lunes, 19 de enero de 2009

El Policlínico de Nigua


En 1961, cuando entré a la universidad, José Rincón Mora (Cotuí, 1939) terminaba su carrera. De ese cruce recuerdo la ocasión en que revisando un ejemplar de L'Architecture d'Aujourd'hui, José se acercó al grupo y comentó que todo lo que se publicaba allí era la mejor arquitectura del mundo. Una curiosidad intranscendente, si no fuera porque en ese momento teníamos abierta la revista en las esculturas habitables de André Bloc, su fundador, y con el que parecía identificarse por su propia condición de artista y arquitecto. 

La anécdota la recordé cuando hace unos días, en un recorrido en bici por los bajos de Haina y Nigua, me topé con el Policlínico Nuestra Sra. De Las Mercedes (1989) que José Rincón construyó junto al Leprocomio con los auspicios de la Fundación Domínico-Alemana.

José Rincón ha hecho su arquitectura como una vertiente de la obra plástica y creo que probablemente su primera exploración fue su propia casa (1975), en la residencia de su madre. De ahí en adelante toda su obra está hecha al modo de la arquitectura Pueblo, como se conoce a la arquitectura de adobe característica de Santa Fe, Nuevo México y del Pacífico mejicano de la Baja California. Es posible relacionarla con la del norte de África, pero es más que nada, Pueblo.

El Policlínico de Nigua tiene ese encanto de aparentar ser hecho en adobe, trabajado con las manos y con sensibilidad artística. Esa particularidad única lo convierte en un edificio público, en una institución que representa o inspira una identidad en la comunidad. Su capilla abierta, entregada a todo creyente y creencia apoya esa vocación institucional.

En este edificio se pone de manifiesto la habilidad de José Rincón para manejar la luz y el detalle. Sus ventanas, por ejemplo, son un estudio de las funciones de ventilación, protección e iluminación tratadas con formas y respuestas independientes, pero convertidas en un gesto poético.

Revisitar el Policlínico de Nigua con Felipe (Branagan) me puso en perspectiva y valor una obra especial, hecha con una libertad, pasión y sensibilidad poco frecuentes. Esa inspiración de escultura habitable o arquitectura escultórica relacionada con la terracota, en la que siempre ha estado envuelto José Rincón Mora, y con la que ha desarrollado un vocabulario personal de signos, texturas, detalles y color, lo identifican a leguas y constituye un referente en la arquitectura dominicana.

Fotos de Maxi

3 comentarios:

Anónimo dijo...

La experiencia de estar en contacto con esta arquitectura es sublime y poética; el manejo al detalle de la luz interior provoca una quietud y tranquilidad que raya casi en lo espiritual. Esto es genial, sólo tiene que verlo.
fb.

Pablo dijo...

Visité el proyecto en la etapa final de su construcción y me pareció una respuesta adecuada al entorno y las necesidades de los desarrolladores, la Fundación Dominico-Alemana. Recuerdo los rostros alegres de las monjitas que ya para ese momento trabajaban en su muy querido y anhelado Policlínico construido por el ing, Edwin Madera.

ppina dijo...

Cosa curiosa, a final de 2008, Éditions Jean Michel PLACE, editora de L'Architecture d'Aujourd'hui, se declaró en bancarrota y sus revistas, incluyendo AA, dejaron de circular.