir ese proceso de deterioro y enajenación que sufren edificaciones valiosas, calles memorables y barrios armónicos, hoy en ruinas.
La necesidad de una política prioritaria para ciudades y pueblos dentro de los programas de desarrollo, más que una carga para el presupuesto del Estado, podría ser una vía de desarrollo social. Las experiencias evidencian que operaciones urbanas a gran escala, como la del Centro Histórico de la Habana Vieja, pueden autofinanciarse y crear riquezas para la economía del país. Mostrar en el futuro las cualidades abrillantadas de La Habana por la sabia restauración o las intervenciones contemporáneas adecuadas, tiene su precio pero también su recompensa, no sólo cultural o por la entrada de nuevos recursos financieros, sino también, y sobre todo, por propiciar el bienestar de la población y superar la complicidad con la desidia y el abandono.
La arquitectura
El proceso de desarrollo de una arquitectura situada a la vanguardia de América Latina y el Caribe en los años 50 y potenciada con aires renovadores al triunfo de la Revolución durante los años 60, cayó posteriormente en un peligroso y silencioso anonimato cultural. Es preciso reorientar la práctica y recuperar los espacios perdidos
La insuficiente proyección cultural de la arquitectura actual resulta de su falta de calidad y de su limitado impacto social. Este empobrecimiento hace que sea muy escasa su incidencia en el arte y la cultura cubanos y que se haya mantenido por demasiado tiempo fuera de los espacios de la crítica y de los debates culturales, en contraste con el papel cada vez más activo que hoy tiene la arquitectura en el panorama internacional del arte y la cultura.
La falta de enfoque cultural se nutre, también, de la limitada y uniforme formación de las arquitectas y arquitectos cubanos. Las escuelas mantienen planes de estudios similares, a pesar de que las situaciones locales y las motivaciones culturales de cada región son diferentes. Por otro lado, la formación debería fundamentarse, por encima de otras consideraciones técnicas o prácticas del momento, en una visión humanista, que defina el gran alcance social y cultural de la profesión.
Esta nueva perspectiva debería situar a las ciudades cubanas como el ideal de toda la creación arquitectónica. Ellas son el bien más preciado, respetarlas y entenderlas garantizaría una práctica profesional sólida, encaminada a la tarea más importante del futuro del país: su reanimación y recuperación. En este ámbito en constante renovación, reciclar y hacer ciudad dentro de la ciudad será un proceder válido. La calidad de vida ciudadana se elevará sustancialmente, enriquecida por la eficacia de la vivienda, de los lugares de trabajo y de la calidez y cualificación estética de los espacios públicos.
Por otro lado, las formas dogmáticas y muy centralizadas de la producción de la arquitectura dejan poco margen al ambiente creador. La arquitectura, por vocación y destino propio, es la mayor entre todas las manifestaciones de las artes visuales.
La exclusiva organización de la actividad de proyecto desde las grandes empresas, con estructuras heredadas de la época del CAME, impide la convivencia de otras alternativas de producción. El pequeño taller o estudio de asociados por afinidad de ideas es, desde el Renacimiento, la célula básica para que la creación arquitectónica se desarrolle convenientemente. Liberar la creación arquitectónica de ataduras burocráticas y centralizadas estimularía, de inmediato, en todo el país el florecimiento del talento adormecido de las arquitectas y los arquitectos cubanos. Estas motivaciones irían en armonía con la sociedad socialista a la que se debe aspirar.
Los indicios recientes de que a través de las asociaciones de base de la Unión de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción (UNAICC), de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y otras posibles alternativas, muestran que se pueden potenciar formas más frescas y adecuadas para producir proyectos arquitectónicos de calidad y podrían ser las responsables de lograr que la diversidad productiva se realice con la legalidad y ética necesarias. Es una oportunidad notable para sacar la práctica de la arquitectura del estado de empobrecimiento en que se encuentra y ponerla al lado de la responsabilidad social y creativa que se demanda.
Confluencias favorables
A pesar de la crisis en que se encuentran nuestras ciudades y la arquitectura cubana, el futuro cercano se presenta promisorio.
En marzo de este año, el Centro Teórico-Cultural Criterios, sometió a debate el tema de la arquitectura (hecho inédito en un medio de tanto prestigio) en el ciclo de análisis del “quinquenio gris”. El poder de convocatoria del centro, permitió que un numeroso y heterogéneo grupo de intelectuales, arquitectos, ingenieros, críticos, artistas y estudiantes, participara en la conferencia magistral ofrecida por Mario Coyula y en los debates subsiguientes vía correo electrónico. Este hecho mostró el valor del debate democrático.
La Gaceta de Cuba, una de nuestras más prestigiosas revistas culturales, dedica el dossier del presente número a este tema. Importantes teóricos y críticos del urbanismo como disciplina, y la arquitectura como teoría y práctica han aceptado colaborar. Más de una decena de personalidades de la cultura, escritores, artistas, arquitectos y teóricos responden sobre el papel que debería desempeñar la arquitectura en el arte y la cultura de nuestro país.
La Gaceta, como siempre, está al lado de los tópicos más candentes y apremiantes de la cultura cubana. Su contribución a la divulgación de parte del pensamiento que gira alrededor de grandes problemas, anima su discusión y clarificación, y sirve al debate y al debido ejercicio de la profesión y la cultura.
El próximo Congreso de la UNEAC, contemplará en su agenda de discusiones el tema “Ciudad, Cultura y Arquitectura”; sin dudas, una valiosa contribución de los intelectuales, artistas y arquitectos cubanos al análisis medular del tema que involucra el arte y la arquitectura, la cultura y toda la sociedad.
Son todas, confluencias favorables.
Crisis en el idioma chino, como gustaba decir el maestro Sergio Baroni, se representa con un ideograma compuesto por dos signos: peligro y oportunidad. La peligrosa encrucijada en que se encuentran las ciudades y la arquitectura cubanas, tiene todavía la oportunidad de definir una política cultural que guíe la acción del Estado. Es un reto que se debe enfrentar con ilusión y coraje.
Octubre, 2007.
José A. Choy.
lunes 29 de diciembre de 2008
Residencial Gran Hotel
viernes 26 de diciembre de 2008
Integración Juvenil
Propuesta
Centro de Formación Laboral. Integración Juvenil
Puerto Plata, República Dominicana. (2008)
Puerto Plata, República Dominicana. (2008)
Arq. Esteban -Yuyín- González (Santo Domingo, 1982)
miércoles 24 de diciembre de 2008
La casa de la Rosa Duarte

Cuando estudié el bachillerato en Santo Domingo en los años 50, el colegio -si tenía buenas notas- me permitía salir los domingos a visitar mis familiares. Mis primos vivían en casas y apartamentos modernos y yo, un chico de pueblo, me quedaba siempre maravillado de lo que era el mundo de la capital. Así conocí algunas obras que ahora son registros históricos y que no hay manera de que me las saque de la cabeza. A veces hasta veo en mis recuerdos la calidad de la luz que penetra desde un patio interior. En ese tiempo caminaba la ciudad todos los domingos.
Uno de mis primos vivía en la calle Rosa Duarte, Gazcue, en un apartamento probablemente de Reid y Reyes; pero al lado había una casa que no sé por qué me cautivó a tal punto que a cada rato correteaba por su escalera y zaguanes. Ni soñaba entonces que estudiaría arquitectura, pero sé que esa casa me atrapaba.
Ya en la universidad, tuve a Julio Hernández Santelises (Santiago, 1927) de profesor de acústica y clima; me enteré que el mismo Julito había hecho la casa de la Rosa Duarte No.6, no me lo podía creer. Julito era un profesor culto, dedicado y admirado, así lo recuerdo siempre. Años después, trabajando con Rafael Calventi, cruzaba por mis Cremas al colmado al doblar de la esquina y pasaba ratos contemplando la casa. Ahora, Felipe (Branagan) se queda atónito cuando me ve ensimismado cada vez que pasamos en bici frente a ese lugar.
Julito Hernández es uno de los arquitectos de Santiago siempre dedicado al experimento y debe haber sido de los primeros en apasionarse con la prefabricación ligera. Siempre me he preguntado lo que tendría en la cabeza cuando hizo esa casa en 1953, para su padre, el compositor Julio Alberto Hernández.
La casa de la Rosa Duarte es en realidad dos en una y cada una completamente independiente de la otra, pero hecha de tal modo que parece una sola bien grande. Para logralo usó un techo fragmentado que abarca las dos viviendas y que se desplaza y gira para también ser el apoyo de la escalera exterior, englobando una variedad espacial de admirable riqueza. El uso apropiado del calado de cemento -bloques ornamentales- y de la ventilación natural cruzada, evidencia una dedicación especial a los temas tropicales de bienestar ambiental. No se parecía a ninguna otra casa. Una pieza verdaderamente ejemplar.
Mi alegría ahora es que cuando vi en la exhibición Home Delivery la foto del prototipo "House in the Garden" que Marcel Breuer construyó en el MoMA en 1949, vino a mi memoria la casa de Julio Hernández. Que Julito desarrollara un esquema similar en los años autárquicos de la dictadura, me llenó de satisfacción y orgullo.
Así que de algún modo Felipe debe entender mis razones para admirar la casa de la Rosa Duarte. Cuando un edificio o experiencia urbana se queda en los recuerdos, es imposible deshacerse de ello.


Casa en calle Rosa Duerte No. 6, Gazcue. Santo Dominmgo, 1953
lunes 22 de diciembre de 2008
Apartamentos en Alma Mater
11 Dic. 2008 13:59:18Pla,
Buscando una papelería, esta mañana me topé con este edificio en la esquina sureste de la Benigno Filomeno Rojas con Alma Mater. Es uno de esos condominios de dos pisos que abundan en la zona universitaria. Siempre me ha gustado, desde que Carbonelito (Harry Carbonell) me lo "presentó" hace ya unos años.
Me llama la atención lo armonioso de la composición, sobretodo la fachada oeste con la escalera, y la forma en que la doble banda, que abarca ambas fachadas, produce un efecto de doble altura en la esquina enfatizado por el muro de barro.
Nunca he sabido mucho sobre su historia, pero ojalá en uno de tus paseos con Felipe (Branagan) lo reveas y podamos enriquecernos con las "lecturas".
Abrazos,
Ja'el (García)
11 Dic. 2008 18:56:12Ja'el,
Felipe y yo hemos pasado varias veces en bici frente a ese edificio cuando en ocasiones hacemos recorridos por la zona. Una buena parte de las casas y apartamentos que se construyeron en los alrededores de la Ciudad Universitaria son de la década de 1950, y de inicios de los 60. Muchas familias que se trasladaban a Santo Domingo para que sus hijos e hijas estudiaran en la universidad se mudaban allí para estar a distancia de a pie. La zona universitaria era para entonces muy cotizada, con una trama continua y buena calidad de vida. Varios arquitectos importantes han dejado su impronta en el área; cerca de ese edificio, José Fermín Villanueva hizo un row houses muy interesante, y uno de los primeros condominios que se hicieron con el FHA, en la calle José Contreras (1969).
El edificio que comentas lo recuerdo, además, porque muy cerca, casi al frente, estudiaba con Ángel Haché en casa de Félix Montes de Oca en mis años universitarios. En el segundo piso vivía el ingeniero Orlando Haza, pero desconozco el arquitecto que lo proyectó.
El modelo de edificio de apartamentos como si fueran casas superpuestas predominó en esa época. Y éste, como lo haces notar, es particularmente interesante por la fuerte cáscara de la esquina contra el muro ciego del oeste; pero también por la transparencia y vacío de la escalera exterior y del balcón. Fíjate que al norte, detrás de la máscara, la fachada es bastante elemental; la fuerza descansa en el enmarcado y la esquina vacía. Seguro que también notaste el pequeño gesto inclinado que hacen las "bandas" en el oeste.
Lo que si te cuento, Jaelito, es que no hay nada como recorrer la ciudad en bici. Con o sin Felipe, aunque mejor con él. El domingo pasado fuimos con dos amigos por los montes del norte de la capital y nos bañamos en el río El Higüero. Eso no tiene precio!
Afectos,
Pla

la bici que se va a comprar Ja'el
jueves 18 de diciembre de 2008
La Casa TES y el New Style (y II)

Residencia Contreras Jorge. Calle República Argentina, Santiago. 1969
A Juan Caminero, se le reconoce humor e ingenio para sacar a flote las situaciones claves que identifican el momento. Johnny inventó eso del "New Style", lo hizo con una propiedad que todos reconocieron, y aquello se regó como pólvora. También inventó lo de “Eje Italia”, un epíteto que estaba muy lejos de denostar y sólo era un código para identificar en la escuela de arquitectura a Rafael Calventi, Víctor Bisonó y a la pareja de Cott y Gautier, todos graduados en Italia. Lo hacía en contraposición a la presencia de Fred Goico formado en USA. A nadie se le ocurriría aclarar que fue idea de Johnny. Todo el mundo lo sabía.
Al año siguente de la Casa TES, en 1969, y como consecuencia de ella, José Antonio Caro Ginebra (Santo Domingo, 1940) construyó en Santiago la Residencia Contreras-Jorge a los padres de Maritica, la dueña de la Casa TES, y con su segunda obra consolidó el New Style. Tony reconoce que “fue diseñada con un programa más cómodo en áreas y costos”, pero donde sigue trabajando “los mismos elementos de diseño, los cuales abandoné después de esta obra pues comenzaron a aparecer en casas por todos lados en la ciudad”.
Estos elementos, los picos, el techo inclinado, el cilindro y las claraboyas, repetidos sin descanso terminaron uniformizando las nuevas casas de Santo Domingo al punto de que "salían solas". Algunos de sus amigos y contemporáneos se afiliaron maravillados al New Style. Y en definitiva fue una contribución a la superación y mejoría de la práctica. El caso más notorio es el de Eduardo Selman, del círculo de Tony. Eduardo había construido poco antes -en Naco- una casa tipo rancho al estilo de House Beautiful, pero rápidamente se distanció de ella y desarrolló una arquitectura residencial de buena calidad con los predicamentos del New Style, incluyendo la suya propia. Y así muchos.
El estilo que proponía la Casa TES apuntaló un tipo de vida vanguardista en una sociedad democrática donde la burguesía empezaba a consolidarse y se configuraban nuevas aspiraciones. La mayoría de los clientes que consumían el New Style eran jóvenes profesionales modernos, cultos y cosmopolitas, que anhelaban mostrar sus propios éxitos. Como consecuencia se acrecentó un inusitado interés en las artes plásticas y en el coleccionismo de arte dominicano. En un momento dado todas las salas tenían pinturas de Ada Balcácer, Peña Defilló, Domingo Liz, Lepe y también de Guillo Pérez y Cándido Bidó. Todo parecía igual. El mobiliario moderno también.
Con la Casa TES se confirma el hecho de que a veces en arquitectura hay pequeñas obras que marcan un cambio o nuevos rumbos. Aún desaparezcan, queda su huella.
A la distancia, es curioso ver la manera en que en los diferentes períodos las casas de Santo Domingo siempre terminan pareciéndose unas a otras. El modelo de la Casa TES, reforzado por la residencia Contreras-Jorge, se siguió recreando durante buena parte de la década de 1970, un hecho que ni siquiera el mismo Tony Caro imaginó y mucho menos que sería bautizado por Johnny Caminero como el "New Style". Y que así se quedaría.
Si esta historia no la sabía Felipe (Branagan) es porque conociendo lo empecinado que es podría volverse loco "peinando" Naco en bici tratando de ubicarla. Pero... ya sólo está en la memoria.



