sábado, 8 de marzo de 2014

¿Quién puede pensar con una cocina atada a la cintura?

Hoy, en el Día Internacional de la Mujer, rindo homenaje a dos mujeres extraordinarias, Clara Leyla Alfonso y Susana Torre. Y, con ellas, a las mujeres dominicanas que buscan su espacio en la arquitectura.



2B/TEMAS
SusanaTorre
¿Quién puede pensar con una cocina atada a la cintura?
Especial para HOY
Lunes 19 de junio de 1989


Su actividad fundamental es el diseño, y en su exitosa carrera profesional SusanaTorre ha diseñado desde muebles hasta ciudades porque a su natural parecer “tenemos que cambiarlo todo”

Otorga una alta prioridad al trabajo intelectual, a la imaginación creativa, y desearía que las mujeres descubran “la posibilidad de pensar a todos los niveles posibles…” pero reconoce que tal y como han estado tradicionalmente organizados los roles sociales y familiares, a la mujer se le ha hecho poco menos que imposible dedicar energías a pensar e imaginar creativamente. “¿Quién puede pensar con una cocina atada a la cintura?”

SusanaTorre es una arquitecta argentina radicada en Nueva York, donde ha desarrollado una intensa y brillante carrera. A tal punto, que es una de las pocas mujeres que es preciso incluir cuando se nombran diez de las figuras mas sobresalientes en la arquitectura contemporánea en Estados Unidos. Y para llegar ahí, ha debido imponer su talento, venciendo la doble condición de latina y mujer, en un medio en el que solo por ello estaba condenada a un segundo plano.

La práctica profesional de la mujer y los muy diversos obstáculos que se le oponen constituye una constante en el trabajo de Susana Torre. No bien se asentó en Nueva York, organizó una exposición que atrajo poderosamente la atención de la prensa especializada tanto por su tema como por su montaje. Recopiló y expuso las obras y proyectos de las mujeres arquitectas en Estados Unidos desde principios de siglo hasta nuestros días, evidenciando de manera incontrastable las múltiples formas de marginación profesional que banalizan su ejercicio.

Conocía algunas obras de Susana Torre a través de reseñas en revistas internacionales de arquitectura. Recordaba la remodelación del antiguo Schermerhorn Hall, hoy Wallach Fine Art Center, en la Universidad de Columbia, Nueva York; las Dos Casas Silo (Two Silo Houses) en Poundridge, Nueva York; la "Clark House" una casa a partir de la remodelación de un establo construido en1910 en Southampton, Long Island, y la estación de bomberos en Columbus, Indiana, conocida como Pastorale, un trabajo atractivo e interesante. Experimentaba entonces un cierto gozo interior aquella noche en que conocí a Susana Torre, invitada por Omar Rancier y Emilio Brea a una íntima cena de bienvenida en un pequeño y bullicioso restaurant de Gazcue. Mas bien pendulaba entre la incredulidad y el gozo, tratando de encajar esta mujer sencilla y conversadora, con la imagen de una arquitecta famosa.

Y allí estaba esa mujer, que había viajado a Santo Domingo por menos de 48 horas con el único propósito de apoyar este grupo de jóvenes arquitectos dominicanos empecinados en proyectar el trabajo de su sector profesional, contando anécdotas de una anterior visita suya, cuando vino a realizar un proyecto de vivienda que nunca se terminó. De esa época en que vivió en una barriada de la capital, guarda intacto en su memoria su encuentro con la madera dominicana y el trabajo de sus artesanos, junto al recuerdo de un singular maestro de obra que la traía de desconcierto en disgusto con sus peculiares métodos de trabajo.

Escuchándole, me asaltó el impulse de acercarme mejor al ser humano, a la mujer. Y fue así como al día siguiente nos reunimos para una entrevista en su hotel. De inteligencia aguda y sonrisa fácil, Susana Torre habla directamente, con la mirada puesta en los ojos de su interlocutor. Una mirada de ojos vivaces, en que a ratos descubría intensos destellos de luz, chispeantes como sus ideas y sus anécdotas. Nuestra conversación, que abordó básicamente la mujer y la práctica de la arquitectura, transcurrió antes sendas tazas de café, como si fuéramos dos viejas amigas, en una atmósfera que sólo su carácter afable y llano tuvo el mérito de propiciar, enmarcando la fluida exposición de sus ideas en el frescor de la brisa del patio interior cuajado de plantas que lograron amortiguar el fragor lejano del tránsito que nos circundaba.