Residencia Contreras Jorge. Calle Reública Argentina, Santiago. 1969
lunes 15 de diciembre de 2008
La Casa TES y el New Style (I)

Casa TES. Santo Domingo. Modelo, 1968
En determinados momentos o períodos, la mayoría de las casas se parecen, tienen el mismo estilo o repiten el mismo modelo. En Santo Domingo eso ha ocurrido siempre de un modo u otro. Y parece que seguirá sucediendo.
Durante la dictadura las casas eran primero casi todas neohispánicas y al final modernas californianas al modo de Neutra. Esos modelos se repitieron tanto que resulta difícil saber si una casa es de Mario Lluberes o Caro Álvarez, o si es de Nani Reyes, Gai Vega o Teófilo Carbonell. Al entrar la democracia, Rafael Calventi sorprendió a todo el mundo con la desaparecida Residencia del Embajador de Francia -antes, De Castro Goico- (1963) y después, al regreso de su exilio mejicano, cuando implantó las casas mediterráneas a mediados de los años 60.
En la década de 1970, las casas volvieron a parecerse y en la maraña de repetición del modelo y sus variables y reproducciones de repente nadie sabe cómo se inició todo y si existió ese prototipo de referencia. Cuando el prototipo desaparece se hace aún más difícil encontrar el origen de todo, o localizar documentos y testimonios que lo confirmen.
En los albores de los años 70 las casas se llenaron de “picos”, unos techos inclinados con fuertes pendientes a una sola agua, y rápidamente se mezclaron con las mediterráneas. Por si alguien no lo sabía, a eso se le llamó aquí el New Style. Y empezó con la Casa TES de José Antonio Caro Ginebra (Santo Domingo, 1940).
Tony Caro estudió en Cornell University, en Ithaca, NY, en un momento en que la escena de la costa este de Estados Unidos la dominaban los New York Five. En Cornell Ulrich Franzen hizo su Agronomy Building (Bradfield Hall, 1968), y la escuela de arquitectura era prestigiosa y actualizada. Cuando regresó al país en 1967, la arquitectura más fresca e innovadora la hacían dos líderes y figuras contrapuestas, Fred Goico y Rafael Calventi, -tecnología vs. humanismo- educados en USA e Italia, respectivamente.
El joven Caro, a los veintiocho años, en 1968, se destapó con su primera obra, una pequeña casa en Naco para su amigo Tomás Eduardo Sanlley y Maritica Contreras, la familia Sanlley-Contreras. De ahí salió la Casa TES que cambió todo. Pero no nace sola, está emparentada con lo que al mismo tiempo exploraba Edward Larrabee Barnes en Righter House -Fishers Island, NY- (1965) con el Shingle Style y Gawthmey and Siegel en su Gwathmey Residence and Studio (1967) a partir del movimiento moderno.
La Casa TES fue construida con estricta economía de medios. Tony cuenta que “estuvo enmarcada dentro del programa de financiamiento FHA que sólo permitía que las viviendas financiadas no excedieran de 125 M2 y de un valor de 15 mil pesos de los cuales financiaban sólo 9,500 pesos” y buscaba "romper el esquema típico de las viviendas".
Los elementos característicos de la casa, como el espacio a doble altura, el techo inclinado, el cilindro de la escalera o las claraboyas de ventilación e iluminación, se reprodujeron como la verdolaga, pero la sustancia, lo verdaderamente innovador, fue ignorado.
Los dos planteamientos esenciales y nuevos eran la estratificación de la secuencia espacial y la implantación en el sitio. La composición era de volúmenes contrastantes, una barra simple para el territorio privado y un cuerpo desprendido y alto para lo público. Todo era distinto. Ni pensar que se entraba por la sala, el ingreso se hacía por un pequeño vestíbulo -entre dormitorios y cocina- el que se atravesaba para llegar al gran salón con doble puntal y mezzanine. La vida social se volcaba a los jardines frontales, en un Naco planeado como ciudad jardín.
Cuando Johnny Caminero vio el impacto de la Casa TES y que aquello se regaba como si nada, dijo “ese es el New Style”. Así lo bautizó y nacía entonces una nueva moda de casas a partir de un modelo. Otra vez.




Casa TES. Calle Tetelo Vargas esquina Silvestre Aybar y Núñez, Naco. Santo Domingo, 1968
lunes 8 de diciembre de 2008
El Instituto del Libro

En 1956, a los once años, mi familia me envió de La Vega a Santo Domingo a estudiar el bachillerato en el Colegio De La Salle buscando una mejor educación, pero en realidad quedaba claro y establecido que Arturo, mi padre, quería evitar a toda costa que fuera adoctrinado por la dictadura. Lo logró sin mucho esfuerzo. Así fue como llegué a la capital. El antecedente viene al caso porque en los últimos años que hice en el Colegio La Milagrosa, en la Ciudad Colonial, entré en contacto con un lugar que me pareció el mundo más fascinante y democrático que podía suponer: el Instituto del Libro.
Me doy cuenta que era demasiado para un chico que venía de provincia. Los hermanos Escofet (José y Manuel) habían creado un espacio lleno de magia. Eran unos catalanes republicanos amables y paternales que acostumbraban a orientar a uno sobre las mejores o más convenientes lecturas. Animado por mi profesor de literatura, Rafael Lara Cintrón, y por la cercanía, pasaba horas deleitado con unos libros que se podían examinar sin restricción e incluso leerlos allí mismo.
La librería tenía un salón amplio con mesas que mostraban las novedades y paredes enormes forradas de libros hasta el tope. Al fondo, un salón abierto servía de sala de lectura donde podía uno pasar el rato leyendo sin obligación de comprar. Cincuenta años después las librerías modernas funcionan de esta manera. Luego, ya en la democracia y con la pasión por la arquitectura a cuestas, frecuentaba ese rincón de mis asombros en busca de los últimos títulos de arte y arquitectura. Era mi contacto con el mundo.
El Instituto del Libro lo hizo José A. Caro Álvarez (1910-1978) a inicios de los años 50. Es un edificio medianero de uso mixto, con comercio abajo y dos pisos de apartamentos arriba. Pero lo más notable es su conducta y escala pública, su relación con la ciudad, ese vacío que crea junto a la acera y la gran altura al frente con la entrada retirada a modo de zaguán abierto y una vitrina que parece flotar. De antología.
El edificio se afilia al período plano del racionalismo arquitectónico de la primera modernidad; muy correcto, de detalles sutiles, resuelto con sencillez, pero con ingenio y fuerza. Un día, hacia el final de mis estudios universitarios, descubrí algo en su fachada que me dejó atónito. Sus balcones tienen una especie de cortinas en bloques de vidrio curvos que parecen estar a medio abrir o a medio cerrar. Una ocurrencia tan particular y atrevida que siempre me saca mi mejor sonrisa. Hasta ese momento nunca había visto bloques de vidrio curvos y menos usados de esa manera, como si fuera una cortina de cabaret. ¡Alucinante!
En el Instituto del Libro vi a don José Antonio por última vez. Era una tarde de otoño del 1977, cuando lo encontré en medio de una animada conversación con los Escofet y al verme interrumpió un minuto para contarme lo mucho que le había gustado la propuesta del BHD. Eso lo tengo fresco en mi memoria.
Cada vez que hago un recorrido en bici por el centro histórico paso un rato contemplando el Instituto del Libro y tengo la impresión de que cuando Felipe (Branagan) me nota tan embobado piensa que estoy "explotado" y falto de potasio.
A veces me imagino allí como el chico que enviaron a estudiar a la capital y quedó perplejo cuando vio el mar, pero también me veo descubriendo la pasión por la lectura en aquel lugar de ensueño y lleno de magia creado por los hermanos Escofet.




Instituto del Libro. Arzobispo Nouel No. 258, Santo Domingo.
jueves 4 de diciembre de 2008
APOSTILLANDO "9biasd y3. Un gran premio"
Por Cuqui BatistaCreemos debería designarse la próxima Bienal 10 BIUASD 2010, ya que el urbanismo deberá sobresalir, así lo exigen las ciudades del universo. La pérdida del alma hermana del óptimo Holger Escoto Frías nunca será suficientemente lamentada. Paz eterna. El alma es en el fondo, todo lo existente, afirmó Aristóteles. La bienal mas que fiesta es precepto desde su inicio por “nueva arquitectura”, hoy aupada a sociedad de arquitectos que ya debíamos conceptuar como sociedad urbano-arquitectónica, dada la exigencia de la demanda de la trama urbana en toda ciudad del universo. Al arquitecto compete velar por la planificación global del territorio de su estado – país, en miras de organizar la producción y la comercialización que nos genere auge económico y la fundación de ciudades industriales en los puertos y mínimas grandes ciudades de servicio en nuestro territorio a preservar para necesario y urgente desarrollo de la ciudadanía que así tendría ciudades eficientes con la infraestructura de que hoy carecen. La falta de premios a la arquitectura verde, obedeció a la alta especialización de Christian Werthmam de Harvard University y el resto del jurado no menos capacitado, también deberá exigir la bienal dominicana soluciones climáticas. Los proyectos “desconcertantes” deben vigilarlos las escuelas de arquitectura poniendo freno desde los decanatos a los que vayan a concursar. Lo mejor de la bienal fue el criterio de invitar profesionales a exponer sus proyectos, algo que debe ampliarse para las próximas, por invitación específica. Si generamos el próximo año un simposio urbano - arquitectónico donde expondríamos nuestro proceso de diseño que luego de establecido haría de nuestro país una múltiple universidad científica climática, tendríamos las bienales más exitosas del universo a la vez que podríamos exportar urbanistas y arquitectos, además de casabe, muebles y dulces.
El jurado de la 9 biasd, fue más allá de lo imparcial creíble y responsable presidido por nuestro Salvador Gautier, seguido por Christian Werthmam que demostró su calidad en su charla, Víctor Navarro agudo joven arquitecto, respaldado por su socia esposa, María Langarita designada secretaria del jurado sin voto, Emilio Martínez con un gran desarrollo de labor profesional en Puerto Rico y Cuqui Batista, quien plantea urbanismo arquitectura como la ciencia que exigen ser, así sujetos a un método proceso de búsqueda solución que estará al servicio de los que así lo acepten. Insistimos en caracterizar el conocimiento y la investigación científicas, tal como se los reconoce en la actualidad y desde Kant que nos dice que el método es un procedimiento según principios y el científico procederá sistemáticamente por el camino crítico, satisfaciendo por completo la razón humana, para la que hemos de justificar toda disposición, ración, función, dación, posición, conceptuación valederas. El gran premio levitaba sobre el muro, las primeras opiniones fueron de los extranjeros, hubo unanimidad y plena satisfacción al otorgarlo sin pero alguno y así fue recibido.
Gracias a Plácido Piña por su enjuiciamiento.
Cuqui Batista.

Gran Premio Bienal (Mubarak y Domínguez)
lunes 1 de diciembre de 2008
Estoy anonadado


Banco BHD
Las decoraciones navideñas en algunos edificios de Santo Domingo, se las traen. Pero al ver el BHD y el Banreservas me he quedado anonadado. De una pieza.
Todavía estoy sin aliento y sin entender la razón que tiene la imaginación publicitaria para tomar la arquitectura de estos dos edificios, precisamente estos dos, como soporte para un ornamento que ridiculiza sus valores y méritos; y sus proporciones.
Lo mejor del caso es que estoy tan acostumbrado a ello que cuando los veo me da un ataque de risa. De verdad. Pero sin salir de mi asombro. Comprendo los motivos que tienen quienes hacen esos adornos para celebrar las fiestas, pero resulta difícil creer que el mejor modo de hacerlo es burlándose de los edificios. "A mi... nunca".
Si lo del BHD es cursi, lo del Banreservas apunta a lo estrafalario. Y ni siquiera lo digo por mi, que me quedo como si nada, sino por el respeto que se supone deberían tener a la arquitectura. Pensándolo bien, habría que tomarlo como una curiosidad mutante. O como una gracia.
Cuando paso en bici frente a ellos, temo perder el equilibrio y chocar al distraído Felipe. Es por el sobresalto.


Banreservas
lunes 24 de noviembre de 2008
Y el escultor es... Benjamín Saúl


Cuando publiqué La Suprema en Segunda no me atreví a poner que la escultura monumental alusiva a la justicia era de Prats-Ventós, a pesar de que Cuqui Batista lo afirmaba (La Suprema en las anécdotas de Cuqui). La razón es que en ese momento no logré descifrar las incisiones de la firma del autor y tampoco se parecía a la de Prats-Ventós.
Hablando del asunto con el arquitecto Juan Ramón Fiallo Prota, éste me comentó que se trataba de un español y que fue el mismo que hizo La Nutricia del Alma Mater de la UASD. Hace unos días Juan Ramón me hizo llegar un texto sobre el verdadero autor: Benjamín Saúl (España, 1924 - El Salvador, 1980). Aproveché un paseo en bici con Felipe (Branagan) y confirmé que en efecto la firma es B SAUL. Su foto al pie de la escultura así lo confirma. Después localicé datos e imágenes adicionales en la web.
A Benjamín Saúl, un gallego nacido en Monforte de Lemos, lo trajeron a Santo Domingo (1955-1960) contratado para realizar doce esculturas monumentales para la dictadura. Por lo menos hizo la Madre Nutricia del Alma Mater (Ruiz Castillo, de Segonzac y Dupré, 1955), los relieves de la Secretaría de Educación (Caro Álvarez, 1955), la Suprema Corte de Justicia (Cuqui Batista, 1958), y afirman que también los leones del Palacio Nacional.
De 1960 al 1963, vivió en Italia, Francia y España. En 1963, el embajador salvadoreño en España lo llevó a El Salvador con la idea de construir un Cristo Monumental en el volcán Quezaltepec. Nunca llegó a realizarse. Allí se casó con Esther Méndez de Anargyros, su viuda, quien posee la mayoría de sus esculturas figurativas de pequeño formato. Su vida y obra en El Salvador dejaron una profunda huella.
Lo comento ahora sólo para que se tome nota del verdadero autor de la escultura de la Suprema y para que Cuqui pueda ajustar sus recuerdos.

Esculturas en bronce

Escultura de Benjamín Saúl que estuvo en el jardín de la
residencia del Ing. Alejandro Martínez, constructor de la Suprema.
Foto suministrada por su hijo Alejandro Manuel. Ver comentario.
jueves 20 de noviembre de 2008
9biasd y3. Un gran premio
Al talento de Holger Escoto Frías... hermano del alma.
La 9BIASD es lo que es: una fiesta de arquitectura. Y lo seguirá siendo. El invento, la osadía o el atrevimiento de Omar Rancier y Emilio Brea -con Nuevarquitectura- de hacer una Bienal de Arquitectura es una de esas ocurrencias que sin uno darse cuenta cambia el curso de una cultura profesional. Omar y Emilio son el origen y la credibilidad de las bienales de arquitectura. Cualquiera diría que soñaban con "pajaritos preñados".
En la 9BIASD la participación de proyectos profesionales y de grado es masiva, y el nivel de dedicación y esfuerzo de las confrontaciones, notable. De un modo u otro la bienal es un panorama y muestra el interés que la gente se está tomando con la arquitectura. Llevar la exhibición "de Gaudí a Calatrava" al Parque Independencia es un indicio de la importancia que tiene para los organizadores ponerla en contacto con la población o acercase a ella.
En lo que sí debe tener cuidado una bienal es que cuando elige un tema, por lo menos debe llevarse a cabo una exhibición alrededor de ello. “Hacia una Arquitectura Verde” puede ser muy hermoso y aspiracional, pero si la competencia va por el lado opuesto y nada alude a ello, queda en un profundo vacío. Lo confirma la falta de premios en ese renglón. Incluso algunos proyectos son desconcertantes. Pero eso parece inevitable.
En la 9BIASD se respira un espíritu joven que debería conectar mejor con la realidad y sacar a flote lo más valioso del contexto caribeño. Más contenido. La calidad de la arquitectura que debe presentarse en la Bienal es algo que a esta altura todavía resulta difícil asegurar, pero la capacidad de convocatoria e ilusión que crea sí que es significativa. Y siempre hay que garantizar un jurado imparcial, creíble y responsable.
Cualquiera podría tener alguna objeción o reserva a uno que otro premio o mención. Pero un jurado tiene que enviar un mensaje de reconocimiento y estímulo al desarrollo de una cultura arquitectónica y ahora, más que nunca, lo ha hecho así. Ha distinguido a lo que considera más profesional y de mejor nivel. Aunque siempre se infiltra uno que otro. Eso también es verdad. Ahora, en lo que no puede equivocarse un jurado es en el Gran Premio Bienal sin correr el riesgo de desprestigiar la competencia.
El Gran Premio es a fin de cuentas el mensaje de más repercusión. Ningún premio ha causado un entusiasmo y estallido de alegría tan grande como el del "Centro Cultural Cofradía Espíritu Santo de los Congos de Villa Mella" de Juan Mubarak y Mauricia Domínguez. Ninguno.
En mi primera visita a la exhibición hice un recorrido completo y disfruté de algunos proyectos y de varios trabajos de grado, pero cuando llegué al de Juan y Mauricia se me puso la carne de gallina. Pensé en lo que dijo José Saramago, presidente del jurado, cuando galardonó a Delirio de Laura Restrepo -Premio Alfaguara 2004- “...hay que quitarse el sombrero”. Es lo mejor que he visto en mucho tiempo, y marca un punto de inflexión hacia la búsqueda de una arquitectura con bagaje cultural e intelectual. Con el Gran Premio mi alegría se trasforma en euforia.
La arquitectura que se haga en el futuro debe tener una conexión real y efectiva con las aspiraciones dominicanas y entroncar con los sueños y anhelos de la sociedad. Me quedo con la denuncia y el reto que lanzó Lourdes (Camilo de Cuello) en su discurso inaugural: "Sigue habiendo “promiscuidad en el humilde aposento campesino” y ella se ha extendido a la periferia enorme de nuestras ciudades principales, donde a veces no se come ni siquiera por las noches, sin que a nadie se le hayan cortado los párpados por tanta iniquidad que compartimos." y concluye con su llamado: “Es tarea de arquitectos; no se hagan esperar”.
Si una bienal, como dicen, debe ser una fiesta, la 9BIASD lo ha logrado. Y sólo eso es ya un gran premio.

Gran Premio Bienal (Mubarak y Domínguez)
Ver en PeNéLopE Los Premios de la Bienal
lunes 17 de noviembre de 2008
9biasd 2. +Chile con fundamento

La exhibición de Chile en la 9BIASD es meritoria. Cuando una bienal, como la de Santo Domingo, toma la decisión de dedicarla a algún país espera que su invitado se lo tome en serio. Chile ha correspondido a esa dedicatoria y lo ha hecho con orgullo y respeto.
La arquitectura chilena reciente (2005-2008) ha dado un salto tremendo. Está conectada con su pasado moderno y mira al futuro desde las raíces de su historia en armonía con las particularidades de su territorio y de las tecnologías. Lo dice esta exposición de 22 obras seleccionadas.
El desarrollo urbano último, en cambio, es otra cosa. Santiago, por ejemplo, en vez de crecer apoyado en la ciudad tradicional europea, como Buenos Aires, lo ha hecho bajo la influencia norteamericana de ciudad desparramada, abrumada por elevados y expresos, socialmente polarizada. Santiago parece hoy una ciudad colonizada por el Tratado de Libre Comercio.
La muestra +chilearq es una historia diferente. Aunque tiene diversas tipologías, está dominada por las casas, a veces en paisajes insólitos. Refleja el logro de la correcta implantación en armonía con su sitio. De eso hay que aprender. De ese genius-loci, que tiene esta arquitectura chilena de hoy: un anhelo de permanencia a un lugar. Lo recalca el curador, Paulo Correa Labarca, en su introducción Chile-Arquitecturas del Paisaje "... más allá de destacar el talento de sus autores, se traspasa a un plano de enfrentamiento y trascendencia, la tarea de enaltecimiento de un lugar y una geografía".
La búsqueda de la espacialidad está en consonancia con las escalas, el paisaje y las tipologías. Radica en la esencia misma del contexto natural o urbano, y apunta, en la mayoría, a una abstracción subordinada a la simplicidad de las formas y los espacios. Una arquitectura con fundamento.
Así que la obra de un Mathias Klotz, o un Felipe Assadi ya no está sola. Comparten protagonismo con un sólido grupo que hace de la arquitectura chilena reciente un ejemplo y un modelo. Se destacan los jóvenes emergentes, Nicolás del Río y Max Núñez (dRN Arquitectos) con su Chalet c7, una metáfora del deseo y la supervivencia, y Sebastián Irarrázaval, recordado por su propuesta para el Parque Enriquillo (Ideas Urbanas, Santo Domingo. 2002), con su Hotel Indigo Patagonia y su recién premiada casa a Pedro Lira (XVI Bienal de Santiago, 2008).
Chile ha correspondido a la invitación de la 9BIASD con una curaduría excelente y una museografía limpia, discreta, elegante, sobria e informativa. Como debe ser. Un goce para quien visite la bienal.

jueves 13 de noviembre de 2008
9biasd 1. Billy al completo

La exposición homenaje a Billy Reid (Santiago, 1925) me interesa. Muestra la trayectoria de un arquitecto que ha puesto su vida y su pasión en ello, tanto como en sus crucifijos y bastones. Ha hecho su obra con una discreción que lo ha mantenido siempre lejos del pensamiento, la teoría y las posiciones ideológicas o gremiales. Se ha dedicado al oficio. Y ha disfrutado con ello.
Presentarlo en todas sus facetas creativas es una visión justa de una obra que va más allá de la sola arquitectura. La arquitectura de un hombre con una práctica tan dilatada no siempre es consistente. Tiene sus altas y bajas, y sus puntos culminantes, esos luceros que se destacan frente a lo que se hacía en su época. Y así habría que evaluar el trabajo de Billy.
En la muestra hay una etapa excepcionalmente buena. De absoluta vanguardia y de profundo enraizamiento local. Es la primera época y su sociedad con Nani Reyes (1924-1966). Su foto con Nani bajo la valla Reid y Reyes (1951-1956) es de antología. Las imágenes de ese período traslucen un frescor que llena de entusiasmo y que anuncian un potencial tremendo hacia la exploración de una arquitectura moderna de profundas raíces tropicales.
De su segunda firma Reid Cabral, ahora sólo con su hermano Charlie, hay una residencia extraordinaria que construyó en La Julia. La foto, con un auto de la época, muestra su estructura caribeña ultramoderna como si fuera una imagen mítica del cine de ficción, esto junto a los dibujos constituyen un documento valioso. Esa casa la había atribuido Cuquito (Moré) a Nani o a Reid y Reyes (AAA08, 09.1998. Pag.98) y sucede que el diseño es posterior a la sociedad, tiene la firma de Billy y el sello Reid Cabral en los planos.
Desde la década de 1970, la obra de Billy toma otro rumbo; analizándola en su contexto histórico carece de esa fuerza arrolladora de su primera época, aunque muestra oficio. Aquí, el Chase original de la avenida Kennedy (1968) es un hito en su obra. Después está el trabajo en su última firma, William J. Reid Cabral, una obra mas bien de relevo generacional con su hijo Carlos.
El Billy de los bastones, de los crucifijos y de las esculturas... es otro Billy, aunque sea el mismo. Allí hay más pasión e intimismo. Su Homenaje a Calder (1972) es una pieza maravillosa y alude al escultor de los años 30, después que compartió con Piet Mondrian en su estudio de París (Calder: The Paris Years, 1926-1933).
Sobre la exhibición, aunque la puesta en escena es magnífica, hay algunas reservas. Quien visite la 9BIASD con interés en la arquitectura de Billy, observará que el montaje se concentra en la profusión de fotografías y que la curaduría deja de lado el valor documental y de investigación. Faltan dibujos originales, fechas precisas, clientes, socios, colaboradores y fichas técnicas; eso es lo que permite reconstruir la huella y la traza de Billy Reid, el arquitecto. Lo confirma la belleza primitiva de su dibujo “Weekend-House” (sin fecha).
Me interesa Billy. Algunos de sus edificios los he disfrutado y discutido con Felipe (Branagan) en nuestros frecuentes paseos en bici.
lunes 10 de noviembre de 2008
THE WRITE STUFF
TUESDAY, AUGUST 26link: Arquitectura en Bici
A blog that brings together two passions in the simplest, most direct and at the same time most complete way possible - as its title suggests: Arquitectura En Bici. Technical and linguistic barriers aside, it is a blog that covers the specificity of its topic by employing readily accessible language, which its author commands to perfection in describing buildings, just as much as coffees, patios, bicycles, friends and meals - often in the same post. All of the above in an exquisite fashion, por cierto.
Yet the strong point of Arquitectura En Bici, to this reader's modest and un-researched opinion, is the ability with which buildings are brought apart into their constitutive architectural elements, to show the beauty of some particular choice of style, material, or orientation.
Seen under this light buildings become books, and the author of 'Arquitectura' reads them to perfection. If buildings are books, then, they tell stories and are the permanent witnesses of history - the story of mankind. What wonders the mind and kidnaps the attention of the reader is the way in which history mixes with architecture, thus creating an intricate narrative of architectural styles, statesmen, folk culture, economic cycles, artistic patterns, political crises and the periods of restoration that follow them.
When buildings tell our history, its good to have someone listen to them and tell the rest of us about it. Now its happening here. Enjoy Arquitectura en Bici, those of you who are lucky enough to read the language properly. A link to it is now up in the column on the right hand side of your screen.
THE WRITE STUFF
Un blog que une dos pasiones de la manera más simple, directa y completa posible - como sugiere su nombre: Arquitectura en Bici. Dejando a un lado las barreras técnicas y lingüísticas, es un blog que que cubre lo específico de su tema con un lenguaje accessible, cuyo autor domina a la perfección para describir edificios como a amigos, cafés, bicicletas, patios o almuerzos - amenudo en el mismo “post”. Y todo lo anterior a manera exquisita, by the way.
Sin embargo, el punto fuerte de Arquitectura en Bici, a la opinión modesta y no especializada de este lector, es la habilidad con la que despieza los edificios en sus elementos arquitectónicos constitutivos para develar la belleza de una decisión particular de estilo, material u orientación.
Vistos bajo esta óptica, los edificios se convierten en libros que el autor de ‘Arquitectura’ lee a perfección. Si los edificios son libros, cuentan historias y son testigos permanentes de la historia, de la historia de la humanidad. Lo que maravilla la mente y captiva la atención del lector es la manera como se teje la historia con la arquitectura, creando una trama narrativa que une la arquitectura con los estadistas, la cultura popular, los ciclos económicos, patrones artísticos, crisis políticas y los períodos restauradores que le siguen.
Cuando los edificios narran nuestra historia, es bueno tener alguien que los escucha y nos cuenta a los demás. Esto ocurre aquí. Disfruten de Arquitectura en Bici, aquellos afortunados que leen el idioma apropiadamente. Un enlace está ahora disponible en la columna a la derecha de su pantalla.
THE WRITE STUFF
jueves 6 de noviembre de 2008
El Estudio Ana María

La forma en que José A. Caro Álvarez (1910-1978) hizo arquitectura, siempre ha despertado mi curiosidad. Ningún arquitecto o arquitecta del país ha sido tan ecléctico como don José Antonio. Nadie. Ni siquiera Humberto Ruiz Castillo (1895-1966).
Si se examina su obra con detenimiento habría que pensar que su ideología consistía en adoptar una arquitectura para cada tipo de proyecto, programa o necesidad. Las residencias las hizo en neohispánico, para los comerciales usó el moderno y a veces el Art Deco, y en buena parte de las instituciones del Estado aplicó una especie de neoclasicismo. Entonces, habría que hablar de las arquitecturas de Caro Álvarez.
En los años 30 hizo la art deco Casa Plavime (1936) con Leo Pou Ricart (1905-1976), y la Panadería Quico (1938c), para su padre, una mezcla de art deco y protomoderno. Tres joyas modernas: el Cuartel de Bomberos (1944), la Facultad de Medicina (1944) y la tienda El Gallo (1950), todas en Santo Domingo. La Secretaría de Educación (1955) y el Banco Central (1956) son de corte neoclásico. Y sus muchas residencias exhiben un riguroso neohispánico, como su propia casa en la calle Los Pinos.
Como promotor del Movimiento Moderno europeo, Caro Álvarez se sentía cómodo y varias de sus obras se acercan más al manifiesto que a lo construido. Hay una, sin embargo, que siempre ha llamado mi atención y es el Estudio Ana María (Pasteur 251, Gazcue) en un depurado moderno, que para confirmar su eclecticismo está, sin ningún reparo, al lado de la residencia neohispánica que hizo para Francisco Caro, su hermano, en la esquina de la avenida Bolívar.
El Ana María era un estudio fotográfico y galería de arte construido en los tempranos años 50, y donde se instaló la retratista y fotógrafa de sociales Ana María Schwartz (¿?-1985), una alemana nacida en Hamburgo que llegó en la década de 1940 y lo hizo para quedarse. Incluía la vivienda de la fotógrafa, independiente pero subordinada a la imagen y escala del estudio. Para don José Antonio una mujer con el talento y la sensibilidad de la Schwartz debía tener un estudio fotográfico que reflejara esas cualidades y, sin pensarlo dos veces, le echó mano a su afiliación moderna.
Lo más relevante del Estudio Ana María es esa fuerte imagen y su escala, a pesar de ser una obra pequeña. Un gran edificio de un piso, cuando en realidad tenía dos. La imagen la fortaleció con el letrero sobre el enorme muro, levemente girado, revestido de madera. Lo hizo elegante como si fuera un gran portal o una marquesina frente a la calle. Ese es el truco.
Quien ve ahora este edificio en manos de la creatividad de una agencia publicitaria, ni se imagina que es la misma obra que he admirado tanto. Cuando montando bici le cuento a Felipe (Branagan) lo maravilloso que era el Estudio Ana María, pone esa cara de incrédulo que mete miedo. Ojalá pudiera encontrar una fotografía original para probarle que no miento. Ojalá.
lunes 27 de octubre de 2008
Escuela Parroquial Santa Ana

La Parroquia Santa Ana atiende al barrio de Gualey en la parte alta de Santo Domingo, una zona urbana en la que viven trabajadores y capas humildes de la población. La escuela parroquial se desempeña en una precaria casita que ocupa un medio solar y en la que ni siquiera caben las niñas y los niños que reciben instrucción allí. Y el Padre Alejandro tiene un sueño que quiere realizar.
Para satisfacer la creciente demanda, el programa requería multiplicar por cinco el área actual de enseñanza y conservar un patio de tamaño similar al existente, pero además necesitan proveer servicios y administración.
La propuesta usa todo el solar y coloca a nivel de calle vestíbulo - foyer-, administración, baños y escalera en la misma entrada, para luego pasar a un gran salón independiente, con patios laterales, donde se instalan tres grupos del nivel parvulario. En días y horarios libres el salón se usa para conferencias y celebraciones comunitarias, reforzando la noción de un espacio público con vocación colectiva y social. El segundo piso es para aulas formales. En el techo, se recupera el solar y se convierte en patio de recreo con canchas y servicios.
La estrategia da la oportunidad de hacer un edificio de dos pisos que iguale al colindante y sobre este nivel se coloca la terraza jardín abierta con visuales y dominio de todo el vecindario.
Es un edificio muy pequeño, modesto y económico, que usa materiales tan humildes como la malla ciclónica -cyclone fence o hurricane fence-, pero tiene escala y carácter significativos que le identifican como una institución cívica de la comunidad. Pretende crear una identificación sólida y franca entre el vecindario y la misión parroquial. El sueño del Padre Alejandro.
Para visualizar, hacer click en las imágenes
Parroquia Santa Ana
Escuela Parroquial, Gualey, Santo Domingo, República Dominicana, 2008 (en proceso)
PROYECTO
Sánchez y Curiel, Arquitectos.
Andrés J. Sánchez y César Curiel, arquitectos
Plácido Piña, asociado al proyecto
César Antonio Curiel V., colaborador asociado
Escuela Parroquial, Gualey, Santo Domingo, República Dominicana, 2008 (en proceso)
PROYECTO
Sánchez y Curiel, Arquitectos.
Andrés J. Sánchez y César Curiel, arquitectos
Plácido Piña, asociado al proyecto
César Antonio Curiel V., colaborador asociado
lunes 20 de octubre de 2008
Fernando Salinas, mi mejor maestro
La publicación del testimonio de Pepín Choy en el blog, coincide con la reproducción de las cartas a Santo Domingo por Omar en Penélope. Esa coincidencia habla de la presencia permanence de Fernando entre nosotros.
Pla

Pla

Por José Antonio Choy López
Conocí a Fernando, como luego la amistad me permitió llamarle, cuando comencé a estudiar arquitectura en la CUJAE, en el curso 1968-69. Habíamos matriculado arquitectura más de cuatrocientos muchachos y muchachas de toda Cuba, por aquel entonces, en la única escuela de arquitectura del país. Allí había un hervidero de tendencias contradictorias, los que defendían el diseño y la cultura a ultranzas, sin concesiones de ningún tipo y los que pretendían reducir la profesión a rígidas tecnologías o a lo puramente constructivo.
Creo que mi “año” fue un “año” rebelde, muy a tono con lo que estaba pasando en Cuba y en el resto del mundo; al menos éramos distintos a otros cursos de la carrera, o así lo creíamos. Rápidamente se creó una empatía muy fuerte entre los profesores de la vanguardia del diseño, algunos alumnos de otros años y nosotros. Ellos representaban lo nuevo, lo verdaderamente revolucionario: Roberto Segre y Fernando Salinas, con Vivaldi o los Beatles de fondo, nos impartían conferencias magistrales y superactualizadas sobre el diseño en el mundo; Roberto Gottardi y Raúl González Romero eran un evangelio vivo, enseñando la génesis del diseño mismo; Vittorio Garatti nos hablaba de la ciudad de sus sueños, de La Habana refuncionalizada del futuro, rodeada de bosques y cordones verdes. O con los invitados, como Lezama que apareció aquella noche de fuertes vientos del año 1969 ó 1970, para hablarnos de su poesía, sentado sobre una caja de madera porque ya el asma y la gordura no le permitían subir al salón de conferencias; o Retamar que nos leyó antes de irse, su conferencia de Grenoble, sobre civilización y barbarie; o Teresita Fdez. con Wichi Nogueras, en el Salón Rojo, emocionada cantándonos “No puede haber soledad, mientras tú existas…”
Pero de todos estos recuerdos, el más valioso y entrañable, el que marcó para siempre mi vida de estudiante y profesional fue conocer a Fernando Salinas que poco a poco, en un pasillo cualquiera o sentados en el piso de un rincón olvidado de la escuela, iba transmitiéndonos a nosotros, quizás sus alumnos preferidos, el más elocuente y febril testimonio, de su iluminado y llameante pensamiento. Gracias a él, entendí muy pronto que la arquitectura antes que forma era idea y mejor aún, concepto profundo y germinador; que la técnica era un medio y nunca un fin en sí mismo, recordándonos siempre el proverbio chino “maneje una técnica infalible y déjese en manos de la imaginación”; que todas las escalas del diseño estaban interrelacionadas en un mismo sistema, lo que él conceptualizó como Diseño Ambiental, cuya sección creó en la UNEAC, pocos años antes de morir.
Tres ejemplos de su vida profesional sirvieron para que yo comprendiera la agudeza e inmensidad de su pensamiento. El primero fue el trabajo de estudiantes que dirigió y resultó premiado en la UIA 69 celebrado en Buenos Aires. En aquel trabajo dejó plasmadas sus ideas sobre una alternativa de ciudad del futuro: del módulo estructural como soporte flexible y participativo de la cotidianidad del nuevo ser social, a los espacios cambiantes de la vida urbana no enajenante; toda una compleja elaboración conceptual a todas las escalas del diseño del proyecto social cubano en su etapa más auténtica y utópica, nunca antes conceptualizado tan brillantemente como él lo hizo. Un moderno que asimiló lo mejor del pensamiento arquitectónico revolucionario del siglo XX, lo más actualizado de la teoría y la práctica del diseño del momento, para ponerlo en función de la sociedad; desgraciadamente incomprendido por algunos y a veces apartado por otros.
El segundo fue el trabajo realizado con los excelentes y talentosos estudiantes Nguyen Luan y José Achúcaro, este último ya desaparecido. Era un concurso sobre las estructuras del tiempo libre, para otro certamen de la UIA. Aquí el maestro, llega a la conclusión, que en la nueva sociedad el tiempo libre no existe, si este presupone un tiempo cautivo. Todo el tiempo es, o está destinado a transformarse y multiplicarse en tiempos de creación, que se vinculan en el espacio a partir de los traslados itinerantes del hombre en la ciudad. De ahí, que la estructura que se diseña para el tiempo libre o el tiempo creador sea una estructura para la peatonalidad urbana, que se transforma en galerías de circulación, espacios de exposiciones, servicios urbano, etcétera.
El tercer ejemplo que demuestra la agudeza conceptual del pensamiento de Salinas fue el premio que recibió la escuela en el Congreso de la UIA de Varna, esta vez dirigiendo un colectivo de estudiantes vietnamitas. El tema del concurso era el diseño de estructuras para el hombre frente a los desastres de la naturaleza. Él subvierte el tema del concurso y concluye que para Viet Nam, el mayor y más devastador desastre natural era producido por la guerra, y a partir de este concepto incuestionable, los estudiantes diseñan dirigidos por él todo un sistema ecológico y sustentable de estructuras de supervivencia frente a esta catástrofe producida por el hombre.
Estos tempranos ejemplos me demostraron lo genial de su pensamiento poético y rebelde; parte de la huella perdurable y permanente que dejó en la memoria y en el corazón de sus amigos y discípulos, que como yo aprendimos tanto de su desbordante alegría y su pasión por la arquitectura.
José Antonio Choy.
Arquitectura y Urbanismo, Vol. XXIII, No. 3/2002
y en Arquitectura Cuba
lunes 13 de octubre de 2008
Farmacia Lincoln, modelo live/work