CLARA LEYLA ALFONSO: Eres una mujer arquitecta con mucho éxito y respeto en el ejercicio profesional. ¿Cómo ha sido en tu experiencia este ejercicio, y qué observaciones haces a la situación de la mujer en la práctica de la arquitectura?

SUSANA TORRE: La arquitectura ha sido tenida por mucho tiempo como una actividad que necesita de una dedicación extraordinaria. Es decir, se entiende que la arquitectura no es solamente una profesión, sino una vocación, y que aquellos que están dispuestos a dar lo mejor, deberán hacerlo más allá de los límites del tiempo que circunscribe un empleo normal.

Ahora, la situación de las mujeres con respecto a esta condición es muy diferente a la del hombre. Una mujer, tanto en los Estados Unidos como en nuestros países de América Latina, no solamente puede ser profesional, sino que además tiene que ser esposa y madre y administradora del hogar. Eso agrega automáticamente un número increíble de horas al día laboral, limita las posibilidades que las mujeres tienen de ejercer su vocación de una manera más amplia y abierta como tienen los hombres, que no tienen este tipo de responsabilidad.

Yo creo, entonces, que hablar del problema del trabajo de la mujer en cualesquiera de las profesiones, pero sobre todo en arquitectura, es una discusión que debe integrar, automáticamente, el análisis del rol que la mujer y el hombre tienen, de la manera en que se dividen el trabajo, que tiene que ver, simplemente, con funcionar como seres humanos y como familia. Yo creo que se va a poder hablar de una igualdad al reconocimiento del trabajo de la mujer, de una igualdad de oportunidades en las profesiones -y en la arquitectura- cuando podamos hablar de una igualdad en la manera en que se comparten las responsabilidades de la vida cotidiana y de los hijos.

En tiempos prehistóricos, por razones de supervivencia muy objetivas y muy duras, las mujeres y los hombres se dividieron las esferas de acción. Las mujeres representaban la continuidad de la vida y por lo tanto se quedaban en lugares establecidos cuidando de los niños y los ancianos, y al mismo tiempo también, creando la agricultura y la arquitectura, porque las primeras arquitectas fueron las mujeres; las primeras viviendas independientes que se fabricaron, fueron hechas por las mujeres, no por los hombres. De su parte, los hombres eran los que se encargaban de ir a cazar, o de conseguir alimentos, en un contexto bastante peligroso pues implicaba mucha lucha y mucho sacrificio.

Lo curioso, lo que parece ser pensado es cómo, después de tantos miles de años, desde este momento en que se produjo esta división de las responsabilidades y de los dominios, se establece el dominio privado, de la casa; el dominio público, del mundo exterior. Cómo, habiendo hecho tantos adelantos, que hemos conquistados (no completamente) con grandes penurias la posibilidad de alimentarnos, de construir viviendas, de agua potable, de educarnos; cómo, a pesar de avances tecnológicos y científicos que han mejorado y cambiado la condición de vida humana tan radicalmente, esta división de las responsabilidades todavía existe, se mantiene desde aquello días. Y es una cosa curiosa porque estamos hablando de una persistencia desde la época prehistórica hasta nuestros días.

CLARA LEYLA ALFONSO: Pero evidentemente que no se trata de algo simplemente curioso, trivial. ¿Qué indicaría este curso histórico, cómo lo evaluarías?

SUSANA TORRE: Indicaría que hay ciertos intereses invertidos en que las cosas no cambien. ¿Por qué? Yo creo que uno debe deducir, racional y lógicamente, que hay un grupo que se está beneficiando del trabajo del otro grupo. Podríamos ver esto en términos políticos más grandes, o sea, quizás en términos de una política internacional donde hay ciertos países que se benefician del trabajo y la mano de obras de otros países, donde se pueden producir ciertas cosas porque la mano de obra es barata. De la misma manera se puede decir que no hay mano de obra más barata que la de la mujer (en el trabajo doméstico) porque no cuesta nada, a nivel del trabajo de manutención que requiere la vida cotidiana. Es un trabajo que objetivamente, en términos de horas, demanda mucho tiempo, y es un tiempo que no se puede dedicar igualmente a las actividades del pensamiento intelectual, del diseño, en fin, de todas esas cosas.

El trabajo doméstico es un trabajo que roba mucho todo el vigor físico, es un trabajo extenuante. Después del trabajo doméstico, al término de una jornada, es imposible dar el salto y dedicarse al estudio o al trabajo intelectual… Bueno, la filósofa alemana Hana Arens escribió un libro muy increíble que se llama “La Condición Humana” y en este libro ella identifica los tres mundos en que la condición humana se realiza, y tiene ciertos nombres específicos para estas cosas.