Por lo regular cuando se habla de arquitectura es casi siempre sobre edificios importantes o de cierto relieve. Con frecuencia obras modestas quedan ignoradas y se pierde la oportunidad de aprender o valorar su significación tanto en el tiempo como en la ciudad.
Me doy cuenta que poca gente repara en la Farmacia Lincoln. Cuando Rafael Calventi (La Vega, 1932) la proyectó en 1968, la avenida Lincoln, en Santo Domingo, era otra cosa. De algún modo sus propietarios pensaron que era buen sitio para construir su casa y seguir con su farmacia a cuesta. Los esposos De Soto venían de la avenida Bolívar, donde vivían y gestionaban su Farmacia Bolívar. Así que esa asociación de farmacia y calle, como marca, la mantuvieron viva. También su estilo de vida.
Lo que hizo Rafael fue preservar esa tradición familiar y explorar una tipología, que como la de vivienda/trabajo -live/work- el desborde de la ciudad ya la había arrasado. Lo hizo de manera brillante con una arquitectura modesta, común y corriente. Mas bien doméstica.
El término live/work describe a las unidades de uso mixto (mixed-use) destinadas principalmente a vivienda pero con local o piso dedicado a trabajo; en contacto con los usuarios pero sin ser invadida la privacidad familiar por clientes o empleados. La tipología abarata el costo de la vivienda dado que el mayor valor del lote lo absorbe el comercio.
El Caribe está lleno de magníficos ejemplos tipológicos que enriquecen notablemente la calidad de vida de personas y comunidades. El país es rico en modelos propios con zaguanes o callejones. De La Vega todavía recuerdo, en diagonal al Parque de las Flores, el colmado/vivienda de los Domínguez (mi tío Rogelio y tía Cancán) y la tienda/vivienda de Bolívar Berrido. Los Matos, los Batista, los Isaac y los Teruel vivían en los altos de sus negocios. Estas y decenas de unidades similares mantienen la habitabilidad del centro y la amistad y solidaridad entre los vecinos. Quien piense que es nostalgia, se equivoca; se trata de un recurso para aprender de modelos y ejemplos valiosos. La Farmacia Lincoln es un buen exponente.
La residencia de los De Soto es completamente independiente a la farmacia adyacente, y el matrimonio, ya de envejecientes, aún la gestiona y se relaciona con clientes y vecinos. El edificio se distingue por su sencillez y es parte de esas exploraciones mediterráneas que hizo Rafael en su momento. Pero ojo, es de una arquitectura potente. La residencia tiene un “gran espacio público social”, con bóvedas catalanas, de extraordinaria belleza y proporciones.
El modelo live/work puede ser un arreglo que juegue su papel en el desarrollo de comunidades sostenibles (o sustentables) al reducir la necesidad de transportación y animar el desarrollo de pequeños negocios que mejoren la calidad de vida y la habitabilidad de la calle. Incluso en comunidades turísticas la mezcla siempre aporta y enriquece.
Las ciudades y pueblos dominicanos deberían enfocarse en estimular el desarrollo de vecindarios apropiados y de proyectar e imaginar lo que podría ser el futuro de lo construido.
Cuando voy a la Farmacia Lincoln (o paso en bici) valoro el deseo de los De Soto y la interpretación que hizo Rafael Calventi de sus aspiraciones. De eso se trata esta historia, de hablar de arquitectura con un ejemplo modesto, pero hecho con fundamento. Y aprender de ello.
lunes 6 de octubre de 2008
Leyendo a la Torre Sonora

La Torre Sonora está prácticamente lista. Camino a casa la he visto crecer y hace un tiempo Felipe y yo pasamos en bici más de una vez, así que de algún modo ha estado en ruta con varias lecturas.
A cualquiera que pase por la avenida Abrahan Lincoln sería extraño que se le escape la silueta de 16 pisos de la Torre Sonora. A la mayoría le llama la atención su presencia esbelta y su propia composición, por lo que ya ha provocado muchas reacciones. También algunas enseñanzas.
Lo que me atrae es su conducta urbana. La ocupación del suelo. Eso que llaman "huella" -foot print- y que no es otra cosa que su propio tamaño con el que llena el solar. La primera planta comercial cubre toda el área construible y luego se reduce con el retranqueo de los siguientes pisos de oficinas, para seguir con pisos de apartamentos de mucho menor tamaño. Esa reducción significativa de la huella acentúa su esbeltez y libera su figura.
Tiene lo que siempre creo es un valor en la construcción de la ciudad y es la mezcla de funciones: comercio, oficina y vivienda. Las nuevas torres han estado abandonando esa noción. A la normativa del "polígono central" parece le faltó imaginar una idea de ciudad y, por tanto, no estimula la compatibilidad del ocio, el trabajo y la vivienda en un mismo lote. Anula la oportunidad de tener las facilidades de la vida cotidiana al alcance del peatón. La consecuencia es que ahora se camina frente a estacionamientos continuos en la planta baja de los edificios y eso afecta seriamente la habitabilidad de la calle -contrario a La Habana o a Buenos Aires- y provoca una hostilidad peligrosa. La Torre Sonora planta cara en otra dirección.
Cuando leo este edificio valoro la mezcla de funciones que enriquece la dinámica de la calle y acentúa la esquina. Parece que los locales de oficinas tuvieron una acogida mayor de lo esperado y sus desarrolladores decidieron aumentar la oferta, pero lo curioso e inteligente es que lo hicieran sin alterar la fisonomía, por lo que los pisos 8 y 9 mantienen esa forma dinámica que tienen los apartamentos, aunque su uso sea distinto. Esto trae a colación la cuestión de hasta dónde hay una imagen clara para vivienda y otra para oficina, en lo que el reciente edificio 40 Bond de Herzog & De Meuron en NYC es tema de controversia.
La Torre Sonora está casi a punto de ser ocupada y aunque tengo mis reservas a ciertas soluciones, reconozco que desde ya atrae por la articulación moderna a la que apunta su propia geometría y el tratamiento de sus fachadas.
En un momento en que buena parte de los nuevos edificios de apartamentos parecen cortados por la misma tijera, la Torre Sonora es un respiro. José Daniel Romero, su arquitecto, ha dado una lección de la forma en que se puede ocupar la ciudad en beneficio de ella misma. Y eso sí que me gusta. Con ella, José Daniel consolida una presencia. Ahora no sólo se le identificará como el arquitecto de la galardonada "Casa de las Piedras" de Jarabacoa (mención de honor -diseño arquitectónico- VIII BIASD y 3er lugar -edificación sustentable- XVI Premio Cemex), sino también por su "torre ejecutiva". Lo aplaudo.

¡ADVERTENCIA! Acabo de notar que la ampliación de la acera establecida por la normativa se está construyendo de forma que permita el estacionamiento en ella. Eso sería grave. El Departamento de Defensoría y Usos de Espacio Público del ADN debería evitar la apropiación del espacio ciudadano.
martes 30 de septiembre de 2008
Veiramar III

Veiramar S.A. es una promotora centrada en República Dominicana desde hace más de 5 años, donde maneja una amplia cartera de suelo para promoción inmobiliaria y gestiona el patrimonio inmobiliario de la sociedad.
Fruto de esa experiencia nace Veiramar III, una torre de 158 apartamentos en 28 niveles ubicada en el Malecón de Santo Domingo, frente a la playa de la ciudad, entre la Avenida Máximo Gómez y el Hotel Jaragua, con fabulosas vistas del Mar Caribe.
Tiene un lobby a doble altura con accesos controlados para residentes y visitantes. Estacionamiento para 300 vehículos con acceso controlado y seguridad monitoreada. Servicio central con 3 elevadores y 2 escaleras contra incendio y ascensor de servicio. Sistema general de detección y supresión de incendios. Además de ducto y compactador de basura. Cuenta con sistema de aire acondicionado central en base a agua helada.
Zona recreativa en tercer y cuarto nivel con vistas panorámicas al Mar Caribe. Estas facilidades incluyen gimnasio equipado, sala para masajes-spa, saunas de vapor, jacuzzi, alberca para niños y adultos, solarium, además de salas y terrazas para la comunidad, área de niños, circuito de jogging, pista de tenis, pista de padel y gazebos.
Veiramar S.A.Veiramar III, Santo Domingo, República Dominicana, 2008 (en construcción)
PROYECTO
Sánchez y Curiel, Arquitectos.
Andrés J. Sánchez y César Curiel, arquitectos
Plácido Piña, asociado al proyecto
Emilio Olivo, colaborador asociado
Rocío Marchena, Judith Reynoso y Laura De La Mota, colaboradoras
jueves 25 de septiembre de 2008
Talento Criollo en la gran manzana
Claudia Herasme Alfonso es arquitecta (UNPHU, 1997) con maestría en Arquitectura y Diseño Urbano en GSAPP, Columbia University (2000). En Nueva York colaboró con Susana Torre y en Davis Brody Bond, LLP. Desde el 2003 es diseñadora urbana del NYC Department of City Planning.
Esta entrevista -y las de cinco jóvenes más- fue publicada en la revista Estilos (No. 128, pag. 33 - 20.09.08) bajo el título "Talento Criollo en la gran manzana". La comparto en el blog por el propio interés que podría tener y por esa comezón que de algún modo llevamos a flor de piel y que en algunos colegios dominicanos le llaman de "padre orgulloso". Está tal cual salió.


EL TRABAJO Laboro para el Departamento de Planificación de la Ciudad de Nueva York como diseñadora urbana. Mis responsabilidades son visualizar el crecimiento físico de la ciudad como resultado de nuestras propuestas de rezonificación. En otras palabras, crear y analizar escenarios de desarrollo y su impacto en el contexto de la localidad en que tendrán efecto.
LOS INICIOS Durante mi adolescencia participé en programas de ayuda social y catecismo organizados por el colegio, y descubrí lo importante que es el espacio público y la estructura urbana. Me di cuenta que el aspecto físico de donde se desarrollan nuestras vidas tiene un importantísimo impacto en la calidad de las mismas. Me fui porque mi pasión son las ciudades, y para hacer de Santo Domingo una mejor ciudad tenía que salir a conocer y seguir estudiando para especializarme en el área.
MEMORIAS CRIOLLAS Olor a mar … sol, calor, música por todos lados, sonrisas de desconocidos. En lo personal y aunque suene cliché, lo que más extraño es el día a día con mi familia y amigos cercanos. Tengo dos hermosos e inteligentes sobrinos creciendo "a todo lo que da", y es difícil ser la Tía Claudia que vive en ‘nuevayor’ (ese lugar mítico donde vive Spiderman).
En calidad de representate turística, soy muy honesta. Es un país hermosísimo con gente increíble que hace lo mejor de sus circunstancias, donde recibes las mejores atenciones y donde más se disfruta de las pequeñas cosas de la vida. Pero también les cuento de nuestra corrupción y sus consecuencias, de las oportunidades desperdiciadas que hemos tenido como nación en beneficio de unos pocos. En fin, un país lleno de contradicciones.
DIFERENCIAS DE LA VIDA EN NUEVA YORK VS. RD. Las oportunidades. Debo confesar que al mudarme aquí dudaba un poco aquello de que es "el país de las oportunidades", pues me había creído el cuento de que no importa dónde, si te fajas y haces lo que tienes que hacer sin dañar a los demás te irá bien en la vida. Pues ocho años más tarde parece que ya no soy tan inocente.
LO MEJOR DE NUEVA YORK Me encanta caminar sus barrios y espacios públicos, siempre hay algún descubrimiento.
EL ESFUERZO DE TRIUNFAR Las oportunidades sí que existen en esta ciudad. Yo vine sin conocer a nadie en mi ámbito profesional y a base de muchísimas horas de trabajo y dedicación he podido hacerme un espacio. El esfuerzo empieza a dar sus resultados.
EL MAYOR LOGRO EN NY. Poder funcionar completamente en otro idioma y vivir de mis propios esfuerzos.
CONSEJOS PARA LOS QUE LLEGAN Ser tolerantes; seguir tu pasión por más difícil que parezca; y nunca dejar de aprender (ya sea personal o profesionalmente). Cuando uno siente pasión y dedicación por lo que hace no hay que tener miedo, si no la pegaste en la primera la pegarás después, lo importante es el compromiso a intentarlo.
EL REGRESO A LAS RAÍCES Cuando salí de RD nunca pensé que estaría aquí por tanto tiempo, salí con el compromiso personal de volver para ser un ente de cambio y desarrollo en mi país. Pero creo que aún no es el momento. La respuesta es SÍ, pienso en regresar algún día, la pregunta es más bien el cuándo.
lunes 22 de septiembre de 2008
El ejemplo de Ja'el en Progresando

Felipe (Branagan) y yo hemos dado muchas vueltas en bici por los alrededores de la UASD y todo lo que se conoce como la "zona universitaria", una especie de prolongación de la trama de Gazcue al oeste de la avenida Máximo Gómez.
Lo más interesante de la "Ciudad Universitaria" (1944) de Santo Domingo es su planteamiento urbano de continuidad con la ciudad, al modo tradicional europeo, que se contrapone al campus norteamericano aislado de sus vecindarios.
A pesar de las bondades del plan, el recinto universitario no ha logrado resolver los problemas de borde e integración a la ciudad. Algunos edificios como el hospital universitario (antiguo hospital militar), el de oncología y en cierto grado el de residencia de estudiantes (Calasanz), que le eran ajenos, dan ese primer indicio de la potencialidad y los beneficios de construir el borde y completar la ciudad, sin que eso vulnere sus deseos de resguardo de su propio territorio. La ejecución de la verja trastornó la integración y convirtió el recinto en ghetto. Una pena.
A Ja’el García (Santo Domingo, 1966) le cedieron un rincón casi residual de la propiedad universitaria para proyectar el Jardín Infantil Progresando (2007) e hizo lo que había que hacer: un edificio que está dentro del recinto universitario y que a la vez resuelve el borde en una continuidad urbana que completa el bulevar Santo Tomás de Aquino. Una solución que mantiene la escala residencial de los vecinos, pero que a la vez proporciona una connotación institucional reconocible. Además, está resuelto con mucha destreza, esa que siempre he reconocido y admirado en Ja’el. Y tiene conducta urbana ejemplar.
El Jardín Progresando explora el patio como microclima deseado y necesario, pero lo transforma en un espacio público grandioso que estimula la convivencia y la socialización. Aunque la celosía -lattice- (yuyeo) tiene mayor refinamiento en el dibujo que en la ejecución, ello no le resta al encanto especial de la guardería ni tampoco la altura doméstica de las pérgolas de entrada.
Cada vez que paso frente a este edificio de Ja’el celebro sus virtudes, pero extraño que se le escapara el impacto urbano que tendría si esa misma entrada la hubiera colocado en la vista culminante de la calle. Habría dado un palo.
Cuando veo el ejemplo de Ja’el García en Progresando, valoro el importante esfuerzo con el que toda una generación de jóvenes está contribuyendo al contenido y profundidad que debe ir adquiriendo la arquitectura contemporánea que se construye en República Dominicana. Y eso, de verdad, me llena de esperanza e ilusión.
jueves 18 de septiembre de 2008
La Suprema en las anécdotas de Cuqui
Emilio Olivo se ha convertido en una especie de intermediario entre Cuqui y yo. Tenía listo el texto "La Suprema en segunda", pero antes quería confirmar algunos datos con Cuqui. Entonces llegó este relato en el que comenta sus vivencias de cuando hizo la Suprema. No tuve que cambiar una sola palabra de mi texto como consecuencia del de Cuqui. Eso me sorprendió. Sólo precisé que la escultura frontal es de Prats Ventós (1925-1999).
De entrada, lo que más impresiona es su expresión inicial "detrás de los de la “Feria de la Paz..." lo que hace pensar que para Cuqui esa feria también era y es la "avenida principal". Hay que tener en cuenta que para cuando se inauguró la Suprema (26.02.1959) Cuqui Batista apenas tenía treinta y tres años. Era un muchacho.

De entrada, lo que más impresiona es su expresión inicial "detrás de los de la “Feria de la Paz..." lo que hace pensar que para Cuqui esa feria también era y es la "avenida principal". Hay que tener en cuenta que para cuando se inauguró la Suprema (26.02.1959) Cuqui Batista apenas tenía treinta y tres años. Era un muchacho.

Estimado Emilio, Saludos:
El edificio que albergaba la Suprema Corte de Justicia, detrás de los de la “Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre” hasta mudarla al nuevo en la avenida principal, nos fue encargado por el ingeniero Alejandro Martínez y Martínez, quien ya me conocía desde mi primer día de trabajo en donde Henry Gazón Bona, en razón de que sería el constructor de lo que debíamos dibujar, y había un atraso por falta de dibujantes.
Hasta ese momento nunca habíamos dibujado nada para ser construido. Desde que pegamos el papel con chinches y trazamos el marco que se nos pautó, y el área de la tarjeta y el giro del lápiz corriendo sobre la regla T, don Alejandro, muy dinámico y expresivo, anunció a viva voz: en esta mesa está el mejor dibujante que haya visto, seguido de la pregunta, tú quién eres?.
Momentos antes, Rafael Bonelly García me había criticado por muchacho y sin dudas, con falta de capacidad para estar en una oficina de esa categoría, y al responderle y criticarle el ambiente, me hizo saber que al que yo critiqué como lento era el mejor dibujante del país, y a la misma pregunta de tú quién eres, me respondió que el era como tío mío, que había crecido al lado de mi tío y mi papá que sería siempre mi amigo, y me habló de su gran capacidad como estructuralista; lo demostró luego cuando buscado para construir la cárcel de la Victoria me encargó el dibujo y hubo ahí una revolución en razón a que no había sanitarios y le dijimos que como se sentiría preso sin un sanitario y me dijo resuelve de donde sacaras ese costo y le respondí que siendo el un estructuralista podríamos anular las vigas y resolver con un techo abovedado, que se podría lograr con más económica carpintería y acero y así se hizo, y luego me dijo que faltaba dinero y le respondí de hacer las puertas interiores de hojalata para que no pudieran agujerearlas o quemarlas.
Al responderle a Alejandro Martínez me dijo que le terminara los planos cuanto antes. Cuando pregunté a Gazón sobre la asistencia estructural, me dijo, busca en el archivo, y pregunta el lunes al primer ingeniero que venga. Llegó Petrus Manzano, miró el plano y dijo que la estructura estaba bien; el croquis era de Gazón.
Con relación al tribunal hice una solución que cuando Alejandro la vio, me dijo que de que país creía yo que era y me invitó a ir al solar y se hizo lo que está, luego criticado por Don Humberto Ruiz Castillo, en relación a las placas exteriores exigiendo ponerlas a escuadra en las esquinas, él era el ingeniero de la presidencia y nos conocíamos desde la universidad donde daba la descriptiva y me cambió la materia por soluciones privadas de bombas de gasolinas y otros proyectos como la elevación frontal y lateral de la iglesia de Moca y otros proyectos ya que me había recomendado Petrus Manzano de que no me equivocara nunca cobrándole a Don Humberto y cuando me equivoqué diciéndole que se necesitaba 700 pesos para el gasto de una oficina para dibujar el Alma Mater (de la UASD) se lo pidió a los franceses de la Basílica de Higuey y luego me enteré de que estos le exigieron y hubo que pagarles 35,000.
En la planta interna del edificio de justicia no hubo cambio alguno, y Alejandro jugó con el piso, y también hizo la estructura. En vez de pagarla prefirió ponerle acero de sobra, era su criterio. Las placas bordeando la caja del edificio al modo del Partenón de Atenas no la pegábamos. La escultura se encargó a Prats Ventós.
El señalado como el mejor dibujante del país, lo era, fuimos amigos, yo lo usaba como estructuralista en una casa en la Meriño de Mario Penzo, en un puente en arco sobre el Ozama de Petrus Manzano como dibujante de presentación, y así también en una fachada del Bellas Artes sombreada, para Ingenieros Asociados. Otro edificio para Alejandro Martínez, para la lotería, me acercó en amistad con Guillermo González Sánchez quien me decía ocasionalmente que donde el estaba yo cabía.
El mejor dibujante del país era Bibilo. Andrés de los Santos Báez. A quien Gazón nunca pudo decir Bibilo si no Ribilo o de los Santos Reyes. Con Bibilo fuimos a muchos concursos que nunca ganábamos. Eso de concurso siempre ha tenido sus trucos; sólo serán eficientes cuando los participantes funjan de jurado.
Gracias reiteradas, saludos para Plácido.
Cuquibatista@hotmail.com
lunes 15 de septiembre de 2008
La Suprema en segunda

El Centro de los Héroes en Santo Domingo fue planeado más como distrito administrativo que como recinto ferial (1955). Su organización espacial se basa en un eje hacia el mar con una fuente en el centro, en lo que pudo ser una plaza cívica. En el Congreso y el Ayuntamiento se concentra todo el simbolismo de poder y hegemonía. Detrás, en segunda línea, todos fueron edificios bajos o para usos sin trascendencia pública.
Los dos “palacios”, el Congreso y el Ayuntamiento, los diseñó Guillermo González (1900-1970), el arquitecto estandarte y autor del plan maestro. Eso trae a colación el tema (Speer-Hitler) que busca explicación a la pregunta “¿Por qué los mejores arquitectos construyen para los peores regímenes?” y que a propósito de los recientes juegos olímpicos de Beijing, Luis Fernández Galiano explora en su artículo “La arquitectura en los Juegos Olímpicos” (El País, 05.08.08). En "La Arquitectura del Poder" (Ariel, 2007), Deyan Sudjic hace unas polémicas interpretaciones que ilustran las relaciones entre los arquitectos y los poderosos durante el siglo veinte.
Los pabellones menores y los efímeros, se asignaron a arquitectos muy jóvenes, y es justo ahí donde se manifiestan los esfuerzos más notorios de búsqueda y originalidad. Los que tenían más frescor.
A tono con la ideología de un régimen tiránico, la Suprema Corte de Justicia fue puesta en segunda línea y colocada detrás del Congreso para que se perdiera en su discreción. Escondida para que nadie encontrara a la justicia o pensara en ella.
Como la Suprema era de segunda, se le asignó a un ingeniero, a Alejandro Martínez, para salir del paso. Pero don Alejandro, que era muy responsable, buscó ayuda para resolver del problema y es cuando entra en escena, discretamente, Cuqui Batista (Santiago, 1925).
A esta Suprema casi nadie la recuerda y apenas aparece en algún registro. Todavía busco una explicación razonable a la fascinación que desde hace tanto tiempo me provoca este edifico. Quizás ni me hace falta buscarla. En estos días le di como tres vueltas, en bici y con Felipe, analizando y tratando de entenderlo. Todavía persisto en ello.
Es un volumen de tres pisos que cubre casi toda la manzana con unos taludes en césped que lo ajusta a las aceras. Para proveer sombra a este cuerpo se le agrega una máscara, o nueva piel, en forma de seudo peristilo, con una sugerente inflexión hacia el centro, apenas perceptible. Esto le cambia la escala y lo convierte en un edificio monumental de un sólo piso con una serie de muros láminas y cuatro esquineros, todo en travertino. La escultura de Prats Ventós (Antonio), en la entrada principal, resalta esa monumentalidad de sencilla nobleza y es la única que en todo el recinto preside a un edifico.
Lo curioso es que en la fachada principal y en la posterior la modulación del peristilo no coincide con la estructura del edificio. Incluso cambia en el vano central de la entrada. Como si uno fuera hecho sin pensar en lo otro, pero con el propósito de lograr espacios impares. La Suprema tiene sus trucos.
Lo que más llama la atención es la habilidad para hacer un edifico abstracto y moderno con una alusión a lo clásico o a lo neoclásico, pero que además tenga un cierto aire fascista.
Aunque a la Suprema la relegaran a ser de segunda, Cuqui Batista hizo un trabajo meritorio. Un edificio que quizás sólo a mí me cautive y para lo que no hay explicación alguna. Pero sigo buscándola.
jueves 11 de septiembre de 2008
Holiday Inn Santo Domingo

El Holiday Inn Santo Domingo, de Inverplata S.A., marca de Intercontinental Hotels Group -IHG- es un hotel de ciudad con 162 habitaciones y 20 suites, proyectado con las normas y requisitos habituales de la tipología Holiday Inn. Su arquitectura, en cambio, apuesta por una propuesta que reconoce el sitio y la ciudad, a tono con una cultura contemporánea idónea al espíritu del nuevo hotel de negocios.
El concepto es una barra perpendicular a la avenida Abrahan Lincoln, bien separada de los colindantes, en una lectura de “pieza colocada” sobre una plaza-plataforma. El vestíbulo, a doble altura, propone una experiencia que se traduce en “estar a la sombra en medio de la avenida” lo que fortalece su vocación de hotel urbano.
Recepción, restaurante, cafetería y salas de reuniones se ubican en planta baja, mientras que el bar lounge está en mezzanine, sobre el lobby y la avenida. El gimnasio, la alberca y la terraza jardín -roof garden- culminan el edificio recreando un espacio lúdico con disfrute de la ciudad, las montañas y el mar.
El hotel se incorpora a una zona de la avenida Abrahan Lincoln que va tomando un carácter y perfil urbano de alta calidad y promete ser un nuevo centro de negocios que apuesta a la excelencia. El Holiday Inn Santo Domingo es toda una experiencia contemporánea.
Holiday Inn Santo Domingo, Santo Domingo, República Dominicana, 2008 (en construcción)PROYECTO
Sánchez y Curiel, Arquitectos.
Andrés J. Sánchez y César Curiel, arquitectos
Plácido Piña, asociado al proyecto
Pablo De La Mota, colaborador asociado
William Guzmán, Rocío Marchena y Judith Reynoso, colaboradoras
Gina Calventi, Iluminación
CONSTRUCCION
Sánchez y Curiel, Construcciones
lunes 8 de septiembre de 2008
El Mercadito de Nani

El miércoles 4 de diciembre de 1957, Nani Reyes (1924-1966) registró en su bitácora un proyecto con el nombre “Edificio Comercial y Apartamientos”. Lo construyó en Gazcue para Antonio Barletta, un cliente al que le hizo cinco proyectos en dos años -entre noviembre del 1956 y julio del 1958- incluyendo su residencia (1956) y la casa de verano en Boca Chica (1957). Una vez terminado se instaló allí El Mercadito, donde ahora está la heladería de Baskin Robbins (avenida Bolívar esquina Juan Isidro Jiménez). Ese día Nani ni siquiera imaginó que su edificio para alquiler sería ejemplar y que hoy, cincuenta años después, se podría aprender mucho de su impronta.
Para tener una idea de la actividad de Nani en esos años, y de su Reyes-Arquitectura Construcciones, hay que pensar que sólo en la avenida Bolívar, en apenas siete años -entre 1956 y 1963- construyó 16 proyectos, entre ellos 14 residencias, El Mercadito y su propia oficina (1960) frente al colegio De La Salle. ¡Impresionante!
El Mercadito de Nani, con todo su rigor moderno, es de esos edificios que mezclan en forma conveniente la vivienda y el comercio; una composición que siempre enriquece la vida de un vecindario y que debería perseguirse en las normativas urbanas. Con su vecino de enfrente, la farmacia Rex (hoy Carol) de José A. Caro Alvarez (1910-1978), forma una especie de portal a la calle Juan Isidro Jiménez. Ambos tienen excelentes zaguanes laterales para la entrada independiente a las viviendas. Y cosa curiosa, Nani Reyes colaboró varias veces con Caro Alvarez.
Oliva, Rex, Roxy, El Mercadito, se recuerdan e identifican por el nombre de los comercios, además de sus notables virtudes. El Mercadito fue modelo de supermercado de vecindario y la gente iba allí a disfrutar de la experiencia de moverse, con un carrito de supermercado, entre góndolas y en aire acondicionado; también por la calidad del servicio. Y el edificio de Nani es fundamental para celebrar esa experiencia y dejarla grabada en la mente de la gente.
Edificios como el de Nani, correcto, respetuoso, bien pensado, modesto y de buenas proporciones, son los que completan la ciudad y dan carácter a una calle y a un vecindario que, como el de Gazcue, siempre ha sido admirado por su armonía. Está hecho sin alzar la voz. Y eso es importante en el propósito de hacer ciudad.
Cada vez que voy al Baskin Robbins de allí, o paso en bici con Felipe (Branagan), admiro el valor urbano de este edificio hecho sin estridencia. Aprender de la modestia debería ser una búsqueda.
Es posible que Nani Reyes no se diera cuenta que ese miércoles, cuando le asignó en su bitácora el no. 185 al encargo de Barletta, estaba registrando un edificio ejemplar. Una esquina y un lugar memorables.
jueves 4 de septiembre de 2008
Texaco Independencia y los prototipos


Lowell,
Desde que recibí estas fotos de la Estación Texaco de la avenida Independencia, me he quedado pensando sobre la evolución de las gasolineras y sus arquitecturas. También del impacto y la transformación de los prototipos sobre las marcas.
Texaco adoptó pronto el Art Deco (Streamline) en sus modelos de gasolineras que diseñó Walter Dorwin Teagu entre 1934 y 1937. Ésa, frente al parque, y la de "Calamidad" en la avenida Mella (entre 16 de agosto y 30 de marzo), siguen esos modelos, y se convirtieron, además, en centro de transportación interurbano; la del parque hacia el Sur y la de Calamidad hacia el Cibao. Al dueño le llamaban así, Calamidad, y por eso a la gasolinera. Viajaba por ahí a La Vega, con Bretelito, Demetrio o con Polonia, en los años en que hice el bachillerato en la capital (1956-1961). Por eso estas gasolineras están en mi memoria.
Las fotos me recuerdan un poco, también, la arquitectura Googie de los coffee shop americanos de los 50. Pero eso no viene al caso. Lo que sí evocan estas imágenes es el valor y la habilidad de la arquitectura cuando se asocia adecuadamente con iniciativas innovadoras. Texaco y Esso son ejemplo de su impacto en carreteras y pueblos de Norteamérica y el Caribe.
Esas gasolineras streamline inundaron el país en los años 50 y causaban furor, no sólo en Santo Domingo, sino en los pueblos del interior, y siempre se situaban en lugares estratégicos. Es más, tenían connotación de progreso, porque con ellas llegaba el asfalto, que no sé por qué le llamaban ¨talvia". Las que permanecen, como esa frente al parque Independencia, provocan el mismo encanto que antes, con esa ilusión cándida de simular "vencer la gravedad".
Pero el caso más notable, en la relación prototipo y marca, es el de la cadena norteamericana de hamburgers White Tower (1926-1972), orientada a la clase trabajadora. Esas fotos me traen todo este tema a la memoria y me hizo volver a revisar el estudio White Towers (2007) de Paul Hirshorn y Steven Izenour (a quien debes recordar por Learning from Las Vegas).
Es curioso, Lowell, el modo en que estas imágenes han remeneado mi memoria y me llevaron a consultar temas que tenía ahí, en suspenso, y entre mis intereses.
Abrazos,
Pla
Nota:
Con la observación de Emilio Brea corrijo el nombre de Caridad, que en un lapsus puse en vez de Calamidad como realmente le llamaban al dueño de la gasolinera. Gracias
lunes 1 de septiembre de 2008
Pasión por Gazcue
El 18 de noviembre de 1996, Clara Leyla Alfonso pronunció unas palabras en la apertura de la heladería Baskin Robbins de Gazcue. Buscando información sobre "El Mercadito" de Nani Reyes, encontré su texto sorprendente en el que revela una verdadera pasión por Gazcue. Lo comparto.