Ella llama a uno de los mundos o dominios la labor: todo los que los seres humanos hacen para sobrevivir como especie. Es un trabajo que tiende a reproducirse a si mismo, que no deja un fruto duradero, que tiene que continuarse, repetirse, desde el mismo actos de la reproducción humana, hasta actividades como cocinar, limpiar, coser. Son cosas que se hacen para volver a ser hechas sucesivamente.

El otro dominio lo llama del trabajo: los frutos del trabajo: son los permanentes del espíritu humano, es todo aquello que no solamente está más allá sino que hasta se opone a la labor; toda la cultura es un fruto del trabajo humano, como manifestación del espíritu.

El tercer dominio es el de la política: espacio donde labor y trabajo se enfrentan y negocian de qué manera estos frutos se van a resolver, quiénes y de qué manera lo van a hacer.

Sin tener que empujar mucho esta analogía, vemos inmediatamente que una parte muy desproporcionada de la labor les toca a las mujeres, y una parte muy desproporcionada del trabajo, les toca a los hombres. Y en realidad, es el contexto de lo político, como lo llama Hana, que esa redistribución más igualitaria de las responsabilidades se pueden efectuar. En parte porque yo creo que muchos hombres están viendo que es posible y deseable aspirar a una vida y a un mundo con más igualdad. Y en parte porque muchas mujeres ya están empezando a darse cuenta de que las exigencias de funcionar a un nivel profesional y a un nivel doméstico son prácticamente imposibles de cumplir. No hay superseres humanos que puedan funcionar de esta manera para siempre. En las condiciones que impone la doble jornada es bastante difícil tener el tiempo y el espacio que es necesario para pensar y funcionar en el mundo de las ideas, en la producción de las ideas

CLARA LEYLA ALFONSO: ¿De qué manera esta situación de la mujer se hace específica en la práctica profesional de la arquitectura?

SUSANA TORRE: Primero debemos decir que la arquitectura como actividad se empieza a diferenciar del construir cuando las sociedades desarrollan, en la Antigüedad, una estructura muy autocrática y patriarcal. Se construyen cosas, pero no todo lo que se construye se llama arquitectura. La arquitectura está siempre al servicio de Estado o de una clase representativa, e implica una actitud, una intención que es específica y que diferencia una obra de arquitectura de la actividad reproductiva del construir. Por lo tanto, ya desde tiempos muy antiguos la arquitectura estuvo asociada con el poder.

Hay una diferencia muy grande entre un escritor y un arquitecto. Un escritor puede comprar un cuaderno y un lápiz con muy poco dinero, y sentarse en una plaza pública y escribir una novela, un poema, un cuento. Un arquitecto no puede realizar un edificio hasta que no haya alguien que esté dispuesto a invertir el dinero necesario para construirlo. Es un arte que tiene una base social, tanto a nivel de necesidad como de posibilidad para existir, que las otras artes no tienen. Y esa es una gran diferencia.

Desde ese punto de vista, digamos, una de las razones por la que hay tan pocos estudios (firmas u oficinas de arquitectos)  donde los principales son mujeres, es porque en general, la estructura de poder tiende a confiar mas en los hombres que en las mujeres para la administración de los fondos necesarios para construir obras de importancia, y es a través de las obras de importancia que las reputaciones de los arquitectos se hacen.

Hace diez años organicé en la ciudad de Nueva York  una exposición con los trabajos delas mujeres arquitectas en los Estados Unidos. Pues bien, cuando yo hice esta exposición sobre las mujeres en la arquitectura norteamericana, la famosa crítica Ada Louise Huxtable del New York Times escribió sobre la misma diciendo:  …”esto es increíble… todas esas estúpidas casas!”. Entonces aclaraba… “no es que diseñar casas sea una actividad estúpida, pero cuando un arquitecto no tiene la elección de diseñar mas que casas, entonces, no hay oportunidad más allá de eso”. Porque lo que a Huxtable le había llamado la atención era que la mayor parte de la exposición tenía que ver con el tema de la casa, de residencias para viviendas.

Implicaba, sin tener que hacer ninguna polémica, simplemente por el peso de los hechos mismos, que había una especie de prejuicio, que existe todavía, bastante específico, de que las mujeres pueden, por su asociación con su rol doméstico, manejar, entender, diseñar mejor una residencia que ningún otro tipo de edificio, sobre todo, si es un edificio público y más aún si es un edificio  simbólicamente importante y monumental en carácter.