En 1900, lo que hoy se conoce como Gazcue era una zona de estancias y haciendas.
Desde la Puerta del Conde partían, hacia el Norte, el Camino de Santa Ana, y hacia el Sur, el Camino a Güibia, que con el tiempo se convertirían en las hoy avenidas Bolívar e Independencia,
Gazcue, al norte de la Avenida Bolívar, sobre la línea del antiguo camino de Santa Ana, fue desarrollado entre 1910 y 1920 por Pedro A. Lluberes, propietario de la estancia de Gazcue y las haciendas La Generala, Mis Amores y La Aguedita.
El plan de desarrollo, encargado al ingeniero Arístides García Mella, era básicamente de manzanas 100 por 100 metros, ortogonales a la avenida Bolívar, con solares de 25 por 50 metros y uso exclusivamente habitacional unifamiliar.
Altagracia de Thomén, nieta de Pedro A. Lluberes puntualizaría en 1987 que “mi abuelo comenzó la urbanización de esos terrenos imitando lo que había visto en Santurce, Puerto Rico, a donde iba todos los años a los baños termales de Coamo... Se exigía que las personas construyeran casas aisladas y dejando un jardín cuyas dimensiones también se estipulaban, no se debían construir casas contiguas como en la parte colonial o en Ciudad Nueva, y no se destinó ninguna porción para parque porque se entendía que toda la urbanización serían un gran jardín...
Entre 1920 y 1930 Enrique Henríquez desarrolló su hacienda La Primavera, limitada por la avenida Bolívar y la avenida Independencia, y por la Socorro Sánchez y la Danae. Datos de la época indican que en la urbanización de las tierras de La Primavera se construyeron por primera vez contenes, cunetas y aceras, dejando fajas de terreno para grama y arbolado...
Sobre esta parte de Gazcue aporta la nieta de Lluberes lo siguiente: Al sur de la avenida Bolívar... estaban las tierras de Don Enrique Henríquez, llamadas La Primavera. Al ver Don Enrique que mi abuelo tenía éxito en parcelar sus tierras, quiso hacer lo mismo y también busco a Don Arístides García Mella. Como Don Enrique y mi abuelo tenían diferencias políticas, él encargó a Don Arístides urbanizar su porción de manera que mis calles no coincidan con las de Pedrito. Esa es la razón por la que las calles que van de Sur a Norte desde la Independencia a la Bolívar no coinciden con las van desde la Bolívar hacia el Norte.
La discontinuidad de sus calles transversales, ha guiado a la avenida Bolívar hacia una vocación comercial al pasar de vía de borde de cada barrio originario, a vía de convergencia o confluencia de ambas zonas que tienen entre sí una coherencia urbana meritoria.
Así se construyó el Gran Gazcue que conocemos hoy, limitado por la 30 de Marzo, la avenida Francia, la avenida Máximo Gómez y la avenida Independencia hasta el parque Independencia, y comprende al propio Gazcue, que incluye la Plaza de la Cultura y la Aguedita, al Ensanche Lugo, a La Primavera y al Ensanche Independencia.
Y toda esta zona de la ciudad de Santo Domingo, histórica, modelo urbano, romántica, bella y atesorable, ha caído desde hace ya unos años, más de lo que uno quisiera, en un cierto estado de dejadez y abandono, corriendo el grave peligro de ver desaparecer esencialmente, su preciado legado arquitectónico y urbano, su flora y sus calles arboladas.
Al final de los 80, un grupo de residentes preocupado por el curso que tomaba la zona, lanzó el Movimiento Pro Conservación de Gazcue, logrando levantar en la opinión pública la conciencia de que algo precioso se nos escurría entre la manos, sin que apenas nos diéramos cuenta. Fue un toque de trompeta: la indiferencia debía ser sustituida por la acción y el compromiso. Gazcue debía, tenía que ser rescatado, preservado, vuelto a la vida.
Del 87 a la fecha la acción de este movimiento no ha cesado, aún con sus altas y sus bajas. El poder de convocatoria de Jochi y de Marcelle logró la adhesión de mucha gente sensible dentro y fuera de Gazcue.
Logró, sobre todo, el respaldo de quienes podríamos llamar gazcuenses tradicionales e históricos, algunas y algunos que nunca lo abandonaron físicamente, y otras y otros tantos que siempre han mantenido el lazo afectivo y emocional, su corazón en Gazcue, y que no dudaron ni dudan en levantar sus voces y sus brazos en favor de la supervivencia de su barriada de siempre.
En realidad una larga lista de nombres podría ser insertada aquí; permítanme mencionar sólo algunos sin menoscabo de los que no nombro: Clara Tejera de Reid, María Ugarte, Kanky Despradel, Antonio Thomén, Gustavo Moré, Hamlet Hermann, Thimo Pimentel, Wenceslao Troncoso, María Consuelo de Pérez Bernal, Emilio Brea, Wenceslao Vega...
Creo que los frutos de este movimiento son apreciables. Desde hace unos pocos años antiguos residentes han vuelto a sus casas, se han levantado nuevos edificios y en general, se ha reanimado la actividad comercial de la zona. De barrio netamente residencial, Gazcue se ha ido transformando, al acoger oficinas profesionales, pequeños hoteles y negocios y se aproxima a potencializarse como un modelo real, vivo y dinámico del vecindario tradicional donde la vivienda y el comercio, la cultura y la diversión armonizan en un mismo entorno. Las propiedades recobran valor y nuevos vecinos y empresas vienen a Gazcue.
Y aquí llega Baskin Robbins cautivado por la magia de Gazcue; por la atracción que ejerce el lugar y el orgullo que muestra la gente por su vecindario tradicional. Desde hoy Baskin Robbins es parte de la vida y la tradición de Gazcue.
Este mismo edificio fue vanguardia cuando se levantó a finales de los 50 y aquí mismo se instaló "El Mercadito" el primer supermercado de la zona. Y esta historia nos impulsó a instalar nuestra heladería mas bella, hecha con todo el esmero, con el cuidado que merece Gazcue y sus gentes y con la intención de recuperar la idea de la heladería como lugar de encuentro, de entretenimiento y de placer. Es nuestro compromiso con el futuro de Gazcue
Por eso estamos hoy en el corazón y con el corazón de Gazcue... ese lugar que nos habla de paseos tranquilos en calles arboladas, de atardeceres rojos en casas solariegas, del olor de la lluvia al llegar cada Otoño... cigarrones y almiras brotando en cada patio.
Gazcue es un lugar atesorable... un lugar de magia . A esa magia se asocia hoy Baskin Robbins.
Gracias.
Clara Leyla Alfonso
jueves 28 de agosto de 2008
En la calle Los Pinos

Recuerdo muy bien la calle Los Pinos. Presumo fue en los años 40 que José A. Caro Alvarez (1910-1978) hizo su casa solariega bien al fondo, al lado del Colegio Santo Domingo. La diseñó al estilo neohispánico, pero al modo de rancho californiano, muy distinto a su emblemático Facultad de Medicina (1944) realizado en la más pura afiliación al Movimiento Moderno. Asumo que a principios de los 50, en todo ese terreno que dejó frente a la avenida Bolívar, desarrolló ese vecindario de la calle Los Pinos, que incluía su propia oficina y unos apartamentos hacia el farallón. En contraste con la suya, todas eran en el espíritu moderno del “post and beam” californiano.
Para esa época despuntaba el programa Case Study Houses (CSH) que auspiciaba la revista vanguardista Arts & Architecture, en los tiempos en que John Entenza fue su editor y Joseph Eichler era un osado desarrollador inmobiliario. Eichler recogió el espíritu moderno que promovía CSH (Case Study Houses: 1945-1966), lo puso a disposición del público y superó la tristeza y uniformidad de los Levittown de postguerra. Con sus vecindarios transformó el paisaje de la suburbia californiana. Joe Eichler se apoyó en reconocidos arquitectos, principalmente en A. Quincy Jones (1913-1979) y su estudio Jones and Emmons. Una colaboración que resultó en más de cinco mil casas basadas en sus diseños (Eichler Homes: Design for Living).
Don José Antonio hizo algo similar en la calle Los Pinos, y es seguro que estaba bien informado de los CSH y de lo que ocurría en California. Era un hombre de cultura renacentista, con una biblioteca impresionante, que cuidaba y atesoraba; tan fascinante que siempre soñé tener algo así para cuando fuera arquitecto. En su estudio vi por primera vez un ejemplar de Arts & Architecture.
La calle Los Pinos fue el primer desarrollo, urbanización o vecindario que se hizo en Santo Domingo al estilo de suburbia americana, con ventilación natural, sin verjas, con césped bien cuidado y estilo de vida al aire libre alrededor de las barbacoas. Muy parecido a los de las Eichler Homes que aún hoy se atesoran. Un lugar también muy apreciado por residentes extranjeros. Para lograr ese entorno, don José Antonio diseñó algunas casas, y parece que buscando diversidad encargó otras a jóvenes arquitectos. Al menos se tiene noticias de que Nani Reyes, recién llegado de Texas, diseñó algunas.
El asombroso éxito de Caro Alvarez en la calle Los Pinos, como vecindario privilegiado, debió repercutir en el desarrollo posterior de la vecina La Julia, al otro lado del Colegio Santo Domingo. Su legado va mas allá de la calle Los Pinos, pero este proyecto tenía un aura, un sentido de lugar -Genius Loci-, que por más que busco no he encontrado nada comparable a sus bondades.
Siempre pensé que la obra de don José Antonio sería de la mejor documentada y que en algún momento volvería a ver, ahora publicada, la perspectiva maravillosa de su propuesta para la Biblioteca Nacional del 1959 (¿o 60?), con sus fachadas de calados tropicales, a lo Edward Durell Stone. No ha sido así. Ni obra completa ni web site. Sólo queda revisitar, en bici, la calle Los Pinos y recordarla en su momento de esplendor. Así lo he hecho.

P.S.
Creo que alrededor del 1969 , Tony y Danilo (Caro), sus hijos graduados de Cornell University, construyeron para ellos, su hermana y Jaime (Batlle), un row house en el jardín de la casa solariega y la convirtieron en un recinto familiar, con mucho respeto al vecindario.
El conjunto fue diseñado en una estética muy en boga en Norteamérica en esos años de los New York Five y de las casas en madera, neomodernas, de Gwathmey and Siegel; pero al construirse en bloques de cemento y acabado en rústico blanco, se acerca más a una arquitectura mediterránea, muy a tono con la residencia familiar.
Una peculiaridad de este conjunto es que los patios de cada unidad, al ser de hermanos, se integran completamente sin necesidad de verjas, así como los estudios y las terrazas jardín en el techo. Es un row house magnífico. Eso es verdad.
lunes 25 de agosto de 2008
El invento de la Row House de Johnny

Debe ser en 1961 cuando en Santo Domingo se hizo un desarrollo moderno de casa en hilera -row house- para familias de altos ingresos. Si eso es así, debió ser el de Juan -Johnny- Pujadas (Santo Domingo, 1932) frente a “la universidad” (José Dolores Alfonseca No. 9). A finales de los 50 era un privilegio vivir alrededor de la universidad. Siempre que paso por ahí, en bici con Felipe, imagino su impacto en una sociedad que recién estrenaba democracia y en un tiempo en el que casi nadie había salido del país.
Supe que Johnny Pujadas estudió, al menos el bachillerato, en Estados Unidos y presumía de ser un joven arquitecto al estilo de vida americana. Tenía muy “buena mano”, en el sentido de facilidad para el dibujo. Junto al ingeniero Guillermo Armenteros se aventuró a construir algo nuevo, una row house, y tuvo la ocurrencia de subirle la oficina de la joven firma Pujadas y Armenteros.
Como efecto de demostración, o como aspiración moderna, el mismo Johnny vivió en una de las unidades. Las otras familias eran de jóvenes profesionales que también habían tenido experiencia norteamericana. Jóvenes innovadores y modernos, maravillados por el espacio interior y la ligereza de la escalera flotante. Todavía hay quien recuerda con una sonrisa de niño sus años de socialización y ha regresado a ver si sobreviven los pajaritos que pintó su madre en el patio de la casa. Pero ya nada es igual.
Pujadas y Armenteros extrapoló el concepto a varios desarrollos masivos, en una ciudad que empezaba a expandirse y nuevas capas de la clase media se constituían en mercado con la introducción de las hipotecas aseguradas (FHA). Construyeron casa en hilera en El Portal, Miramar, La Agustina y otros sitios, con un éxito económico explosivo. Sin embargo, nada se acerca, ni en pintura, al encanto o al estilo de este proyecto precursor.
La casa en hilera -row house, terraced house, townhouse o brownstone- se basa en el principio de la repetición. El uso más extendido de la tipología, como se conoce hoy, se remonta a las barriadas de trabajadores en los albores del periodo industrial. Aunque no tenía una connotación positiva, se hizo popular en otros estamentos por sus ventajas económicas y su bondad para promover un sistema de valores en una compleja red de interdependencia; mezclando vivienda con trabajo en planta baja.
El proyecto de Johnny Pujadas, con sus relieves de escala pública, recoge lo mejor de la tipología, y probablemente se convirtió, en los años 60, en un producto que colmaba aspiraciones genuinas de calidad de vida moderna. Aunque se lo trague la tierra, eso tiene un valor entrañable, a pesar de encaramarle su propia oficina. Una idea completamente alocada o inusual, pero que funcionó muy bien. Sin aspaviento.
jueves 21 de agosto de 2008
Aqua Village, Juan Dolio

Cuando el Grupo Aqua planificó el desarrollo de Aqua Tower (Juan Dolio, 2007) la densidad admitía la construcción de seis unidades adicionales, pero el límite de altura y los linderos establecidos impedía incluirlas en el mismo edificio. El encargo requería completar el total de la densidad que las normas establecían y que disfrutaran, como un sólo condominio, de todas las facilidades de playa, alberca y gimnasio, así como el mismo estacionamiento y controles de seguridad. La propuesta fue construir, al otro lado de la calle, Aqua Village (Juan Dolio, 2008), un proyecto complementario, pero con su propia personalidad.
Aqua Village son seis unidades duplex agrupadas en dos bloques alrededor de una plaza de playa o atrio, en la tipología de cluster, análogo a un poblado -village-. Un modelo de agrupación que se había desarrollado antes en María Fernanda (Santo Domingo, 1985). Las viviendas tienen su propio patio privado y en el techo una terraza jardín, con pérgolas, para fomentar actividades al aire libre. El conjunto se completa con una facilidad comercial en la esquina que actúa como pivote de referencia, y estimula la vida comercial y la socialización de la calle.
La propuesta usa los mismos elementos arquitectónicos de Aqua Tower y Aqua Loft (Juan Dolio, 2008) como un distintivo de su estilo “vivir en la playa”, en armonía con su vecino de enfrente, pero a una escala apropiada a la acera norte de la calle principal del poblado de Juan Dolio. La entrada refuerza la condición de esquina y conecta directamente con la playa, en alusión y reforzamiento al sentido de propiedad de todo el conjunto.
Grupo Aqua.Aqua Village, Juan Dolio, República Dominicana, 2008 (en construcción)
PROYECTO
Sánchez y Curiel, Arquitectos.
Andrés J. Sánchez y César Curiel, arquitectos
Plácido Piña, asociado al proyecto
Laura De La Mota, colaboradora asociada
CONSTRUCCION
Sánchez y Curiel, Construcciones
lunes 18 de agosto de 2008
Arquitectos iberoamericanos Siglo XXI
Omar Rancier fue el responsable de los ensayos sobre los arquitectos del Caribe, que también incluyen de Puerto Rico a Segundo Cardona y Andrés Mignucci. Roberto Segre, en cambio, escribió el texto sobre Gustavo Moré.
Para poner este trabajo en su contexto y significado personal, incluyo dos mensajes que intercambiamos Omar y yo el mismo 11 de abril del 2007, cuando recibí el libro y leí el ensayo. Eso explica el deseo de conservarlo en el blog y divulgar una obra que no ha circulado en el país. También en reconocimiento a Omar.
Omar,
Acabo de recibir el libro vía el Cuco. Me apresuro a contártelo porque he leído el primer párrafo de tu texto y... se me salieron las lágrimas. Todavía estoy así, en ese estado de emoción que sólo las lagrimas pueden expresarlo de manera genuina.
Lo justo es compartir contigo esa emoción ahora, aún antes de seguir adelante.
Estoy impresionao.
Gracias,
Pla
..................
Gracias, Pla, es el mejor elogio que he recibido por decir lo que siento de la obra de un gran arquitecto que me ha brindado, además, el tesoro de su amistad.
Abrazos,
Omar
Ya terminé, Omar. Has escrito el artículo que siempre hubiera querido que alguien, alguna vez, escribiera sobre mi. Y me gusta porque reflejas un conocimiento y admiración íntima con una honestidad aplastante, y la cultura que hacía falta. Que suerte la mía! Y que fortuna leerlo ahora... en blanco y negro.
Como siempre falta algo, solo faltó la foto que te pedí que me hicieras y que nunca salió. Pero está nuestro paseo en Ponce, eso lo compensa.
Estoy realmente feliz. Y quiero que lo sepas.
Pla
...............
Yo también estoy feliz, gracias .
Lo de la foto es una de las anécdotas que atesoro, como el mismo viaje a Ponce.
Abrazos
Omar
Yo también estoy feliz, gracias .
Lo de la foto es una de las anécdotas que atesoro, como el mismo viaje a Ponce.
Abrazos
Omar

La arquitectura a través del conocimiento.
Por Omar Rancier
Plácido Piña nació en 1945 en La Vega, un pequeño pueblo capital de la provincia del mismo nombre, al norte de Santo Domingo, preciado por su aporte a la cultura y al deporte dominicano; dos de las pasiones que abrazará el futuro arquitecto al transcurrir del tiempo. Es posible afirmar que su obra se referirá, en ocasiones, a la arquitectura “vegana” que conoció desde niño, aunque él se reconozca mas urbano por haber viajado a los once años de edad a Santo Domingo para estudiar la secundaria, lejos de la vigilancia que el régimen de Leonidas Trujillo sometiera a la familia Piña en su ciudad natal por haber sido su padre parte de un movimiento opositor al tirano. En la capital cultiva un amor por la ciudad como expresión de vida caminando por las calles de Gazcue, un barrio de principios de siglo XX, con casas solariegas, grandes jardines y un arbolado urbano excepcional, y por las calles de la Ciudad Colonial, con sus fachadas urbanas corridas y sus monumentos.
Entra a la carrera de arquitectura de la entonces Universidad de Santo Domingo no por vocación sino por solidaridad con sus amigos que entraban a la Escuela de Arquitectura y se graduó en 1970, luego de un año de trabajar con algunos de los principales arquitectos del pais. Es galardonado con el Premio del Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (Codia) otorgado al mejor estudiante de arquitectura de su generación.
En su formación profesional ha identificado dos grupos de profesores que le dejaron esa pasión por la arquitectura, la historia, las artes y la técnica: un primer grupo, el “Eje Italia”, compuesto por Rafael Calventi, Víctor Bisonó, Manuel Salvador Doi Gautier, de formación italiana, que le trasmiten la noción de la historia y el humanismo como instrumentos de diseño; el segundo, de formación norteamericana, especialmente Fred Goico, de la Universidad de Pennsylvania -la escuela de Louis Kahn-, con quien trabaja entre 1970 y 1971, Él le enseñó el oficio de la arquitectura y la relación del conocimiento técnico con el diseño del espacio arquitectónico, como un sistema integral que hace posible que el edificio funcione. Además, la formación “kahniana” de Goico le proporcionó otra sensibilidad diferente a la clásica europea, una estética trabajada desde el espacio y sus relaciones operativas y técnicas, y la poesía -el espacio y la luz de Kahn- que se desprende de esto.
Esas dos visiones la sintetiza en el periodo de trabajo en la oficina de Rafael Calventi (1972-1977) , quien a pesar de ser el miembro más prominente del “Eje Italia”, había colaborado en las oficinas de Ieoh Ming Pei en los Estados Unidos y por lo tanto compendia las dos aproximaciones. Con Calventi participó en los mas importantes concursos de diseño de la época, en un medio poco dado a los concursos, y ganando el de la sede principal del Banco Central de la República Dominicana, donde colaboró en el diseño del auditorio, uno de los edificios paradigmáticos de la arquitectura de la segunda generación arquitectos modernos dominicanos.
Hacia 1977 fundó su propia firma: P. Piña y Asociados. Ese mismo año ganó el concurso de diseño para el edificio sede del Banco Hipotecario Dominicano (BHD), junto con Harry Carbonell, el que finalmente no se construye porque el banco cambió el sitio original por uno más urbano. No obstante, Piña rediseña el proyecto, el cual responde certeramente al emplazamiento y en el que logra manejar, hacia el interior, la fría escala corporativa con unas vigas que cruzan el gran espacio del lobby, reduciéndolo a dimensiones mas humanas.
Una de las cualidades de Plácido Piña es ser capaz de integrar un pensamiento lúcido y contemporáneo a sus propuestas de diseño. Siempre informado de las vanguardias, su arquitectura ha sido influenciada por estas, sobre todo en el pabellón deportivo del Santo Domingo Country Club (1980), con Harry Carbonell, que enfrenta por primera vez la arquitectura dominicana con la postmodernidad. A pesar de que ha declarado no ser postmodernista “es mejor hablar de actitudes que de estilo”(1) , es quizás el mejor representante de lo postmoderno en su país. Sin embargo, su búsqueda expresada en una serie de obras de excelente factura y apoyada en un pensamiento conceptual muy sólido, ha transitado no sólo por la posmodernidad, sino también por el neoracionalismo en el Edificio BHD y el regionalismo crítico casa de campo La Cuaba,(2) diseñada con Andrés Yuyo Sánchez y César Curiel, dos miembros de su estudio. Justamente, otra cualidad de este arquitecto es que ha hecho escuela desde el taller de diseño y, en muchas ocasiones, su estudio se ha convertido en un espacio de formación de jóvenes profesionales, en momentos en que las academias de arquitectura dominicanas estaban en retirada conceptual.
Su trabajo ha buscado un ideal caribeño, que se expresa desde una visión de puertas abiertas al conocimiento; es la búsqueda de una arquitectura propia, aunque gusta decir que “la arquitectura dominicana es la que se hace en la República Dominicana”. El conocimiento de la realidad del Caribe Español,(3) le ha permitido convertirse en el eje de un grupo de arquitectos del Caribe (Fernando Salinas y José Antonio Choy de Cuba, Luis Flores de Puerto Rico, Gustavo Torres en Martinica, entre otros) que han consolidado una arquitectura regional caribeña que supera cualquier posible dependencia a las tendencias primer mundistas.
Las últimas obras de Piña recorren otros caminos y se entroncan con una visión más racional de una arquitectura corporativa que siempre trata de humanizar y un trópico caribeño que pretende interpretar desde la contemporaneidad. Haciendo uso de su erudición, las referencias van desde una versión caribeña de la arquitectura moderna en la Tienda Domus, un prisma puro horadado, hasta el racionalismo de Giuseppe Terragni en la Casa del Fascio en Como, Italia, presente en el Centro Tecnológico del Banco de Reservas. Sus trabajos de acompañamiento a las exploraciones caribeñas de las casas de campo, desarrollados con Sánchez y Curiel, son una muestra de exquisitez arquitectónica que reconocen nuestra cultura, nuestro clima y sus espacios, al mismo tiempo que incorporan unas secuencias espaciales totalmente contemporáneas a la concepción de la arquitectura antillana. Su aproximación a lo urbano se lee en sus emplazamientos, que reconocen el sitio y aportan un valor agregado a la ciudad, como la plaza-jardín de la Tienda Domus, la reafirmación de la esquina en el BHD o la fachada urbana que compone en el Centro Tecnológico Banreservas.
Centro Tecnológico del Banco De Reservas
La propuesta del Centro Tecnológico del Banco de Reservas parte de transformar un antiguo edificio de oficinas estatales emplazado en la avenida Jiménez Moya. El inmueble se localiza al norte del Centro de los Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo, antigua Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, y uno de los centros históricos modernos más importantes del Caribe que aloja algunas de las piezas paradigmáticas de la arquitectura dominicana diseñadas por Guillermo González Sánchez, el arquitecto de la modernidad dominicana. El concepto de esta edificación fue tejer una relación entre La Feria y el antiguo edificio de la CDA, una magnífica pieza neoracionalista diseñada por William Vega y Fernando Ottenwalder en los años ochenta.
La estrategia fue mantener la modulación evidente del edificio de Vega y Ottenwalder y rescatar la continuidad con La Feria en términos de escala, materiales (abandonado por restricciones en el presupuesto) y sobre todo en la visión del racionalismo italiano expresado en las referencias a la Casa del Fascio de Terragni que aparecen desdibujadas en el edificio de la Secretaria de Trabajo, en la Feria. Piña asume esa influencia y la trabaja sensiblemente en la fachada de su edificio; la atempera entonces con el gesto de unir la nueva edificación con el edificio de Vega y Ottenwalder, trabajado por el equipo técnico el Banco de Reservas, con un pórtico que proporciona escala humana al primer plano entre las dos edificaciones; allí sorprende con una alusión al cine, incorporando una serie de monolitos negros que se asocian con el monolito de la cinta de Stanley Kubrick, 2001: Odisea del Espacio y que representa la actitud del hombre frente al conocimiento, quizás el principal tema su arquitectura.
La intención de relacionar este proyecto con La Feria se expresa además con una de las decisiones más controversiales del proyecto: cambiar la arborización existente de por una serie de palmas reales, que no dan sombra en una ciudad donde el sol del trópico golpea fuertemente. La idea subyacente fue la de marcar una transformación en el paisaje que indicara el inicio de la avenida Jiménez Moya, para diferenciarla de la evenida Winston Churchill, su continuación, y de esa manera asociarla con la arborización del Centro de los Héroes.
El proyecto se completa con un edifico de estacionamientos en la parte posterior y con un elemento que contiene todos los equipos técnicos de la institución bancaria; este no es percibido en el diseño, como un ejemplo de la no-expresión de los servicios tecnológicos contemporáneos, digitales y electrónicos, frente a la expresión tradicional moderna de la función propia de la época de la maquina.
La Catalina
El método de trabajo de P. Piña y Asociados se basa en lo que el propio Piña llama un “estudio horizontal”, que permite la participación de todos al mismo nivel y propicia un proceso dual crítico-formativo; esto ha favorecido ese accionar paralelo a las academias en determinados momentos, y admite un ejercicio crítico continuado que se expresa en un enriquecimiento de la producción de los proyectos del estudio. Un ejemplo de este método de trabajo es La Catalina, una hermosa casa de campo situada en una colina que domina una plantación de naranjas en el sitio llamado La Cumbre, sobre la Autopista Duarte que comunica Santo Domingo con la zona del Cibao.
En este proyecto, en el cual participaron los jóvenes arquitectos Yuyo Sánchez y César Curiel, se explora una serie de temas que son recurrentes en Piña: el de la casa de plantación, como generador de una tipología caribeña, y el del claustro cisterciense, como propuesta de ordenación espacial, referido a su desarrollo histórico y tipología conventual, como a su reinterpretación moderna en el Convento de la Tourette de Le Corbusier.
Dentro de una rigurosa cuadrícula de 3 x 3 metros se resuelven todas las relaciones espaciales que articula un patio o claustro conventual dominado por una alberca y donde se comunican todas las dependencias de la casa. Organizadas en una estricta secuencia funcional, se inicia con una entrada de gesto minimalista, dominada por un alto pergolado de madera que nos recuerda alguna de las obras de Luis Flores en Puerto Rico -evidencia de esa conexión caribeña-, que se conecta a uno de los lados del claustro y termina en una dramática perspectiva que se vuelca sobre una impresionante vista de la plantación de naranjas y las montañas en lontananza.
Los detalles la completan: la estructura de madera rigurosamente modulada; la utilización de piedras del sitio que conforman una base que dan continuidad al emplazamiento, el tratamiento de los cuartos de baños, sobre todo el de la habitación principal, que trasciende su utilidad higiénica para convertirse en un mirador privilegiado; y las puertas de pivote central que de nuevo llevan al Puerto Rico de Henry Klumb.
En suma, Plácido Piña ha encontrado su arquitectura a través de una búsqueda en el conocimiento, demostrando la relación entre el intelecto y el accionar de diseño.
Notas.
- Omar Rancier, Historia de un Edificio: BHD. Hoja 15 de Arquitectura, El Nuevo Diario. 9 de agosto de 1982; y “100 Hojas de Arquitectura” Grupo Nuevarquitectura Editora Taller, 1984.
- Roberto Segre entiende que la Cuaba es la mejor muestra de regionalismo critico en el Caribe.
- Ha recorrido en bicicleta, una de sus pasiones deportivas -actualmente es el velerismo- que reivindica el pasado deportivo de su ciudad natal, casi la totalidad de la ciudad de La Habana. Tuve la experiencia de recorrer las calle de Ponce en Puerto Rico con un Plácido ávido de conocer esa arquitectura que se repite, en la ciudad dominicana de San Pedro de Macorís, como Antonio Benítez Rojo en La Isla que se repite, 1998.
Pags. 402-413, tomo II
Arquitectos iberoamericanos Siglo XXI. Introducción Louise Noelle, editora.2006. Fomento Cultural Banamex, A.C. México.
ISBN 968-5234-52-2 Obra general
miércoles 13 de agosto de 2008
La Zig Zag

Pla,
Esta es la casa de Maribel y mía. Que te parece?. Queríamos compartirla contigo. Nos quedamos confundidos entre Richard Neutra y Adolf Loos. Pero creemos que es mas bien una casa infill de martillo en Isabel Villas... aunque suene extraño.
A ver si nos visita un día.
Marcos
................
Marcos,
Quiero ir mañana jueves temprano a tomar un café... a las 7:48am, les parece bien?
Pla

A ver si nos visita un día.
Marcos
................
Marcos,
Quiero ir mañana jueves temprano a tomar un café... a las 7:48am, les parece bien?
Pla

Y así mismo fue. Al día siguiente, rayando, llegué a la Zig Zag (2008) de Maribel (Villalona) y Marcos (Barinas). Una experiencia memorable que deseo contar.
En Isabel Villas (Santo Domingo) casi siempre me pierdo y esta vez no fue diferente. Por suerte tomé una ruta extraña y la divisé a lo lejos, bellísima. La primera impresión con frecuencia es la que perdura. Como pasó. Desde que traspasé el pequeño porche y entré al salón... se me puso la carne de gallina. Si eso ocurre es porque estoy absolutamente cautivado. Y tengo testigos.
La Zig Zag tiene una secuencia espacial preparatoria como sólo la he visto en la obra puertorriqueña de Luis Flores (Cayey, 1940). Se pasa junto a un pabellón para autos, que también será para juegos y celebraciones frente a la calle, con techo ligero, separado por un futuro muro de enredaderas que permitirá intuir el atrio frontal privado (al que se sale desde el salón) y que se disfruta desde el pórtico. Pura magia.
El salón lo es todo. Un gran espacio de esos que crean un estado de emoción y sorpresa. Es el gesto público. Como una plaza que atraviesa al lote. Forma una Z abierta con los dos patios, uno, desde el estar, que vuelve a llevar al frente y otro, desde el comedor, el patio trasero familiar. La otra Z, la cerrada, está completada por la barra de habitaciones a un lado y la de servicios al otro. Y eso es todo.
Maribel y Marcos me contaron las cosas que tienen en mente. También acogieron sugerencias. La alberca la harán al fondo, elevada, con el frente transparente y complementará a la terraza con pérgolas sobre las habitaciones de la niñas. Será el toque final. Aún sin eso, y sin el cenador que habrá al frente sobre el techo del servicio, la Zig Zag es una pieza notable de arquitectura contemporánea en el Caribe.
Casi siempre hay aprensión a las casas propias, sobre todo si son de jóvenes (under 40). Tienden a hacer manifiestos o a ponerlo todo en una sola canasta. La Zig Zag tiene mas de exploración que de manifiesto y está diseñada con absoluto control y madurez. Sin desperdicios. Es para vivir con calma, sin sobresaltos.
Al final de la visita creí que se habían olvidado del café, pero se aparecieron con uno, que desde que sentí la intensidad del aroma, y después lo probé, se me notó ese placer que sólo alcanzan las cosas bien logradas. Con razón, era Blue Mountain. Un verdadero lujo a tono con la Zig Zag de Maribel y Marcos.
Más de una hora después aún tenía el café en el paladar y la Zig Zag en la memoria. Una casa de revista. Pero real.

lunes 11 de agosto de 2008
Casa Velázquez

Decir aquí Rafael Calventi (La Vega, 1932) es sinónimo de Banco Central. Y no es para menos. El Banco Central (Gazcue, 1978) es su obra cumbre y emblemática. Sin discusión. Lo refresqué hace días cuando busqué, finalmente, el ejemplar que me dedicó del libro “Banco Central: 60 años de historia, arquitectura y arte” (G. Moré, O. Rancier, M. de Tolentino, R. Segre. 2007). Magnífico.
De la obra residencial de Rafael se habla menos y casi siempre se limita a la Residencia Mastrolilli (La Julia, 1977). Pero cuando pasé con Felipe (Branagan) frente a la Casa Velázquez (Calle Bacuí No. 8, Los Cacicazgos. 1978) frenamos la bici en seco. Me costó explicarle, y que aceptara, que esa residencia no era reciente como se empecinaba y porfiaba. Está impecable, perfecta y noble. Hasta el césped se ve bien cuidado.
La arquitectura doméstica de Rafael Calventi merece una monografía propia. Desde su primer trabajo, la casa de los De Castro Goico (Santo Domingo, 1963), un programa para dos familias que luego se convirtió en la residencia oficial del Embajador de Francia, Rafael ha hecho una brillante arquitectura residencial. La Embajada de Francia es una obra en deuda con F. L. Wright y su casa de la cascada Fallingwater (1935) y con el período plano de Le Corbusier. Fue la primera y la única que hizo así. Después serían mayormente mediterráneas.
Esas casas mediterráneas las hizo al mismo tiempo que Piero Sartogo (Roma, 1934), su compañero de estudios, las hacía en Italia con notable reconocimiento editorial. Rafael las construyó en Santo Domingo en un apropiado ajuste y adaptación al trópico y mucha repercusión. Cuando enseñaba Teoría de la Arquitectura hacía hincapié en ese potencial.
Estuve cerca de Rafael en algunas de esas casas y me quedaba boquiabierto con su talento para el detalle, su refinamiento y la persistencia en aquellos aspectos que ni siquiera se veían bien en el rigor de los planos, pero que en obra deslumbraban o daban ese toque humano y sensible imprescindible para que llegue a cautivar. Son casas con un sentido especial de la vida social.
La Casa Velázquez, con sus volúmenes rotundos, marquesina y terrazas en redwood, pequeños patios de filtro y sus gruesos muros en blanco de acabado tirolés, es una obra excepcional. A esta casa el tiempo le ha dado mayor dignidad y elegancia. Y no tiene nada que ver con el Banco Central, salvo su tremenda calidad.
Una monografía de la arquitectura residencial de Rafael Calventi es materia pendiente y sería un valioso registro para aprender de un ciclo de mas de cuarenta años de arquitectura doméstica dominicana. Sería uno de mis libros favoritos, si me lo llegara a dedicar.

lunes 4 de agosto de 2008
Málaga IV

El proyecto ocupa un lote colindante a otros tres edificios de oficinas del mismo consorcio. El programa requería suplir el máximo de área rentable de oficina, en pisos pequeños, con una cantidad de estacionamientos que sitúen al inmueble entre los mejor servidos de esta zona del polígono central. Además, había que proveer parqueos adicionales a las propiedades existentes independiente del nuevo inmueble. Un relleno urbano (infill) que consolide las propiedades y mantenga las huellas de las regulaciones.
La complejidad de los requerimientos y el ensamblaje de lotes ofreció la oportunidad de plantear “la araña”. El estacionamiento del sótano dará servicio, con un acceso directo, sólo a los edificios 1, 2 y 3, aumentando la capacidad actual. La torre de parqueo de seis niveles, en la parte posterior del lote, tendrá accesos desde el nuevo edificio 4 y conexión complementaria con 2 y 3. Se adoptó una estructura metálica de alma llena para los estacionamientos de modo que permita una construcción independiente sin afectar el uso de los existentes.
El nuevo inmueble retoma el vocabulario de los edificios 2 y 3 para consolidar la imagen de marca Málaga y unifica a los cuatro inmuebles en un conjunto de oficinas independientes, en tres calles distintas, que consolida los servicios comunes, pero separados, de administración, estacionamientos, seguridad, mantenimiento y otros.
La solución propuesta, con una arquitectura honesta, satisface los objetivos del consorcio y preserva la escala urbana apropiada para cada una de las calles sin mostrar sus peculiaridades operativas internas. Trasluce una cierta institucionalidad corporativa.
Málaga IV. Consorcio Málaga.
Manuel de Js. Troncoso No. 29. Santo Domingo, República Dominicana, 2008 (en construcción)
PROYECTO
P. Piña y Asociados, S.A.
Pablo De La Mota, asociado al proyecto
Judith Reynoso y Rocío Marchena, colaboradoras
CONSTRUCCION
Constructora Heco CxA
Metalúrgica CxA
viernes 1 de agosto de 2008
Arcoiris Sur en el WAF