Ahora, en los diez años que han pasado de esta exposición, nos ha tocado ver en los Estados Unidos muchos cambios. Específicamente se subió de lo que era una minoría definitiva de mujeres como estudiantes de arquitectura a lo que es ahora una situación muy paritaria. En las mejores escuelas de arquitectura el 50% de los graduados son mujeres.

Hace diez años, una muchacha recién graduada que buscaba trabajo, podía aspirar a ganar unos 50 centavos del dólar que se le ofrecía a un muchacho en las mismas condiciones; hoy en día esa muchacha puede ganar  75 centavos de ese dólar.

Cuando miramos a la situación básica, no cabe duda que las cosas han cambiado de una manera dramática y bastante positiva. Pero si examinamos la cima de esta situación, comprobamos que en realidad las cosas no han cambiado para nada, y que por comparación se han vuelto incluso peor. O sea, el 50% de los estudiantes de arquitectura pueden ser alumnas, pero no hay un 50% de profesoras. El porcentaje de profesoras es muy reducido, y el de profesoras que tienen permanencia es prácticamente inexistente.

Ahora bien, con respecto a la arquitectura, existe una situación para la mujer que es específica de la arquitectura como profesión. Muchos críticos en el presente, y ya desde los años 20, indicaban que el rol de la mujer en la arquitectura es en la posición de facilitadora y ayudante. O sea, la profesión de arquitecto es muy compleja, requiere de diferentes tipos de talentos, diversos tipos de actividades. Todavía nos empeñamos en ver el hacer arquitectura como equivalente de hacer una escultura o una pintura, y al arquitecto se le ve un poco como a ese tipo de artista. En realidad, hacer arquitectura es un poco como hacer cine: hay un director, y después hay productores, técnicos, en fin, hay un conjunto de personas que bajo la dirección de un director, van a terminar haciendo una película. La arquitectura es similar.

Entonces, este rol de la mujer en la arquitectura en la posición de ayudante o facilitadora, viene hoy reforzado por una percepción más antigua: las mujeres se las prefiere porque temperamentalmente y por condicionamiento social pueden facilitar las cosas como programadora, detallista o supervisora de obras. Pero nunca mayor responsabilidad, y sobre todo, de contacto con el cliente.

CLARA LEYLA ALFONSO: -Se le niega a la mujer el talento que requiere el diseñar…

SUSANA TORRE:  Yo creo que eso ocurre porque en una profesión tan compleja se le ha dado tradicionalmente un gran valor al rol del diseñador, se ve la actividad de diseño como la actividad más importante de todas las actividades posibles que se verifican en un proyecto.

Hay algunas razones válidas para esto exista de esta manera, y hay otras razones que son más bien mitológicas. O sea entre las mitológicas está esa noción de que una actividad de la cual en realidad sabemos bastante poco. Cómo se puede hacer una síntesis de diseño es una cosa que se ha tratado de explicar de muchas maneras y para la cual no hay una respuesta satisfactoria. En efecto, poder diseñar implica tener la capacidad de reunir, sintetizar algo real, tipos de información, conocimientos artísticos y técnicos muy diversos que se logra reunir en un artefacto, con la ayuda de muchísima gente. Pero es un talento, un talento que reconocemos que no todo el mundo posee al mismo nivel.

Entonces, lo que es válido y lo que es mitológico, las cualidades supernaturales del genio contra la realidad de un talento… pero un talento uno podría decir que existe y es aplicable a todas las actividades humanas… Nadie nace siendo una buena madre, un buen carpintero o una buena médica.  Todas las actividades humanas requieren un talento de síntesis muy específico, y en la arquitectura se ha pretendido y mitologizado el rol del diseñador como de algo que es quizá supernatural. Y para volver a la discusión que teníamos de que a duras penas la mujer tiene el tiempo necesario para ejercitar el pensamiento, para tomar riesgos, ya de nuevo sin tener que llegar a la polémica, concluimos que hay una discrepancia entre el tipo de dedicación, el tiempo, la energía que se asume requiere la actividad de diseño, con la realidad social de la mujer en sus múltiples roles de profesional, de madre y de esposa.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Pla:

Me alegra que hayas retomado tus escritos para Arquitectura en Bici, y especialmente que lo hayas hecho en el Día de la Mujer, incluyendo a dos mujeres ejemplares: una periodista de primera como Clara Leyla Alfonso y una arquitecta sumamente destacada como Susana Torre.

Me suscribo a este merecido homenaje.

Jeannette

Marta dijo...

Impresionante artículo. Cuanta razón tiene Susana Torre: en el s.XXI las mujeres seguimos encargándonos de las labores domésticas en detrimento de nuestra profesión.

Estupendo blog.