A Roberto Rijo (Montecristi, 1963) le tengo profunda admiración. Desde que empezó a ser arquitecto y hacer arquitectura, Rob mostró una pasión y dedicación sorprendentes que junto a su bondad provocan respeto y estima.
En el último paseo en bici por Los Cacicazgos (Santo Domingo), Felipe (Branagan) y yo estuvimos buen rato analizando y estudiando el Ginaka 18, (Caonabo esq. Onaney) que construye al lado de su poético conjunto Villas del Mirador. Incluso hicimos sugerencias entre nosotros.
Desde hace tiempo Rob ha explorado la vivienda colectiva con destreza y consistencia, y con un éxito comercial y de crítica inigualable. Cada vez que visita el taller, con esa sonrisa que no le cabe en la boca, deja el ambiente lleno de entusiasmo. El mismo con el que siempre vive sus proyectos.
Hace unas dos semanas me contó de algunas exploraciones tan fascinantes que tengo los dedos cruzados para que cuajen. Pero hace apenas tres días me envió un e-mail con dos palabras y un paréntesis: estamos contentos (la competencia es fuerte) y desde ese momento abrigo una ilusión adicional.
Su conjunto de viviendas Arcoiris Sur (Av. Colombia, Santo Domingo. 2008) fue seleccionado finalista (shortlist) en el WAF (World Architecture Festival. Barcelona 22-24 Octubre 2008), en categoría vivienda, junto a otras quince propuestas. Ese sólo hecho llena de satisfacción.
Comparto la noticia con alegría y también para balancear mi emoción. Toda mi fe está puesta en Rob y su equipo (Roberto Rijo+arquitectos asociados). Espero su próxima visita por el taller. Su amplia sonrisa.
miércoles 30 de julio de 2008
100 Hojas
Tenía años buscando un ejemplar del libro 100 Hojas de Arquitectura que ocupara el sitio del mío desaparecido. Todos los esfuerzos eran en vano. Pero hace unos días, hablando con Cuquito (Moré), salió a relucir el tema -como el gusano- y me sorprendió con la noticia de que tenía dos ejemplares. Me envió uno a título de “préstamo permanente” y a condición de que si desaparecía el suyo tendría que devolverlo. Acepté.Aunque tengo una colección casi completa de recortes de la Hoja (hasta el no. 126), tener el libro se había convertido en una obsesión. Así que en cuanto lo recibí me pasé dos días releyéndolo minuciosamente. Lo disfruté. Recordé, otra vez, cómo nos mantenía en vilo cada semana sin mancar.
100 Hojas es el registro cotidiano más importante que existe de la práctica y el debate de la arquitectura dominicana de principios de los 80. Una prueba documental valiosa y referencia obligada para cualquier estudio del período. Tiene ese frescor, esa pasión y fuerza arrolladoras, que visto ahora conmueve a cualquiera. Así que cuando se habla, casi siempre en pareja, de Omar Rancier y Emilio Brea y de Nuevarquitecura y su manifiesto de sueños, confieso, hay que quitarse el sombrero. Admiro esa dedicación y persistencia.
Me emocionó volver a leer el prólogo que hice para el libro. Y lo suscribo. Lo comparto aquí como mi único prólogo en la vida. Y también para conservarlo en el blog, por si acaso Cuquito se aparece y me quita el libro.
PROLOGO
Cuando salió la primera Hoja de Arquitectura pensé que el proyecto moriría muy pronto. Estaba casi seguro de que a lo sumo publicarían unas diez hojas... luego se cansarían. Ese presupuesto de fundamentaba en el hecho de que me resultaba difícil detectar en el Grupo Nueva Arquitectura -su patrocinador y editor- una ideología arquitectónica que diera sostén conceptual a las ideas de una arquitectura que significara su propia propuesta.
Al examinar las 100 Hoja de Arquitectura me doy cuenta de lo lejos que estaba en mis dos supuestos. El proyecto se sostiene con firmeza y entusiasmo y, lo mas importante, su propuesta ha sido otra muy diferente a mis expectativas.
La Hoja de Arquitectura tiene tres pilares coherentes con la propia naturaleza y espíritu de quienes la producen. Se basa en la difusión, la polémica y el estudio de las arquitecturas. Si se analizan estas hojas desde esa perspectiva, se advierte que su existencia está ligada a aspiraciones colectivas vigentes en los arquitectos dominicanos.
La temática de la Hoja es tan amplia que mantiene en vilo al lector de arquitectura que espera su salida cada semana.
Su recopilación en este volumen es un esfuerzo editorial reconocible y memorable. Es una colección de acontecimientos -reseñas y debates- destinada a formar parte de la bibliografía arquitectónica dominicana. Revela, ademas, el grado cultural e intelectual en que se desarrolló la práctica arquitectónica en ese período de dos años.
Admito sin pudor mi regocijo cuando salió la Hoja de Arquitectura número cien; me había equivocado. La Hoja de Arquitectura tiene todavía por delante un largo tiempo y el Grupo Nueva Arquitectura mucho que decir.
Es sólo el inicio de la historia. Falta la historia.
P. Piña
Universidad Central del Este (UCE). Vol. LII.
100 Hojas de Arquitectura.
Editadas Semanalmente por el Grupo Nueva Arquitectura. Prólogo de Plácido Piña
Reproducción fascimilar de las aparecidas en el Nuevo Diario del 3 de Mayo de 1982 al 3 de Abril de 1984.
1984, Ediciones Universidad Central del Este. Impreso Editora Taller. Santo Domingo, República Dominicana.
lunes 28 de julio de 2008
El Roxy, el Conde y Cuqui

Cada vez que pienso en el Roxy pienso en el Conde. El Conde, Condecito, o como el del cuento inédito “Hombrecito” (J. Miller), hizo del Roxy su cuartel general, su centro diletante y de conspiraciones. Si no era quien lo abría, al menos era el primero en iniciar la mañana con una ginebra. Tal vez lo conocí allí, o en otro sitio, pero sí me consta que medió nuestra mutua devoción a Wagner. El Conde era un erudito, renacentista y maoísta, por separado y a la vez. Debe ser allí, a inicio de los 70, cuando me introdujo a la música dodecafónica y era la única persona que he conocido capaz de tararear a Schoenberg. Por eso le cuestionaba en su cara, cómo un rebelde e irreverente pasó de pintor revolucionario a “clasicón” como Colson. Me sonreía. Fue el Conde el que me dijo allí mismo, como un chisme, que el Roxy era de Cuqui Batista (Santiago, 1925). Se lo creí. Con el Conde conocí el zaguán del Roxy.
Entre el Roxy y el Copello, sólo media un edificio “republicano” y menos de 20 años de historia. Dos de las innovaciones que introdujo Guillermo González (1900-1970) en el Copello (1939), un hito de la modernidad en Santo Domingo, fue la eliminación de la vivienda en los pisos superiores y la del gran zaguán. Lo primero pudo ser en detrimento a la habitabilidad de la ciudad, pero lo del zaguán es de una brillantez excepcional. Una tradición reformulada. El mismo Conde penetra al zaguán y ya dentro, en ese vestíbulo lleno de luz, la escalera se asoma y de repente desaparece para luego reinventarse flotando en el espacio. Genial.
El Roxy de Cuqui es de un talante más modesto, pero recupera la habitabilidad de la calle con la mezcla de comercio, oficinas y viviendas. Ese sólo hecho lo hace notable para la ciudad. El mismo Cuqui cuenta sus dificultades en una nota reciente: “La del Roxy en el Conde la fabriqué para Mario Penzo y era de Palamara que vendía casimires en el Conde (esq. Santomé), algo heterogéneo, 3 viviendas con idénticas áreas en 3er nivel, oficinas en segundo y local comercial abajo. Las 3 viviendas parecían imposibles de cuadrar a igual área. Creo que nunca he vuelto a enfrentar una exigencia similar. Eso me valió la amistad de Nani Reyes, quien siempre quiso llevarme a dibujar con él.”
Otra anécdota suya ilustra muy bien la época y la bohemia del Conde “...era un tiempo confuso de mucha actividad y largos tragos, una era concelebrada, como ejemplo, me encontraba en una barra del edificio Copello del Conde y Sánchez, con Alfredo González, hermano de Guillermo, celebrando 6 meses de mareo, algo que no podía igualar en razón a exigencias de clientes. Alfredo y Guillermo tenían su oficina en el segundo piso, que en ese tiempo vendieron a Frank Hatton Curiel...”
El Conde, por más de un siglo fue el lugar al que aspiraron los arquitectos de estirpe para dejar su impronta. Cuqui lo hizo con el Roxy dentro del esquema de ciudad tradicional. Lo recordé cuando leí en estos días un comentario sobre París de Thierry Paquot, filósofo y editor de la revista Urbanisme, "La calidad de vida parisina la hacen su sistema de calles, sus comercios de planta baja, sus cafés con sus terrazas, sus vidrieras... toda una organización que es incompatible con el modo de vida de las torres". Esa calidad de vida la tenía el Conde, el Roxy y también el Copello. Contrario a lo que se cree ahora, vivir bien no es sinónimo de torres.
En el Roxy la acera entra a ras, como perro por su casa, a un zaguán que termina en nada y allí, en el centro, de repente, como el que llega al final para entonces descubrir la vida, aparece una escalinata casi monumental que culmina en el piso de oficinas. Y cuando ya uno imagina que no hay mas pisos, vuelve y aparece otra escalera que lleva a las viviendas después de un recorrido apropiado para recuperar calma y aliento. Una experiencia sensorial inesperada. Y del edificio mismo, ni hablar. Pero que nadie vaya a pensar que es un edificio pretencioso. De eso nada.
El Roxy mantiene las alineaciones colindantes y sus celdas, como en el Oliva, son bien proporcionadas. Los balcones anuncian las viviendas. Hace un giro de esquina con discreta elegancia acentuada por unos relieves que, apuesto con cualquiera, debe ser obra de Domingo Liz. Toda esa dignidad la logra a pesar de que el encargo de Palamara a Mario Penzo era para un edificio modesto y especulativo. Pero para Cuqui no. Para Cuqui era una oportunidad para “inventar”.
En los recorridos en bici que hice con Felipe (Branagan) por la zona colonial (centro histórico), como parte de las “investigaciones de campo” para Santomé 258, de todos los zaguanes que vimos y exploramos, ninguno tiene ese misterio y poética que tiene el del Roxy de Cuqui Batista. Ese zaguán era el del Conde cuando ya no podía mas. Y si pienso en el Conde, también pienso en el Roxy. Como ahora pienso.

Bar Restaurante El Panamericano. El Conde esq. Sánchez.
foto Francis Stopelman suministrada por Omar Rancier

Roxy, relieve. Foto Lowell Whipple
sábado 26 de julio de 2008
Casa en El Vedado
El Vedado es un desarrollo de clase media alta, bastante consolidado, parte de esa expansión urbana de La Vega que ha urbanizado mucha tierra agrícola de la periferia. El lote es uno de esas raras “cinco esquinas” con vistas culminantes. El programa exigía una integración máxima al terreno, protección y sombras y espacios y terrazas que fomenten la vida informal expansiva.
El exceso incontrolado y desmedido, en el vecindario, de una arquitectura figurativa inocua con evidente muestra de superficialidad, alentó a dar un toque de control, mesura y orden que sirva como llamado de atención. Se propone retomar la disciplina y la profesión. Un respiro ante la abrumadora información del entorno.
Se optó por una propuesta abstracta, simple y cuidadosa, que apunte a una complejidad conceptual de ocupación del territorio acentuada por un leve giro. Los espacios, con sus patios privados, se expanden hasta el límite del lote. Se retoma la tradición espacial y social de provincia. Un belvedere acerca las montañas colindantes a la casa y registra el lugar conectado a una referencia natural y cultural.
La Casa de los Juanes.El Vedado, La Vega, República Dominicana, 2008 (en construcción)
PROYECTO
P. Piña y Asociados, S.A.
Joel Martínez y Pablo De La Mota, asociados al proyecto
Judith Reynoso y Rocío Marchena, colaboradoras
Pitágoras Saldívar, maqueta
CONSTRUCCION
Julio César Peña y Joel Martínez
martes 22 de julio de 2008
El Arnau de la casa de Vatutin

Desde que Joaquín Mendoza (Vatutin), con su mujer, decidió regresar a Santo Domingo con su especialidad en cardiología infantil, llamó a su amigo de infancia, Arnau Bros (Puerto Plata, 1943), para que le hiciera su casa en Los Cacicazgos (calle Hatuey no. 47). De modo que cuando llegó en 1974 fue a su casa nueva en su VW blanco y automático.
A principios de los años 70 todavía prevalecía una línea docente apoyada en la relación maestro aprendiz, y eso a pesar de que el Movimiento Renovador impulsó la enseñanza de la arquitectura en una conexión de ciencia y arte con las humanidades. Desde Gai Vega (1924-1999) al mismo Rafael Calventi (La Vega, 1932) se enseñó bajo esa herencia que venía desde el medioevo. Y tuvo sus resultados. Ahora las cosas son distintas. Con razón.
La arquitectura dominicana de los 70 es, desde luego, un reflejo de esos modos en que los profesores transmitían sus experiencias, conocimientos e ideologías. Gai dejó toda una generación de aprendices notables y Rafael una arquitectura residencial de inspiración mediterránea hecha hasta por quienes ni siquiera fueron sus discípulos. En ambos casos el material y el oficio eran esenciales.
En ese tiempo Tavares Industrial publicó un folleto instructivo con dimensiones modulares para edificar usando bloques de cemento. Un estímulo para que Arnau Bros se propusiera, y lograra, hacer la casa de Vatutin sin romper un sólo bloque y que quedaran a vista. Ya antes lo había hecho Cuqui Batista (Santiago, 1925) con Domingo Liz (Santo Domingo, 1931) en la casa del artista (Calle 25 no.30, Molinuevo), pero de otro modo. Como canto al río Ozama.
Arnau se apropió de un paradigma de Gai que buscaba la limpieza, honestidad y claridad en la estructura y desarrolló la casa a la manera de vigas y columnas, pero en otra dirección. Su objetivo era hacer una verdadera casa caribeña, sensible, apoyada en la humildad de los materiales, en la artesanía, en la economía mas absoluta y un estilo de vida soportado por lo vernáculo, el espacio libre y las ventilaciones naturales. Y joder!, de que lo consiguió, lo consiguió.
Desde entonces tenía una fijación, casi enfermiza, por el ahorro de medios y recursos y una relación de armonía con la naturaleza que la lleva en su piel. Debe haber sido uno de los primeros verdes, aún antes de que los verdes existieran. Al menos aquí.
Unos 12 años después, Arnau le completó unas mejoras con el mismo rigor del proyecto original. Ahora la viven unos franceses que la compraron maravillados de que en Santo Domingo pudieran encontrar una casa como esa. Con esa poesía.
La casa de Vatutin viene a cuento porque el domingo pasado, cuando montaba bici con Felipe por Los Cacicazgos, la localicé y aquello fue como una aparición reveladora al verla perfecta (a pesar de la verja y la vegetación) digna y noble, con su mismo color amarillo original, sus salomónicas de aluminio pintado de verde, pero sin su número 47 gigante, a lo supergráfico. Comprendí mi admiración.
Quizás esta pequeña casa, por su propia humildad y modestia, nunca aparezca en ninguna de las historias o guías de la arquitectura dominicana, pero es un ejemplo modélico de una práctica imaginativa y honesta que debería servir de enseñanza.
Así se hizo mucha obra en los 70, con el conocimiento que los maestros transmitían a sus aprendices. Y así lo hizo Arnau Bros. En completa armonía con su vida.
viernes 18 de julio de 2008
Viva Santiago!

Hace ya mucho desde cuando hacía paseos en bici por Santiago con los Gomas Anchas. Aunque voy allí cada cierto tiempo (en auto, no en coche) ya ni recuerdo cuándo estuve de noche. Tengo que ir ya. Quiero ver Viva Santiago (2008). Cualquiera sabe que prefiero ver, sentir, disfrutar y comentar la arquitectura en persona, pero esta vez, al menos esta vez, pido indulgencia para hacerlo por fotos.
Me emocioné cuando vi estas imágenes de Viva en Santiago. La iluminación exterior, por Luminar, es una colaboración de Gina Calventi y su compañero de maestría Alejandro Bulaevski. He visto otros proyectos de Gina, aquí y en el extranjero, y estoy persuadido del alto nivel creativo de sus propuestas. Es, además, un indicativo de que los jóvenes arquitectos y arquitectas están buscando nuevos espacios y especialidades en maestrías bien diversas y nunca antes imaginadas. Eso es hoy un fuerte estímulo para la arquitectura dominicana. El Viva de Santiago es un buen ejemplo.
Las tiendas Viva de Santo Domingo y Santiago son parte de la imagen corporativa que el estudio boliviano Roca+Paz (Oscar Roca y Claudia Paz) ha realizado para Trilogy International y su marca Viva Dominicana. De los dos realizados hasta ahora me quedo con el de Santiago, al menos por su iluminación creativa.
La secuencia de imágenes lo explica mejor. Tendré que ir a Santiago de noche. Aunque sea por Viva Santiago. Es un compromiso.





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